Aunque esté bien vestido y luzca desesperado, desconfíe. Si es una la que le pide prestado el celular, también dude. Es que la nueva modalidad para hurtar los valiosos chips de los teléfonos es, simplemente, pedirlos por “solo un segundo” para enviar un mensaje de texto de suma importancia.
El robo requiere una buena actuación. El hombre o la mujer se muestran angustiados frente a sus víctimas, siempre dispuestas a prestar el aparato para una llamada salvadora.
Además de la buena teatralización del hecho, el ladrón puede llegar a ofrecerle dinero para pagar el mensaje de texto a enviar. La oferta en metálico siempre excede el costo y resulta tentadora.
Poco después que la víctima comienza a digitar el mensaje el ladrón, manotazo mediante, le roba el aparato y sale corriendo. Mientras la víctima se repone de la sorpresa, el delincuente pone distancia.
Para sensibilizar a los dueños de codiciados celulares se emplean varios trucos. Uno de ellos es mostrar preocupación por una persona. “Tengo miedo que le haya pasado algo”, es la frase más usada.
Los posibles blancos de los caza celulares son todos aquellos que llevan el teléfono en lugar visible. Pero las mujeres y los adolescentes son los preferidos por los delincuentes.
Por regla general no hay violencia, salvo el manotazo para hurtar el aparato. Los ladrones lucen bien vestidos y muestran un buen grado de educación, elementos claves para lograr la confianza de la futura víctima.
Otra característica de esta nueva modalidad “fina” de hurto es que, por lo general, los ladrones actúan en sitios de gran concentración de público. Los shoppings, y barrios como Centro, Ciudad Vieja y Pocitos son los lugares más propicios para encontrar a sus víctimas y salir corriendo rumbo a una moto que siempre espera con un compinche. También se han registrado robos bajo esta modalidad en las paradas de ómnibus.
En este caso el “versito” es pasar un mensaje de texto urgente porque está llegando tarde al trabajo. Siempre y para terminar de convencer a la víctima, se mostrará un billete de $ 100.
La Policía se ha encontrado con personas que regresan los celulares que recién compraron a bajo costo al enterarse que el chip pertenecía a un teléfono robado.
Desde la seccional se localiza al dueño original de ese número telefónico, pero cuando llega a la repartición policial a reconocer su aparato, obviamente no coincide porque el chip se trasladó a otra carcaza.
Queda allí un vacío legal que los ladrones dedicados a este nuevo negocio explotan a la perfección.
Aunque hay ladrones de poca monta, punguistas y arrebatadores, detrás del robo masivo de celulares, se tiene la firme sospecha de que existe una organización de cierto fuste dedicada a este nuevo negocio, muy redituable.
Este razonamiento se basa en la velocidad que tienen los ladrones para reinsertar el teléfono a través de las “cuevas” (lugares de venta ilegales) en el mercado antes de activarse los mecanismos de seguridad que disponen las empresas de telefonía una vez hecha la denuncia de robo. Asimismo, se sospecha que una porción de los celulares hurtados también ingresan en el mercado regional.