Hay personas a quienes les apasionan los dulces, mientras otras apenas tienen apetencia por ellos. La diferencia biológica entre ambos tipos de personas puede, al menos en parte, residir en los genes. Investigadores de la Universidad de Toronto (Canadá) publican en la edición digital de "Physiological Genomics" haber descubierto que los individuos con una variante genética específica consumen más alimentos azucarados que el resto de la población. El estudio es la primera evidencia del papel que una variante en el gen del transportador de la glucosa tipo 2 (GLUT2), que controla la entrada de azúcar a las células, tiene sobre el consumo de azúcar y podría ayudar a explicar las preferencias individuales por los alimentos altos en azúcar.
Los investigadores evaluaron los efectos de una variación genética común en GLUT2 en dos poblaciones distintas. Una de ellas estaba formada por adultos mayores con sobrepeso u obesidad, y la otra estaba formada por adultos jóvenes sanos que en su mayoría eran de constitución delgada.
La dieta de los participantes de la primera población se evaluó registrando todas las comidas y bebidas que consumían en un periodo de tres días, una medición que se repitió dos semanas después para asegurar que los resultados eran reproducibles. Todos los participantes fueron sometidos a una entrevista personal durante las dos visitas en los centros de investigación.
En el caso de la segunda población, los participantes utilizaron un cuestionario donde se les interrogó sobre las comidas y bebidas que solían tomar durante un mes. Además, los integrantes de ambos grupos proporcionaron muestras de sangre y ADN.
Los investigadores examinaron la distribución del genotipo y compararon el consumo de comida que había proporcionado cada participante entre individuos con la variación genética y aquellos sin ella.
Las muestras de ADN que portaban la variante en GLUT2 estaban asociadas con los mayores consumos de azúcar en ambas poblaciones. Los resultados mostraron que los individuos con la variante en GLUT2 consumían más azúcares, fructosa y glucosa, con independencia de su edad o sexo.
En los dos grupos, aquellos individuos con la variante ingerían más azúcares, y en la población de los jóvenes más bebidas azucaradas y dulces. Los resultados no mostraron diferencias en cuanto a la cantidad de proteínas, grasas, almidón o alcohol que consumían las personas con y sin la variante genética.