La mayoría de los anticonceptivos orales disponibles actualmente en el mercado están compuestos por una combinación de estrógenos y progesterona. Al menos 10 millones de mujeres en Estados Unidos y 100 millones en el mundo entero utilizan anticonceptivos orales. Son muy efectivos para prevenir un embarazo: cerca de 5 mujeres por 100 usuarias(1) y menos de 1 por 100 mujeres que lo utilizan correctamente se embarazan por año.
Los primeros anticonceptivos orales aparecieron en Estados Unidos en 1960 y contenían 2 a 5 veces más estrógenos y 5 a 10 veces más progestágenos que los que se utilizan actualmente. Los mismos tenían un alto riesgo de accidente cerebrovascular, infarto de miocardio y tromboembolismo pulmonar en mujeres sanas. Las dosis fueron reducidas durante los años 60 y 70 por los efectos adversos y porque esto no disminuyó su efectividad.
La disminución en la dosis de estrógenos disminuyó el riesgo de trombosis venosa. Dado que los efectos de la combinación de los anticonceptivos orales sobre el riesgo cardiovascular como los niveles de los lípidos y la tolerancia a la glucosa varían con el tipo de progestágeno, se han desarrollado anticonceptivos orales con distintas fórmulas químicas.
Los anticonceptivos orales actuales contienen una dosis de estrógenos entre 20 y 50 µg de etinilestradiol o menos frecuentemente mestranol. A los estrógenos se le agrega algún progestágeno a la misma dosis todos los días ("monofásico") o en diferentes dosis de acuerdo a la fase del ciclo ("bifásico" o "trifásico") para simular la producción de progesterona durante el ciclo menstrual normal.
Recientemente, los anticonceptivos orales han sido clasificados en "generaciones" (primera, segunda, tercera y últimamente cuarta generación). Esto se refiere al momento de introducción del producto al mercado, a veces a la estructura del anillo de carbono del que deriva la progesterona (estrano o gonano) y en algunos casos no tiene una definición clara. (Tabla 1).
Tabla 1: Clasificación de los progestágenos

El uso de anticonceptivos orales tiene beneficios no relacionados con su efecto anticonceptivo pero también tiene sus riesgos que incluyen los riesgos de tromboembolismo venoso y enfermedad vascular arterial que puede variar según la fórmula. El desafío para el médico es identificar a las mujeres en las que los riesgos asociados con los anticonceptivos orales son mayores que los beneficios y seleccionar la fórmula que minimiza los riesgos y maximiza los beneficios.
Artículo comentado por la Dra. Alicia Lapidus, editora responsable de IntraMed en la especialidad de Tocoginecología.