Medical News

/ Published on July 14, 2002

Realidad nacional

Salud cardiovascular

La Sociedad de Cardiología prepara una campaña educativa. La detección antes de 6 horas de los síntomas, mejora la posibilidad de supervivencia.

El alerta del dolor

El hombre se levantó con un dolor en el pecho. No era nada insoportable. Un mal movimiento, evaluó. Y pronto desapareció. El dolor volvió a presentarse varias veces en el correr de las siguientes dos semanas. El hombre decidió no llamar al médico porque "no era nada del otro mundo". Y eso pensó hasta que llegó a la emergencia de su mutualista con un dolor que ya no parecía "normal". Tuvo un infarto.

La identificación precisa de ciertos síntomas puede ahorrar muchos dolores de cabeza y, lo que es más importante, puede salvar muchas vidas. Por eso la Sociedad de Cardiología y el Consenso Uruguayo de Dolor en el Pecho comenzaron una agresiva campaña destinada a educar tanto al personal de salud como a los propios posibles pacientes, a la hora de detectar dolores de pecho, intensos o no, que pueden terminar en lesiones graves al músculo cardíaco.

En el último año la Sociedad de Cardiología se ha dedicado a elaborar una especie de manual detallado de procedimientos que en poco tiempo será publicado y distribuido entre médicos cardiólogos, médicos de las emergencias de hospitales y sanatorios, y personal de las emergencias móviles, entre otros. El objetivo, explicó el doctor Pedro Amonte, presidente del Consenso Uruguayo de Dolor en el Pecho y uno de los responsables de la redacción de este manual, es "que cada médico sepa precisamente qué pasos seguir ante ciertos síntomas".

Al mismo tiempo, Amonte y sus colegas consideran que la parte más difícil de esta campaña es la educación a todo el público; en materia de problemas cardíacos "la mayoría de la gente se piensa que no le tocará", algo muy alejado de la realidad. Tal como antes se hizo en otros países, ahora se intenta que los uruguayos estén atentos a ciertos síntomas que pueden indicar un futuro problema cardíaco.


Tiempo es músculo

Los datos son claros: si una persona llama al médico o acude a la emergencia en la primera hora de un problema coronario (que puede llegar o no al infarto), tiene solo 1% de posibilidades de morir y muchas probabilidades de que su corazón no sufra daño permanente. En la segunda hora la probabilidad de muerte sube al 2%, cifra que sube un punto por cada hora que pasa. El tope se produce a las seis horas, cuando es casi imposible que los médicos puedan salvar la porción de músculo del corazón que resultó afectado por la obstrucción de una coronaria.

Entre los profesionales de la salud la frase "Tiempo es músculo" (traducción de la expresión inglesa "Time is Muscle") se refiere justamente a la importancia de aprovechar las horas para evitar el daño definitivo del músculo cardíaco. Para ello es necesario que las personas estén preparadas para identificar ciertos síntomas. "Debe reconocerse que hay un dolor, que no somos superhombres, y que hay riesgos", dijo Amonte.

En general se presenta un dolor poco localizado en el pecho, más bien una sensación de ardor o quemazón. Otras personas sienten una gran presión. Lo esencial es que ese dolor no se pueda individualizar en un lugar. Tiene más posibilidad de ser una enfermedad coronaria si el dolor toma, además del pecho, uno o los dos brazos, el cuello y hasta las mandíbulas. Y es más probable aún si todo eso se acompaña de ganas de vomitar o vómitos, transpiración fría, palidez y falta de aire. En el caso de personas mayores de 75 años, es posible que el dolor nunca aparezca, sino que sólo les falte el aire.

A la lista de síntomas anteriores se agrega un dolor en el centro de la espalda, entre las paletas (que equivale a un dolor en el pecho), así como otro tipo de dolor desgarrante en el pecho que se "mueve" hacia la espalda. Otro de los malestares que pueden indicar problemas coronarias comienza como un dolor del estómago que luego se traslada hacia arriba. Esto puede suceder a cualquier edad, aunque a más años mayor probabilidad de sufrir un infarto o algún problema coronario.

En cualquier de estas eventualidad es esencial no perder ni un minuto y llamar al médico. La estadística demuestra que en el 65% de los casos no habrá problemas coronarios. Pero el 35% restante puede desarrollar hasta un infarto, lo que no sólo pone en riesgo el funcionamiento de parte del corazón sino también la vida del paciente.


Solución

Con estas precauciones es posible que el médico tratante llegue a tiempo de destapar la arteria bloqueada, antes que se produzca el infarto. De esta manera el músculo cardíaco no se "entera" de que hubo algún problema. Si pasan muchas horas es posible que el infarto en vez de afectar una zona entera del corazón, sea más leve. Transcurridas las primeras seis horas, las posibilidades de mejora de la zona del corazón afectado son escasas.

En caso de que el paciente llegue a tiempo, el médico ordenará los exámenes para confirmar o descartar posibilidad de ataque cardíaco. Si se detecta un coágulo, se procede a destapar la arteria, utilizando una sonda con un balón que se infla al llegar al punto en que está el coágulo. Al romper la obstrucción también se rompe el vaso, por lo cual el organismo recibe el mensaje de que debe reaccionar y manda nuevamente sus "defensas" para cerrarlo. Por eso debe instalarse una especie de "alambre" que mantiene abierto al vaso, además de recetarse drogas que impiden la coagulación.

En caso de que el paciente ya llegue con un infarto, requiere medicamentos que pueden costar hasta 600 dólares por dosis, un catéter que vale más de 1.000 dólares, más otros 1.000 para un "stem", más nuevas dosis del remedio durante 24 horas. "Desde el punto de vista conceptual lo que hacemos es sacarle a la comunidad uruguaya entre 4.000 y 5.000 dólares, para que una persona siga teniendo un buen músculo cardíaco", explicó Amonte.

La ciencia comprobó que el 40% de las personas que sufrieron infartos experimentaron algún dolor en los días previos. "Por lo tanto, si se consulta en la etapa del dolor, en vez de tratar infartos trataremos anginas inestables, con costos mucho menores", agregó el médico.

Y ese es el objetivo que los profesionales de la salud persiguen con la educación de la población: salvar vidas, sí, pero con la eficiencia que termine beneficiando a la comunidad.

Otro de los objetivos de esta campaña es lograr que se aceiten los servicios para que atiendan rápida y eficazmente a los pacientes. "Para quien tiene un problema cardíaco cierto, tenemos que resolverlo rápido. Para quien tiene un problema cardíaco dudoso, debemos organizar un procedimiento mental que permita resolverlo con seguridad para el paciente y eficiencia para la institución. Y quien no presenta ningún problema, tiene que tener un nivel de certeza total para que siga con su vida normal", explicó Amonte.

Y nuevamente, todo procedimiento apunta hacia la eficacia y la racionalidad. "Sabiendo que cualquier dolor en el pecho puede evolucionar en un infarto, en Estados Unidos durante un tiempo se tendió a atender a cualquier paciente usando una cantidad de exámenes e incluso internándolo, para evitar demandas.

Pero cuando el dinero en medicina comenzó a escasear, como pasa siempre, se comenzó a racionalizar porque los médicos nos dimos cuenta de que cada 100 personas que consultaba sólo 30 tenían algo".

Por eso, el "manual" que ahora está en sus últimas etapas de redacción, servirá como aval para los médicos. Si se siguen todos los pasos, un enfermo que vuelve a su casa porque el médico le dice que no tiene nada, tendrá una probabilidad de 0,4% de tener alguna accidente cardíaco en los siguiente 40 días.

En países como Uruguay, donde los enfermedades cardiovasculares son las más frecuentes (y la primera causa de mortalidad), la racionalización es fundamental. Se calcula que el tratamiento de estas dolencias producen un gasto superior a los 400 millones de dólares.


Las grasas y el peligro de obstruir coronarias

"La humanidad se está muriendo por una epidemia de arteroesclerosis", dijo el médico Pedro Amonte, presidente del Consenso Uruguayo de Dolor en el Pecho y jefe de Emergencias de la Sociedad Española.

El fenómeno se da en todas partes y en casi cualquier edad, hasta el punto de que en Uruguay han nacido bebés muertos cuyas autopsias revelaron que tenían arteroesclerosis severas.

Hace un año y medio se realizó en Nueva York un estudio entre jóvenes fallecidos por diferentes causas, no relacionadas con el corazón. Las autopsias revelaron que el 10% del grupo estudiado, de entre 10 y 20 años, presentaba lesiones coronarias severas, producto también de la acumulación de grasas en estas arterias. La arteroesclerosis aumenta con la edad, hasta el punto de que a los 30 años la mitad de las personas tienen lesiones coronarias (que en la mayoría de los casos pasan desapercibidas).

Las coronarias son las arterias que proveen de sangre al corazón; cuando se produce la arteroesclerosis, producto del depósito de placas de grasa, la arteria se va afinando, hasta el punto en que es fácil que un coágulo la tape, frenando el flujo de sangre.

Diez años atrás, un médico de origen latino, Valentín Fuster, descubrió que la mayoría de los infartos no se producen porque se tape una arteria severamente afinada por la arteroesclerosis, sino porque se tapa repentinamente una arteria que estaba poco dañada.

Esto se descubrió en base a la realización de un estudio denominado angiografía, que permitió ver como ciertas coronarias muy tapadas seguían estándolo, mientras que el infarto se había producido a raíz de una que previamente no estaba afectada por la arteroesclerosis.

Esto sucede porque ciertas placas de grasa depositadas en las arterias se rompen, alertando al organismo, que luego manda sus "defensas" para tapar una supuesta herida en una arteria, que en realidad no es tal.

La conclusión es que los problemas coronarias no sólo pueden producirse como consecuencia de la cantidad de placas de grasa depositadas en las arterias, sino también del tipo de grasa.

La alimentación es una de las tantas conductas que colaboran con la incidencia de enfermedades cardiovasculares.

En particular el consumo de grasas saturadas, presente en las carnes animales, entre otros alimentos, puede ayudar al proceso de la arteroesclerosis. 

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