Medical News

/ Published on August 13, 2005

Entrevista para pensar / Marcel Rufo

¿Ser padres o ser amigos?

Al frente de un ambicioso proyecto de salud para jóvenes, el psiquiatra francés cuestiona a los padres que adquieren un rol de compinches de sus hijos y defiende ciertos espacios de privacidad

Hace treinta años, Marcel Rufo permitía la entrada de los juguetes en el Hospital de Niños de Marsella. "Yo operaba a los osos de peluche", explica sonriendo. Paseaba su estetoscopio sobre el vientre de peluche para tranquilizar a sus pequeños pacientes. Considerado el psiquiatra especializado en niños y adolescentes "más mediático de Francia", Rufo dirige hoy una estructura sin precedente, si se tiene en cuenta su presupuesto, de 26,2 millones de euros, financiado en parte gracias a la operación pièces jaunes (centavos de euros), dirigida por Bernadette Chirac, primera dama de Francia, y la Fundación Hospitales de París-Hospitales de Francia. Este lugar lleva el nombre de Maison de Solenn-Maison des Adolescents, en homenaje a la hija anoréxica de Patrick Poivre d’Arvor (presentador del noticiero del Canal 1 de la televisión francesa), la que se suicidó a los 16 años. Esta Casa de Adolescentes, situada en el Hospital Cochin, en París, es en realidad la séptima unidad destinada en Francia a los adolescentes de entre 11 y 19 años, y se espera la apertura de muchas otras. Con indisimulada pasión, Rufo explica en esta entrevista cómo deben actuar los adultos para evitar que los adolescentes caigan en distintas patologías, y hasta se atreve a sermonearlos con un "déjenlos tranquilos!"

–¿Por qué se implicó tanto en Maison de Solenn?

–Por empezar, es el lugar más bello del mundo en cuanto al servicio de medicina del adolescente. Es realmente un lugar excepcional, y además nos lleva a preguntarnos cómo recibir a esos adolescentes que requieren una especialización precisa, ya que ellos no quieren ser hospitalizados ni con los niños ni con los adultos. Quieren quedarse entre ellos. Quiero subrayar que los adolescentes son, en primer lugar, adolescentes, y que se encuentran accesoriamente enfermos.

–¿Usted cree que los padres esperan demasiado de los adolescentes?

–Quizás. Como yo escribí en mi libro, tal vez nosotros, como padres, revivimos a través de nuestros hijos lo que hubiéramos querido ser. Quizá nos encontramos frente a nuestra adolescencia cuando nos enfrentamos a la adolescencia de hoy. Los adolescentes llevan el peso de nuestro pasado, que no está en su porvenir, mientras que ellos viven el presente.

–¿La adolescencia es siempre un momento de crisis?

–Yo diría que sí, pero sin que eso deba considerarse patológico. Un adolescente que no atraviesa por una crisis probablemente la sufra más adelante. De todos modos, considero que la crisis es necesaria sin que deba considerarse patológica; sí lo es cuando la imagen de sí mismo, el narcisismo, ataca al sujeto.

–La señora Chirac confesó que se interesó en el proyecto de la Maison de Solenn porque ella tiene una hija anoréxica. En todos los hospitales que había visitado anteriormente le hacían sentir que la culpa la tienen los padres. ¿Es así?

–En general es al revés. Los padres son más bien las víctimas de la agresividad del adolescente, más que sus provocadores. Al mismo tiempo, yo entiendo que en el caso de la anorexia los padres estén agotados, pues han intentado todo por sus hijos y han fracasado. Nosotros invertimos la situación; es decir, no aislamos a los adolescentes anoréxicos de sus padres, sino que trabajamos con ellos. Recibimos a los padres o vienen grupos de padres a compartir momentos con sus hijos, salvo durante las comidas. Yo siempre defendí esta teoría frente a quienes sostenían el aislamiento del anoréxico.

–Pero usted está en contra de los "padres amigos"...

–Los padres amigos son inaceptables. Ciertos padres se involucran demasiado en las historias de amor de sus hijos, quienes, en realidad, necesitan cierta autonomía para estar enamorados fuera de la mirada de sus padres. Hay cosas que los adolescentes hablan con sus padres que no hace ninguna falta que éstos sepan.

–¿Cuando termina la adolescencia?

–Cuando amamos o creemos amar a alguien, cuando nos sentimos lo suficientemente amados para partir a una nueva aventura barriendo la infancia y la familia.

–Usted ha escrito un libro titulado Todo lo que usted no debería saber sobre la sexualidad de sus hijos. ¿Por qué ese llamado al pudor?

–Porque yo creo que el pudor es la pequeña puerta hacia la libertad individual. Cuando una persona es pudorosa vive con mayor libertad las experiencias concernientes a su vida. Es decir, existen menos riesgos de que esa persona pueda ser invadida por algún lado. La sexualidad que se construye desde la más tierna infancia pertenece a cada uno, es uno de los últimos lugares de misterio y de conquista del yo.

–¿Usted denuncia la tendencia abusiva de los padres a decir y saber demasiado?

–Sí, yo creo que hay momentos en los que no hace falta saber y, en cambio, hay que dejar que las cosas sucedan. De ese modo llegan las "confidencias", no sabiendo ni interviniendo en todo. Dicho de otra manera, para que las confidencias se produzcan hay que dejar espacio para no saber.

Los padres, ¿no tienen que transmitir algo?

–Seguramente, ellos van a transmitir a sus hijos, sobre todo, la historia de las dificultades más que la del éxito. Ellos van a compartir la trayectoria familiar que implica la presencia de momentos difíciles para la familia y en la vida en general. Por ejemplo, yo me pregunto si no queremos más a nuestros padres por sus defectos que por sus cualidades. Sucede que en realidad formar parte de una familia significa aceptar los momentos difíciles, dolorosos y complicados.

–... Y no hablar siempre de la felicidad absoluta...

–Esa idea de la felicidad absoluta me resulta insoportable. Como si fuera la felicidad lo único que cuenta en la vida. No soporto a los psicólogos de la felicidad: ellos dicen que todo está bien siempre, que no estamos más estresados, que tenemos que hacer esto y lo otro para ser felices. Me pregunto, ¿qué tipo de pacientes ven? A veces leo textos que son conmovedores: hay que querer a sus hijos, hay que ser felices... pero yo creo que el psicólogo interviene cuando las cosas no van bien.

–¿Qué piensa del culto a la juventud en los adultos?

–Es ridículo. El síndrome de Jane Fonda me perturba. Hay que aprender a envejecer y recuperar de los viejos tiempos los recuerdos felices, así como los difíciles. Uno de los problemas del adolescente actual es la competencia con esta generación que se niega a envejecer y cuyos integrantes, además, están ubicados en todos los puestos interesantes; es decir, puestos de poder, de influencia. Imagínese lo difícil que esto es para los adolescentes.

–¿Cuáles son los grandes errores que, en general, cometen los padres?

–En mi opinión, hay dos: no tener confianza y perder la esperanza sobre los niños que tienen más dificultades. No es una crítica; yo comprendo perfectamente que los padres estén agotados, pero al mismo tiempo, cuando un niño dice que no necesita más de sus padres, es cuando más necesita de ellos. Esa es una de las tareas de los padres: hacer frente a los vientos en contra. Eso es ser padres que han tenido éxito. Cuando uno emprende un viaje en barco, por ejemplo, las dificultades se van a presentar, pero nadie duda de que, a pesar de la tormenta, se llegará a destino. Entonces, ser padre significa ir contra el viento, navegar contra vientos desfavorables.

–¿Cuáles fueron sus errores como padre?

–Yo perdí muchos momentos de la infancia de mi hija, y le solicité ciertas cosas en las que me hubiera gustado tener éxito a mí. En cambio, espero ser un abuelo decente.

Por Danielle Raymond (desde París)

Para saber más
www.sante.gouv.fr/htm/actu/fete/rufo.htm
www.mda.aphp.fr

Un clínico iconoclasta
Marcel Rufo (Toulon, Francia, 1944) es un psiquiatra especializado en niños y adolescentes que cuestionó el método predicado por Françoise Dolto, según el cual hay que decir todo a los chicos. Clínico caluroso, iconoclasta y a contracorriente, publicó una serie de best sellers, entre ellos, Edipo serás vos, (Anne Carrière, 2000 y Fayard, 2002) y Todo lo que usted no debería saber nunca sobre la sexualidad de sus hijos (Anne Carrière 2003). Con 58 años, Marcel Rufo dirige desde 2004 el primer centro para adolescentes de París, donde propone a los jóvenes en crisis retomar la confianza en ellos mismos.