Medical News

/ Published on April 29, 2007

Innato o adquirido

Secretos de la formación del carácter

La genética y el determinismo ingresan en la agenda del debate político en Francia.

Por Martine Perez
De Le Figaro

PARIS .– Discutido hasta en la campaña electoral francesa, el debate sobre el carácter innato o adquirido del comportamiento humano desata polémicas encendidas y refleja el desconocimiento que muchas veces reina en temas complejos como el de la herencia mediada por los genes.

El doctor Daniel Cohen, autor del primer mapa del genoma humano, es terminante: para él, el comportamiento de las personas no resulta de la herencia genética ni de las influencias del medio ambiente ni de la casualidad; es consecuencia de los tres factores al mismo tiempo.

–¿Qué piensa de la polémica que se ha desatado en Francia en torno a la herencia genética?

–Como experto, me han interesado la polémica y muy especialmente las reacciones del gran público. La verdad es que mayoría de los franceses ha dicho que Nicolas Sarkozy se había equivocado al atribuir la pedofilia o el suicidio de los adolescentes a factores genéticos, como si no hubiera participación de los genes en las conductas humanas. Estas cuestiones son importantes, incluso para los que toman decisiones. A la luz de esta polémica, he descubierto que hay un mar de ideas aceptadas que circulan no solamente entre el gran público sino también en lugares científicos no especializados. Es falso decir que el carácter depende de un solo gen; falso, también, decir que si es genético, es hereditario; falso, decir que el genoma determina el destino y que la conducta puede depender ha dicho que Nicolas Sarkozy se había equivocado al atribuir la pedofilia o el suicidio de los adolescentes a factores genéticos, como si no hubiera participación de los genes en las conductas humanas. Salvo para una o dos personas de cada cien, la ortografía de nuestro genoma no permite predecir con certeza cómo evolucionará nuestra salud, cuál será nuestra longevidad y nuestra conducta. El futuro de un ser no depende de su genoma o de su entorno o del azar, sino de los tres a la vez.

-¿Por qué cree usted que se aceptan estas ideas?

-Comenzamos a comprender la genética con Mendel, cuando describió por primera vez un determinado carácter que dependía de un gen solo. Sabemos que un único gen puede determinar el color de los ojos y 5000 enfermedades raras que afligen al 2% de la población total. En ese caso, es muy simple: tengo el gen, mi destino está fijado de manera inexorable y previsible. Pero eso no puede explicar más que unas pocas situaciones. La mayoría de las características morfológicas, patológicas, de conducta, se debe a varios factores. Para tener un carácter determinado son indispensables la ortografía particular del genoma y la exposición a una serie de factores ambientales. No se trata de uno u otro, sino, forzosamente de uno y del otro. En esos casos sabemos también que intervienen varios genes y no uno solo.

-¿Cómo se sabe eso?

-Los gemelos verdaderos tienen el mismo patrimonio genético. Cuando uno de dos gemelos verdaderos sufre de una enfermedad monogenética (relacionada con un solo gen, como en la fibrosis quística), el otro tiene el 100% del riesgo de estar enfermo. En el caso de los falsos gemelos, mientras uno presenta esta enfermedad, el riesgo para el otro es del 50 o 25%, según los casos. Para las enfermedades multifactoriales (como la esquizofrenia, el autismo, la diabetes ), cuando un gemelo verdadero está afectado, el otro que tiene los mismos genes, suele presentar un riesgo del 50% de contraer la enfermedad. Eso prueba que los factores ambientales influyen en el destino. Pero los factores genéticos también intervienen, ya que en estos casos cuando uno de los falsos gemelos contrae la enfermedad, el riesgo para el otro es de alrededor del 10 por ciento.

Otra manera de analizar el papel de la genética en las patologías del comportamiento es identificar los genes asociados con las conductas violentas. Pero se sabe que cuando las ratas con predisposición a la violencia son criadas por ratas originariamente pacíficas, dejan de agredir a sus congéneres. El hecho de tener un terreno genético no es suficiente: la educación es importante.

-¿Se puede, entonces, intervenir para prevenir ciertos comportamientos?

-Para prevenir, es necesario predecir. La genética por sí sola no puede predecir, salvo en los raros casos de enfermedades monogenéticas, y el ambiente, por sí solo, tampoco ayuda. Si se trazan dos círculos, uno que represente la población afectada por una predisposición genética -por ejemplo, a la violencia-, y el otro que represente la población sometida a un ambiente favorable a la violencia, las poblaciones en riesgo se sitúan sólo en el espacio de intersección común a los dos círculos.

Sin duda, se podrían encontrar factores genéticos en muchos comportamientos, que tendrían que ver con 100 e incluso 1000 genes. Pero dada la importancia del ambiente, el objetivo del descubrimiento de esos genes no es la predicción. Por otro lado, esos 1000 genes ofrecen datos sobre las proteínas que entran en los circuitos biológicos y que van a permitir comprender cómo se fabrica un determinado rasgo. La genética no es una religión, sino una herramienta que nos acerca a los mecanismos moleculares de los seres vivos.

-¿La pedofilia puede ser un comportamiento de origen genético? ¿Y el suicidio?

-En cuanto a la pedofilia, no lo sabemos. Como en todos los comportamientos extremos, podría haber un componente genético, pero no ha sido investigado. Por el contrario, se conocen varias afecciones que implican un riesgo de suicidio importante, como la depresión y la esquizofrenia. La presencia de factores genéticos en estas enfermedades está claramente establecida.

El temor de algunos es que un régimen autoritario utilice las técnicas genéticas con un fin eugenésico [según teorías de la supervivivencia del más apto]. Pero este temor está poco justificado debido a la naturaleza multifactorial de la mayoría de los comportamientos. Alguien que buscara, por ejemplo, eliminar en la base a la genética a todos aquellos con riesgo de sufrir cáncer, una enfermedad cardiovascular o una neurológica, estaría obligado a eliminar a toda la población del mapa. Si se quisiera desembarazarse de todos los portadores de uno de los genes asociados con la agresividad identificados, sería necesario destruir al 20% de los humanos.

Encontrar factores genéticos no significa enmendar al sistema social sino que por el contrario se trata de ayudarlo a encontrar soluciones humanamente aceptables.

Traducción: María Elena Rey

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El País, España

Determinismos

LUIS DANIEL IZPIZUA 
 
A Nicolas Sarkozy le veo cierto parecido con Sylvester Stallone. No quiero establecer con ello una semejanza moral, pero, no sé, tal vez compartan código genético. Lo compartimos todos, esto es evidente, aunque hay pequeñas diferencias que remolinean en la zona oscura, zona en la que trabajan los científicos y sobre la que se han lanzado al asalto los ideólogos. Conviene ser cautos al respecto, aunque tampoco es aconsejable clamar al cielo ante algunas declaraciones. Las recientes de Nicolas Sarkozy sobre el determinismo genético de pederastas y jóvenes suicidas y la "douleur préalable" de estos últimos, han levantado una auténtica polvareda. Serían la prueba definitiva de la ideología derechosa del candidato francés. Cualquier determinismo resulta bueno para explicar el comportamiento humano excepto el determinismo biológico, al que rápidamente se le suelen adherir resonancias nazis. Es verdad que otros asesinaron tanto como ellos, pero lo hicieron por otros motivos, de modo que el horror nazi y la manipulación biológica siempre irán asociados. En la oposición entre nature y nurture, quienes optan por la primera suelen ser considerados derechistas, mientras que son izquierdistas los partidarios de la segunda. Conviene distinguir, sin embargo, entre ideología y ciencia.

A quienes padecemos algún tipo de handicap genético la distinción nos resulta clara. Sabemos cuál hubiera sido nuestro destino en el paraíso racista hitleriano, con sus ideales eugenistas y de limpieza biológica. Las ideologías del Bien no nos hubieran salvado, pero sí esperamos la curación de la ciencia. Nos sabemos genéticamente determinados y lo esperamos todo de la ingeniería genética como otros lo esperan de los antibióticos. No hay aquí diferencia de fines, ni ideología alguna que no sea otra que la del rechazo del sufrimiento como instancia reguladora de la vida, una opción moral que no parece concitar el acuerdo de todos. Se me objetará que esa opción moral puede entrar en colisión con determinados principios morales, pero esa es una cuestión que rebasa las intenciones de este artículo. Lo que sí podemos afirmar es que una enfermedad no es un problema moral y que algunas no son provocadas por agentes externos, sino que vienen impresas en nuestra naturaleza y responden a una douleur préalable. No habría problemas en aceptar lo dicho hasta ahora si el concepto de enfermedad estuviera bien delimitado y no hubiera invadido el ámbito moral, como creo que ocurre cada vez con mayor frecuencia. Bien, la enfermedad no es un problema moral, pero, ¿son los problemas morales una enfermedad?

Discuten hoy los neurobiólogos sobre los fundamentos biológicos de nuestros principios morales -que serían así innatos y no adquiridos, salvo en sus gramáticas particulares- e incluso de nuestras creencias religiosas: Dios sería un producto de nuestra evolución y no el origen de ella, y lo mismo ocurriría con nuestra tendencia a ser morales, que habría quedado impresa en nuestro genotipo. Que eso sea así -en caso de que lo sea- no va a modificar ni nuestra tendencia a ser morales ni la de creer en una divinidad -Dios se nos habría revelado, imprimiéndose como un a priori, en ese texto sagrado que es nuestro código genético-, salvo que la teoría que lo sustenta nazca falseada ab origine. Conclusiones de carácter tan general no pienso que hayan de tener mayores consecuencias. Si las tendrá, sin embargo, la demostración del fundamento biológico no de nuestra naturaleza moral, sino de determinadas conductas morales, conductas desviadas o reprobables como las enunciadas por Nicolas Sarkozy. Las tendrá, en primer lugar, porque en ese caso los problemas morales se convertirán en problemas de salud, en enfermedad. Las tendrá también por el cortocircuito que se producirá entre moralidad y salud: ¿requerirán los problemas de salud, para ser considerados tales, una previa sanción moral, o será la anomalía genética, la estadística, la que determine los problemas de salud y también los morales?

Es decir, ¿habrá que definir previamente cuáles son las malas conductas, tan genéticamente determinadas como las buenas, para delimitar los problemas de salud, o será la rareza, en términos estadísticos, de determinadas variables genéticas la que establezca la bondad o la maldad de nuestros comportamientos? Y la pregunta mayor que se nos plantea: ¿podremos seguir siendo libres para vencer a nuestra determinación biológica, es decir, a la naturaleza, como lo hemos sido para vencer el determinismo social u otros de otra índole, incluso para optar por el sufrimiento si así lo deseamos? Nicolas Sarkozy no ha planteado nada que no esté siendo planteado ya con total seriedad. El fascismo, en todo caso, sólo vendrá después.

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