LA NACION
La vuelta al colegio será difícil, por la deuda de sueño acumulada en este verano. Cansados, irritables, con problemas de concentración y con dificultad para organizar las actividades cotidianas, así los argentinos sobrellevamos el cambio de huso horario efectuado el 30 de diciembre último con el objetivo de ahorrar energía. Un objetivo que el gobierno de San Luis desmintió ayer, al anunciar que en la primera quincena de enero se incrementó un 16% el consumo de electricidad de esa provincia (ver aparte).
Pero más allá del ahorro, lo cierto es que el cambio de horario está teniendo un efecto negativo sobre la salud. Y los más afectados parecen ser los chicos. "Distintos estudios muestran que los efectos del cambio de horario se manifiestan más fuertemente entre los 15 y los 20 días subsiguientes, pero al mismo tiempo existe siempre un subgrupo de la población que nunca llega a acostumbrarse", dijo a LA NACION el doctor Daniel Cardinali, investigador superior del Conicet.
"Los que se ven más afectados por trastornos del sueño son aquellos de hábitos vespertinos, que suelen ser las personas más jóvenes, de entre 9 y 17 años", agregó este profesor de fisiología de la Universidad de Buenos Aires (UBA). "Hoy los chicos no se levantan antes de las 9 o 10 de la mañana, pero porque tampoco se acuestan en horarios adecuados, ya que no pueden organizar su reloj biológico durante el día", agregó la doctora Beatriz García, de la Universidad Tecnológica Nacional (UTN), regional Mendoza.
El regreso a clases, después de un verano con el reloj biológico fuera de hora, no será fácil. De nuevo: cansancio, irritabilidad, problemas de concentración... pero esta vez en el contexto del aula.
Para muchos de los adultos que no han logrado adaptarse al cambio de horario y que siguen experimentando trastornos del sueño, las consecuencias a largo plazo pueden ser aún peores. "Lo que sigue a esta etapa de disgusto y de desgano puede ser la depresión [la llamada enfermedad afectiva estacional], que es bien conocida en los países que viven largos períodos de oscuridad o de luz", agregó la doctora García, investigadora del Conicet.
"Se está acumulando una deuda de sueño que en algún momento tendrá que pagarse. Es un hecho real, biológico, que cada cual lo sobrellevará como pueda", concluyó Cardinali.
Cansados al volante
En las rutas y en las calles, los trastornos del sueño que se asocian al cambio de horario también se estarían haciendo sentir detrás del volante. "Hoy hay más personas cansadas al volante que personas alcoholizadas -agregó el doctor Cardinali-, lo que permite comprender por qué, a pesar de que se ha reducido el número de personas que manejan alcoholizadas [un 15% menos en la ciudad de Buenos Aires, en comparación con 2007], sigue habiendo tantos accidentes de tránsito."
Según explicó el investigador, "una persona que está más de 16 horas despierta tiene un respuesta física equivalente a la de una persona que tiene 0,5 de alcohol en sangre; esa persona tiene cinco veces menos capacidad de reacción que una persona que no ha tomado alcohol y que no se encuentra fatigada por la falta de sueño".
Así, concluyó Cardinali, "es muy probable que esté habiendo un aumento del número de accidentes de tránsito como resultado del cambio de hora; pero eso habrá que demostrarlo luego comparando las estadísticas".
Todos los problemas que nacen de los trastornos del sueño asociados al cambio de hora eran los previstos. No sólo por los científicos, sino por los senadores que recibieron en diciembre un informe elaborado por un grupo de investigadores del Conicet en el que se desaconsejaba el cambio de horario.
"No se aconseja proceder sin estudiar el impacto de este cambio tanto en el ahorro de energía como en el bienestar de la población", puede leerse en el informe al que tuvo acceso LA NACION, en el que se recuerda que, previo a diciembre, "la Argentina ya estaba adelantada 1 o 2 horas [una hora en la región nordeste y 2 en la Cordillera y la Patagonia] a lo largo de todo el año con respecto a su posición geográfica; lo que se está proponiendo es adelantarla 2 o 3 horas".
Por Sebastián A. Ríos
De la Redacción de LA NACION
Con los horarios "descarrilados"
PINAMAR.- No hay dudas. El cambio horario dispuesto por el Gobierno modificó los hábitos de los turistas. Los días se hacen más largos, la gente se queda hasta más tarde en la playa; a veces, cena a horarios impensados y la noche, por momentos, se hace eterna.
"La modificación del horario nos cambió todo. Nos vamos del balneario muchos más tarde porque los clientes se quedan muchas horas. Por ejemplo, el otro día, se nos juntó la gente que venía a comer un asado, con los turistas que todavía estaban en la playa", coincidieron Alicia y Guillermo, concesionarios del parador El Atlántico. Alicia agregó: "Los veraneantes vienen más tarde a la playa. Sólo unos pocos madrugadores llegan a las 8".
"El cambio horario me descarriló el verano. Antes cenaba de noche; ahora cuando comemos todavía está el sol. El día se hace mucho más largo, nos quedamos hasta más tarde en la playa, después cenamos y quedamos rendidos", explicó la turista Gladis Bello, que vive en la ciudad de La Plata.
Bello contó que desde el 1° de enero, día de su llegada a Pinamar, sólo salió a pasear una noche. "Los otros veranos, después de cenar íbamos a tomar un café al centro o visitábamos Cariló, pero ahora, después de la playa y la cena quedamos exhaustos. Esta temporada todavía no salí de compras."
Gabriel Di Nicola
Malhumorados y maldormidos
MENDOZA.- Los mendocinos se sienten incómodos cuando no abiertamente malhumorados por el cambio de hora oficial. Amanece a las 7:40 y anochece a las 22:15, lo que trastocó los hábitos de vida familiar y laboral de la mayoría de la población. Durante la mañana muchos se levantan de noche para ingresar a las 7.30 a sus trabajos de la administración pública u oficinas, e incluso comienzan la tarea cotidiana cuando el sol aún no aparece. Por la noche, la presencia de la luz solar hasta después de las 22 obliga a la mayoría a cenar más tarde: entre las 22.30 y las 23, y son excepcionales los casos en que se acuestan a dormir antes de la medianoche.
Pero al día siguiente hay que madrugar y esto hace que muchos se levanten con menos horas de descanso de lo acostumbrado y eso se refleja durante el día en malhumor, desgano, cansancio y hasta una percepción de bajo rendimiento laboral.
Pero el cambio horario tuvo su incidencia también en los hábitos de consumo. El público no concurre a la zona comercial del centro de la ciudad hasta antes de las 18.30 o 19 lo que obliga a muchos comercios a mantener sus puertas abiertas más allá de las 21. A esos trastornos se agregó el intenso calor de la primera quincena de enero, que se conjugó con los efectos del cambio de hora para instalar un estado de irritabilidad en muchos mendocinos.
Sergio Dimaría
Publicado el 19 de enero de 2008
Cambio de horario
Reloj biológico alterado: especialistas advierten sus riesgos
Chicos y adolescentes, los más afectados por el cambio horario.
LA NACION
La vuelta al colegio será difícil, por la deuda de sueño acumulada en este verano. Cansados, irritables, con problemas de concentración y con dificultad para organizar las actividades cotidianas, así los argentinos sobrellevamos el cambio de huso horario efectuado el 30 de diciembre último con el objetivo de ahorrar energía. Un objetivo que el gobierno de San Luis desmintió ayer, al anunciar que en la primera quincena de enero se incrementó un 16% el consumo de electricidad de esa provincia (ver aparte).
Pero más allá del ahorro, lo cierto es que el cambio de horario está teniendo un efecto negativo sobre la salud. Y los más afectados parecen ser los chicos. "Distintos estudios muestran que los efectos del cambio de horario se manifiestan más fuertemente entre los 15 y los 20 días subsiguientes, pero al mismo tiempo existe siempre un subgrupo de la población que nunca llega a acostumbrarse", dijo a LA NACION el doctor Daniel Cardinali, investigador superior del Conicet.
"Los que se ven más afectados por trastornos del sueño son aquellos de hábitos vespertinos, que suelen ser las personas más jóvenes, de entre 9 y 17 años", agregó este profesor de fisiología de la Universidad de Buenos Aires (UBA). "Hoy los chicos no se levantan antes de las 9 o 10 de la mañana, pero porque tampoco se acuestan en horarios adecuados, ya que no pueden organizar su reloj biológico durante el día", agregó la doctora Beatriz García, de la Universidad Tecnológica Nacional (UTN), regional Mendoza.
El regreso a clases, después de un verano con el reloj biológico fuera de hora, no será fácil. De nuevo: cansancio, irritabilidad, problemas de concentración... pero esta vez en el contexto del aula.
Para muchos de los adultos que no han logrado adaptarse al cambio de horario y que siguen experimentando trastornos del sueño, las consecuencias a largo plazo pueden ser aún peores. "Lo que sigue a esta etapa de disgusto y de desgano puede ser la depresión [la llamada enfermedad afectiva estacional], que es bien conocida en los países que viven largos períodos de oscuridad o de luz", agregó la doctora García, investigadora del Conicet.
"Se está acumulando una deuda de sueño que en algún momento tendrá que pagarse. Es un hecho real, biológico, que cada cual lo sobrellevará como pueda", concluyó Cardinali.
Cansados al volante
En las rutas y en las calles, los trastornos del sueño que se asocian al cambio de horario también se estarían haciendo sentir detrás del volante. "Hoy hay más personas cansadas al volante que personas alcoholizadas -agregó el doctor Cardinali-, lo que permite comprender por qué, a pesar de que se ha reducido el número de personas que manejan alcoholizadas [un 15% menos en la ciudad de Buenos Aires, en comparación con 2007], sigue habiendo tantos accidentes de tránsito."
Según explicó el investigador, "una persona que está más de 16 horas despierta tiene un respuesta física equivalente a la de una persona que tiene 0,5 de alcohol en sangre; esa persona tiene cinco veces menos capacidad de reacción que una persona que no ha tomado alcohol y que no se encuentra fatigada por la falta de sueño".
Así, concluyó Cardinali, "es muy probable que esté habiendo un aumento del número de accidentes de tránsito como resultado del cambio de hora; pero eso habrá que demostrarlo luego comparando las estadísticas".
Todos los problemas que nacen de los trastornos del sueño asociados al cambio de hora eran los previstos. No sólo por los científicos, sino por los senadores que recibieron en diciembre un informe elaborado por un grupo de investigadores del Conicet en el que se desaconsejaba el cambio de horario.
"No se aconseja proceder sin estudiar el impacto de este cambio tanto en el ahorro de energía como en el bienestar de la población", puede leerse en el informe al que tuvo acceso LA NACION, en el que se recuerda que, previo a diciembre, "la Argentina ya estaba adelantada 1 o 2 horas [una hora en la región nordeste y 2 en la Cordillera y la Patagonia] a lo largo de todo el año con respecto a su posición geográfica; lo que se está proponiendo es adelantarla 2 o 3 horas".
Por Sebastián A. Ríos
De la Redacción de LA NACION
Con los horarios "descarrilados"
PINAMAR.- No hay dudas. El cambio horario dispuesto por el Gobierno modificó los hábitos de los turistas. Los días se hacen más largos, la gente se queda hasta más tarde en la playa; a veces, cena a horarios impensados y la noche, por momentos, se hace eterna.
"La modificación del horario nos cambió todo. Nos vamos del balneario muchos más tarde porque los clientes se quedan muchas horas. Por ejemplo, el otro día, se nos juntó la gente que venía a comer un asado, con los turistas que todavía estaban en la playa", coincidieron Alicia y Guillermo, concesionarios del parador El Atlántico. Alicia agregó: "Los veraneantes vienen más tarde a la playa. Sólo unos pocos madrugadores llegan a las 8".
"El cambio horario me descarriló el verano. Antes cenaba de noche; ahora cuando comemos todavía está el sol. El día se hace mucho más largo, nos quedamos hasta más tarde en la playa, después cenamos y quedamos rendidos", explicó la turista Gladis Bello, que vive en la ciudad de La Plata.
Bello contó que desde el 1° de enero, día de su llegada a Pinamar, sólo salió a pasear una noche. "Los otros veranos, después de cenar íbamos a tomar un café al centro o visitábamos Cariló, pero ahora, después de la playa y la cena quedamos exhaustos. Esta temporada todavía no salí de compras."
Gabriel Di Nicola
Malhumorados y maldormidos
MENDOZA.- Los mendocinos se sienten incómodos cuando no abiertamente malhumorados por el cambio de hora oficial. Amanece a las 7:40 y anochece a las 22:15, lo que trastocó los hábitos de vida familiar y laboral de la mayoría de la población. Durante la mañana muchos se levantan de noche para ingresar a las 7.30 a sus trabajos de la administración pública u oficinas, e incluso comienzan la tarea cotidiana cuando el sol aún no aparece. Por la noche, la presencia de la luz solar hasta después de las 22 obliga a la mayoría a cenar más tarde: entre las 22.30 y las 23, y son excepcionales los casos en que se acuestan a dormir antes de la medianoche.
Pero al día siguiente hay que madrugar y esto hace que muchos se levanten con menos horas de descanso de lo acostumbrado y eso se refleja durante el día en malhumor, desgano, cansancio y hasta una percepción de bajo rendimiento laboral.
Pero el cambio horario tuvo su incidencia también en los hábitos de consumo. El público no concurre a la zona comercial del centro de la ciudad hasta antes de las 18.30 o 19 lo que obliga a muchos comercios a mantener sus puertas abiertas más allá de las 21. A esos trastornos se agregó el intenso calor de la primera quincena de enero, que se conjugó con los efectos del cambio de hora para instalar un estado de irritabilidad en muchos mendocinos.
Sergio Dimaría