Noticias médicas

Publicado el 4 de junio de 2002

El Garrahan logró mejorar la sobrevida de bebés con enfermedades congénitas

Salvar vidas, una hazaña cotidiana

El tratamiento de la atresia de esófago en el hospital Garrahan cambió el pronóstico de los pacientes.

Fuente: La Nación

Hace catorce años, cuando el Area de Neonatología del hospital Garrahan comenzó a funcionar, el 90% de los bebes que llegaban con una malformación congénita llamada atresia de esófago fallecía.

Hoy, el 95% de estos bebes que se atienden en el mismo hospital sobrevive.

"Hemos logrado que la atresia pase de ser una condición casi invariablemente mortal a ser una condición de buena evolución", comenta el doctor Pedro de Sarasqueta, jefe de Neonatologia del Garrahan.

¿Cuál es el secreto? "Trabajamos en equipo", responde su colega, la doctora Claudia Cannizaro.

El Garrahan es un hospital de alta complejidad en donde lo extraordinario es cosa de todos los días. Allí, las afecciones más raras, aquellas que muchos médicos sólo ven en los libros de estudio, forman parte de la rutina cotidiana. Aunque la atresia se hace presente sólo en uno de cada 4000 nacimientos, los neonatólogos del Garrahan atienden una veintena de estos pacientes cada año.

La oportunidad de tratar muchos casos de este tipo de infrecuentes afecciones explica en parte por qué han logrado revertir el pronóstico de la atresia y de muchas otras malformaciones congénitas, extendiendo las posibilidades de sobrevida de los recién nacidos que las padecen

Un dream team neonatal

“El Area de Neonatología del Garrahan es un servicio de alta complejidad que atiende aproximadamente 650 chicos por año, de los cuales poco más de la mitad tiene problemas que se resuelven con una cirugía –comenta Sarasqueta–. Una fracción significativa corresponde a las malformaciones congénitas, que representan el 20% de la mortalidad infantil de nuestro país.”

Afortunadamente, continúa, “hoy en nuestra área podemos ofrecer una solución a la gran mayoría de estas malformaciones”.

El éxito en el tratamiento de estos pacientes se ha consolidado de la mano del trabajo interdisciplinario. “Desde que empezamos en 1988, teníamos muy en claro que había que formar un equipo de médicos de distintas especialidades que se puedan sentar a discutir cuál es el mejor tratamiento que se le puede ofrecer a cada paciente”, recuerda la doctora Susana Rodríguez, neonatóloga del Garrahan.

Además, agrega la doctora Cannizzaro, “comenzamos a trabajar convencidos de que el tratamiento de estos pacientes comienza a partir de un buen control prenatal, ya que la detección de la afección durante el embarazo permite realizar algunas intervenciones prenatales, brindarle a la familia sostén emocional e información, y planificar cuál va a ser la vía de parto y cuál el momento más adecuado para el alumbramiento”.

En ese sentido, los neonatólogos del Garrahan tendieron una red que abarca centros médicos, como la Maternidad Sardá o el hospital Fernández, que reciben a muchas embarazadas en cuyos hijos se ha detectado en forma prenatal alguna malformación congénita. “Estamos en permanente contacto con estos centros –apunta– para intercambiar conocimientos y tomar decisiones en conjunto.”