Sin embargo, no queda claro en este trabajo si realmente los síntomas depresivos aumentan el riesgo de Alzheimer o las personas que desarrollan esta patología son más proclives a la depresión.
“Es posible que los síntomas depresivos sean un signo temprano de la enfermedad de Alzheimer o de algún otro trastorno neurodegenerativo, como el ictus, o que estos síntomas conviertan a una persona en más vulnerable a los efectos clínicos de la enfermedad de Alzheimer”, apuntó el Dr. Robert S. Wilson, autor principal del estudio.
Los resultados del trabajo, que publica “Neurology”, están basados en cuestionarios y evaluaciones neurológicas de sacerdotes y monjas católicas voluntarios sin evidencias de Alzheimer, aunque tras el seguimiento de siete años 108 personas fueron diagnosticadas de la patología.
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