Como otros artefactos discursivos, el sintagma "salud mental"carece de significación unívoca. Alude tanto la ausencia de quejas y molestias como a la satisfecha plenitud de la realización personal. Se refiere al individuo y al grupo. Incluye una perspectiva técnica y una perspectiva profana.
Más que un concepto, "salud mental" identifica un espacio semántico, un campo de significaciones capaz de ser construido, desconstruido y reconstruido por los discursos técnicos, los vulgares, los privados y los públicos. En cada discurso adquiere una resonancia diferente, connotaciones disímiles, implicaciones diversas. Lo que de allí se obtiene es inconmensurable. El discurso técnico sobre la salud mental, especialmente el que procede de la psiquiatría, es incomprensible para las personas no entrenadas en su vocabulario y modos de argumentación. El discurso de la gente común suele expresarse en formas y tonos distintos de los usuales entre los expertos (1). Esto, podría argumentarse, ocurre en todos los discursos. Todos poseen una faz técnica y una faz vulgar o pública. Todos tienen versiones no traducibles entre sí. Si embargo, en el caso de las discursos relativos a la salud mental, el adjetivo "mental" introduce una cualificación restrictiva. Cabe preguntarse si hay diversos tipos de salud, de los cuales la mental fuera uno. También puede inquirirse si el adjetivo es útil y necesario, y en qué contextos. Finalmente, cabe indagar por la legitimidad de su empleo. De lo que no cabe duda es que decir salud mental no identifica un único campo. Es una designación que acepta muchas connotaciones. Es polisémica.