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/ Publicado el 14 de diciembre de 2004

Efecto adversos

Relación entre el infarto agudo de miocardio y los anticonceptivos orales

Estos fármacos traen aparejados riesgos secundarios, y los más estudiados han sido los riesgos cardiovasculares.

Autor/a: Dra. Marisa Geller*

Indice
1. Desarrollo
2. Bibliografía
3. Anticoncepción e infarto agudo de miocardio
4. Otros factores de riesgo asociados

Los anticonceptivos orales (ACO) son uno de los fármacos más estudiados en la historia de la medicina y han sido utilizados por millones de mujeres en el mundo entero. Aproximadamente el 50% de los embarazos en Estados Unidos son no buscados y más de la mitad terminan en aborto. En Argentina, el aborto provocado es la primera causa de muerte dentro de la patología tocoginecológica. Dado el impacto humano que esto representa, surge la necesidad imperiosa de asegurarse una correcta planificación familiar.
De los métodos anticonceptivos disponibles, los ACO son los de mayor aceptabilidad. Sin embargo, más allá de su alta eficacia anticonceptiva, traen aparejados riesgos secundarios. Los más estudiados han sido, sin duda, los riesgos cardiovasculares. A continuación desarrollaremos la asociación entre el infarto agudo de miocardio y los ACO.

Infarto agudo de miocardio

En las últimas cinco décadas las enfermedades cardiovasculares han pasado a ocupar el primer lugar como causa de morbimortalidad a nivel mundial. Dentro de ellas, la más importante es la enfermedad isquémica cardíaca ocasionada por la ateroesclerosis de las arterias coronarias; su complicación más temible es el IAM. El IAM es la muerte celular de las miofibrillas causada por la falta de aporte sanguíneo a una zona del corazón. Esto es consecuencia de la oclusión aguda y total de la arteria coronaria que irriga dicho territorio. La causa de la oclusión coronaria total, en la mayoría de los casos, es debida a la trombosis consecutiva a la fractura de una placa de ateroma intracoronaria. En otras ocasiones, es la resultante de un espasmo coronario intenso que se prolonga en el tiempo, aún cuando no existe aterosclerosis coronaria.

La Asociación Americana del Corazón (AHA, American Heart Association) ha identificado varios factores de riesgo para sufrir un IAM. Algunos de ellos pueden ser modificados, tratados o controlados, mientras que otros no. Cuantos más factores de riesgo se tengan, mayor es la probabilidad de desarrollar una cardiopatía coronaria. Asimismo, cuanto mayor sea el nivel de cada factor de riesgo, mayor es el riesgo.
Los factores de riesgo que no pueden modificarse son la edad avanzada, el sexo masculino y el antecedente familiar de una cardiopatía coronaria. Los factores de riesgo que se pueden modificar, tratar o controlar por cambios en el estilo de vida o medicación son: el tabaquismo, la ingesta excesiva de grasas, alcohol y de sal, la HTA, el sedentarismo, el sobrepeso, el estrés, y la DBT.

El riesgo de IAM de los fumadores es más del doble que el de los no fumadores. El humo del tabaco es el principal factor de riesgo para la muerte súbita de origen cardíaco y los fumadores tienen de dos a cuatro veces más riesgo que los no fumadores. Cuando éstos tienen un infarto, tienen mayor probabilidad de morir y de morir súbitamente. El humo del tabaco también actúa con otros factores de riesgo para potenciar el riesgo de cardiopatía coronaria. La exposición constante al humo de los fumadores también aumenta el riesgo de cardiopatía entre los no fumadores.

La hipercolesterolemia aumenta el riesgo de cardiopatía coronaria y el riesgo es mayor a medida que aumentan los niveles sanguíneos de colesterol. Cuando están presentes otros factores de riesgo, como la HTA o el tabaquismo, el riesgo aumenta aún más. Los niveles de colesterol también están afectados por la edad, el sexo, la herencia y la alimentación.
La HTA aumenta los requerimientos del corazón, lo que produce su aumento de tamaño y su debilitamiento aumentando el riesgo de ictus cerebral, IAM, insuficiencia renal e insuficiencia cardíaca congestiva. Cuando la HTA coexiste con la obesidad, el tabaquismo, el colesterol elevado o la DBT, el riesgo de IAM es mayor.

Un estilo de vida inactivo es un factor de riesgo para la cardiopatía coronaria. La actividad física habitual, de moderada a intensa, ayuda a prevenir las enfermedades cardiovasculares. El ejercicio mejora los niveles de colesterol y permite controlar mejor la DBT y la obesidad, así como a reducir la tensión arterial. La obesidad y el sobrepeso predisponen al desarrollo de una cardiopatía. También aumenta la presión arterial y los niveles sanguíneos de colesterol y triglicéridos y reduce los niveles de colesterol HDL. La ingesta excesiva de alcohol puede aumentar la presión arterial y puede producir insuficiencia cardíaca e ictus.

La DBT también aumenta en gran medida el riesgo de desarrollar una enfermedad cardiovascular. La respuesta individual al estrés puede ser un factor contribuyente. A su vez, las hormonas sexuales parecen jugar un papel importante en la cardiopatía.
Por ende, existen una serie de factores de riesgo que no pueden modificarse pero hay otros que sí son controlables y debemos ayudar a nuestras pacientes a minimizar. Las chances de sufrir un IAM pueden ser disminuidas considerablemente en la medida que se puedan eliminar los factores de riesgo. Hay que tener en cuenta que la suma de factores de riesgo potencia las posibilidades de sufrir un IAM. Es por eso que es fundamental individualizar a aquellas mujeres que tienen algún factor de riesgo a las que vamos a prescribirles un anticonceptivo hormonal.

La Dra. Marisa Geller es tocoginecóloga, especialista en Endocrinología Ginecológica y Reproductiva. Es asesora editorial de Intramed.