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/ Publicado el 26 de abril de 2009

¿Cómo vive un cirujano?

Relación entre calidad de vida del cirujano y su actuación profesional

Un pormenorizado análisis del Dr. Jorge Luis Manrique acerca de aspecto poco abordados sobre la vida de del cirujano.

Autor/a: Dr. Manrique Jorge Luis

La Asamblea del año 2004 eligió el tema que nos ocupa. No lo voté. Estimé las dificultades que debería enfrentar el Relator para definir algo tan opinable e intangible  y olvidé el asunto. El Dr. Sívori anunció durante el brindis de fin de año que se me ofrecía el cargo de Relator. La oferta de una de las distinciones más preciadas por los cirujanos fue una tentación. Me produjo sorpresa y angustia. Exigió contrapesar virtudes cardinales con excesos capitales. Rechazarla, producía ira. La exclusividad satisfacía el orgullo. La avaricia por adueñarse del espaldarazo societario moderaba los celos, envidia mas o menos encubierta generada por quienes habían gozado de la distinción. El espacio y el tiempo concedidos prometían satisfacer la gula y la lujuria intelectuales. La pereza destacaba ante la dedicación exigida. Estimé con prudencia si creía contar con la fortaleza y la templanza requeridas para desempeñar en justicia la tarea. La soberbia inclinó el fiel de la balanza y al fin de la jornada acepté la labor como desafío. Admito la culpa: desde entonces, asumí la responsabilidad por las consecuencias. Agradezco la confianza que la Comisión Directiva depositó en mí  y declaro haber empleado mi leal saber y entender para responder las expectativas despertadas por la cuestión.

El palpitar del cursor sobre la pantalla en blanco, se transformó en obsesión. Buceé en la web … y recolecté más dudas que certezas. Se sucedieron tormentas de ideas, planteos inconducentes, borradores insatisfactorios y ensayos fallidos Atribuí la plejía intelectual a alguna variedad de síndrome postraumático (a la designación). El esquema básico que integraba lo buscado se definió al intentar ver más allá del reflejo de los espejos.

La autodefinición de la identidad es un gesto de honestidad. Permite al autor ser fiel con su ser y elegir con libertad las metas y el derrotero que le parezcan más adecuados, al tiempo que habilita el ajuste de las interpretaciones. El ser humano adquiere identidad física e intelectual como resultado único, particular e irrepetible del genotipo. Los aportes alimentarios, afectivos y morales que brinda el grupo familiar constituyen la impronta fenotípica. Lo recibido en la intimidad se sazona y condiciona por estímulos culturales, educativos, laborales y profesionales. Al decir de Joan Manuel Serrat, “cada uno es como es… y cada quien es cada cual” pues “…uno sólo es lo que es y sólo trae lo puesto”: se desarolla, madura y llega a ser quien es, exclusivo y especial en sí mismo. Por más esfuerzos que se empleen para evitarlo, toda observación es subjetiva, tanto en la expresión, cuanto en la interpretación de ideas y de hechos.

Debo la formación personal al esfuerzo de mis padres. Mi padre desempeñó un rol superlativo. Amigo y mentor intelectual, sumó ejemplos personales, morales y profesionales. Mi madre constituyó una constante física y afectiva: factótum hogareño, compañera, confidente, musa y ángel de la guarda. Construyeron un matrimonio armónico cimentado sobre el amor y la comprensión. Coherentes en dichos y hechos lograron y transmitieron serena felicidad. Junto con mi hermana, única y preferida, aprendimos a vivir con otros y con nosotros mismos a través de esta experiencia que nos imprimió carácter. Así y hasta ahora, compartimos sueños, labores, alegrías y penas. Toda vez que percibimos y objetamos excesos en lo ofrecido, se nos propuso devolverlo en quienes nos sucedieran. Las abuelas, aportaron cariño y ejemplo de vida digna hasta el tardío fin de sus días. Los abuelos, desaparecieron temprano, pero dejaron recuerdos e historias. La imagen del abuelo paterno, también médico y al que siento más cerca, preside desde hace años mi reducto de trabajo íntimo.

Quise ser médico desde que recuerdo. En la adolescencia busqué certezas. Me atraían la medicina, el sacerdocio y la abogacía. La imposibilidad de formar una familia descartó el sacerdocio. La distancia burocrática y procedimental exigida por el ejercicio de las leyes, recusó la opción de la abogacía. La medicina permitía tomar contacto y servir a personas singulares. Sellé la decisión. La cirugía reunía el máximo de lo que la medicina podía ofrecer. Decenios después, pienso que alguna labor relacionada con las letras o el periodismo no me hubieran disgustado y hasta podría haberlas desempeñado con dignidad.

Ingresé a la UBA a fines de 1965. Tomé contacto con la realidad y amplié mi visión vital merced al contacto con compañeros, amigos y de los otros. Conservo recuerdos especiales del Dr Alberto C. Taquini, que me abrió las puertas a los conocimientos funcionales y a las maravillas del pensamiento homeostático y del Dr. Osvaldo Eguía que me permitió vislumbrar la humanidad, humildad y sentido práctico de la medicina desde la mesa de Morgagni.

En 1972 comencé la Residencia en el que hoy se conoce como Hospital Interzonal General de Agudos Eva Perón. Fundado con tal nombre en 1955, fue conocido en períodos sucesivos como Policlínico de San Martín y luego como Hospital Profesor Dr. Mariano R Castex. Es mi segundo hogar. Allí crecí, sacié necesidades educativas, inquietudes docentes e intereses académicos y desarrollé toda la carrera hopitalaria. Mi reconocimiento a los pacientes que brindaron su confianza y a los colegas con quienes compartí labores, júbilos y desazones. Los Jefes de Cirugía, Doctores Jorge Manrique, Pedro Muñoz, Ernesto Cottely, Ricardo Alvarez y Enrique Font, fueron ejemplos invalorables de actitud y conducta.

Avanzado el pregrado, tuve la fortuna de hallar a Graciela, sucesivamente novia, esposa, amante, amiga y compañera para toda la vida. Crecimos juntos, entre los almíbares y acíbares propios de las relaciones profundas y duraderas. Madre y reina del hogar, fue el pilar de nuestra familia. Su presencia cotidiana e incondicional desdibujó mis ausencias. Comprensiva y liberal, práctica, escéptica y crítica, toleró mis inclinaciones y acotó mis excesos. Los cuatro hijos que concebimos y criamos recibieron frutos particulares y gozaron de libertades inimaginadas que deben a su gestión. La mesa familiar atestiguó conversaciones y discusiones que nos pusieron a tono con los cambios circundantes y permitieron comprender y acompañar mejor. Cada uno a su manera y por decisión propia, cristalizó parte de nuestras preferencias al dedicarse a la educación, la medicina, la comunicación, la psicología y el arte. Compartimos la alegría de la vida en común, la emoción de verlos crecer, la satisfacción de escoltarlos en los triunfos y el duelo por algún fracaso. Aprendimos juntos. Aceptamos con desazón y alguna pena el desarrollo, el fin de la niñez y la inevitable partida del hogar. Cuatro nietos, presentes de inmortalidad trascendente, nos acompañan con sus esposas y maridos. La crianza de la prole, reflejará en actitudes de los padres actuales la corrección de más de un yerro cometido por nosotros, generación anterior  Coincidimos con Robert Nozick cuando dice que  “…tener y criar hijos da sustancia a nuestra vida”.

Debo a Bubi Blasco, hermano afectivo, retirado de la labor de vivir hace una docena de años la vivencia de una amistad profunda, no relacionada con los genes ni con la profesión y que se proyecta a las familias. 

Los estímulos y el apoyo brindados por los Dres Federico Pilheu, Oscar Aguilar, Eduardo Schiepatti y Enrique Beveraggi los hacen miembros de mi familia sensible.
Me acepto como persona, hijo, padre, esposo, médico y cirujano, interesado en la educación y en la bioética como reflexión moral.

La redacción del Relato implicó tiempo y dedicación excluyentes. La familia, los compañeros de labor y en especial los amigos Andrés Pelisch, Irene Altuna, Antonio Dipietro, Eduardo Soldano y el Licenciado Carlos Carravetta cubrieron ausencias, escucharon, aportaron y dieron estímulo. El borrador fue leido, acotado y corregido por la familia. La presentación fue supervisada por la Lic. María Laura Valentini, que estrena su rol de nuera.

La dedicación y paciencia del Dr. Eduardo Arribalzaga, sumada a sugerencias, críticas y aporte estadístico, optimizó la propuesta original. También testimonió una añeja amistad.

El Relato reúne observaciones recogidas en la práctica profesional, reflexiones e interpretaciones personales, enriquecidas por conversaciones cotidianas, lecturas diversas … y por la vida. No pretende originalidad ni universalidad y por momentos es monográfica. El objetivo pretendido es instalar el tema en la agenda de pensamiento de la grey quirúrgica. Aceptada la premisa de que “todos los epílogos son prólogos”, como expresara Santiago Kovadloff, es mi deseo que cada uno logre sus propias conclusiones, valor agregado que dará al Relato, propuesto como introducción al tema, el valor final deseado. La discusión del texto dará lugar a apreciaciones que han de complementar y suplementar de manera favorable o adversa cada aseveración.

Todo está escrito, todo está dicho. Sólo se transcriben traducciones filtradas por vivencias. Aún sin saberlo ni desearlo, repito, plagio o parafraseo sin reconocer las fuentes. Con el objeto de corregir olvidos indeseados, agrego a la bibliografía una serie de obras consultadas durante este periodo.

Se asumió la labor como si se tratara de una consulta médica donde el rol de paciente se asigna a la grey quirúrgica y el de terapeuta al Relator. El formato tradicional del proceso diagnóstico responde a la estructura general de cualquier investigación . Se utilizan razonamientos que reunen hipótesis y deducciones. Los argumentos determinísticos articulan datos detectados con consideraciones causales y los relacionan con los modelos fisiopatológicos que parecen explicarlos. Las aproximaciones probabilísticas, asisten en la selección de los procedimientos diagnósticos. El proceso incluye factores humanísticos indispensables, condimentos histórico-sociales, legales, morales y éticos que orientan hacia una concepción holística de la realidad. Ninguna “medicina basada en la  evidencia” puede descartar por completo la incertidumbre, so pena de asumir la categoría de supraciencia, hoy inconcebible, Se la incorpora como elemento constitutivo de la práctica clínica.

El desarrollo temático seguirá el siguiente plan

1- El motivo de consulta.
2- Antecedentes históricos del sujeto médico cirujano, de su medio y de su ser profesional
3- Que es calidad de vida 
4- Examen físico: Situación y estado actual del cirujano argentino y de su contexto
5- Diagnóstico presuntivo
6- Exámenes complementarios
7- Resultados obtenidos
8- Interpretación: Diagnósticos diferenciales y finales
9- Propuesta terapéutica
10- Conclusiones

1- El motivo de consulta

La comunidad de cirujanos plantea como inquietud el estudio de “La relación entre la calidad de vida del cirujano y su actuación profesional”. Este es el motivo de consulta. La anamnesis o interrogatorio, como método de definición del conocimiento reconoce raíces helénicas. A la manera de una mayéutica mental “da a luz” a reminiscencias que. se constituyen en conocimientos. Hipócrates hizo del procedimiento una parte sustantiva de la historia clínica. El diálogo requiere habilidad y capacidad de observación así como lugar y tiempo adecuados para prestar oído atento y reflexionar. Recolecta las molestias registradas por el paciente, los antecedentes personales, la medicación prescripta, las costumbres dietéticas, las adicciones y hábitos tóxicos y también las condiciones del medio en que vive y trabaja el sujeto. Se establecen las circunstancias de riesgo general y específico que corrrespondan. Los conocimientos científicos, la experiencia humana  y la sensibilidad personal, cimentan el proceso que funda la relación y culminan cuando las conductas son guiadas por la ética. El interrogatorio dirigido detecta cambios trascendentes, permite desvelar alteraciones no declaradas y también establecer el tiempo de evolución de dolencias conocidas. Puede ser emulado mediante el análisis de los Relatos elegidos por la Asociación de Cirugía a lo largo de su historia.

Desde 1928, los 77 Congresos Nacionales organizados por la Asociación Argentina de Cirugía incluyeron dos Relatos Oficiales. Hasta 1971 contemplaron problemas técnico – quirúrgicos, patológicos y fisiopatológicos y se ocuparon de toda la patología maligna y benigna de la economía al menos en una oportunidad. Atendieron a los orígenes y consecuencias de enfermedades como la diabetes y la hipertensión arterial. Estudiaron opciones dirigidas a modificar funciones y a atender las consecuencias directas o indirectas de los emprendimientos. El shock, el balance hidroelectrolítico y las infecciones relacionadas con la cirugía merecieron trato reiterado. El lugar del cirujano correspondió al del experto encargado de detectar y efectuar reparaciones técnicas.

A partir de 1972 un Relato se reservó para temática quirúrgica tradicional. El otro, se destinó a explorar distintas cuestiones de interés del cirujano. Se analizaron alternativas diagnósticas y terapéuticas, fisiopatología del tubo digestivo y novedades nosológicas, evaluación del riesgo quirúrgico, tratamiento del dolor, alimentación parenteral y enteral, falla multiorgánica, secuelas inmediatas y mediatas de distintas técnicas, complicaciones de la cirugía abdominal, relaciones de la cirugía con el SIDA, consecuencias del trauma y propuestas novedosas como la cirugía ambulatoria y los procedimientos no invasivos en patología abdominal. La expansión de quehaceres del cirujano en docencia, liderazgo de grupos de trabajo e instituciones dio lugar para tratar más de una vez la enseñanza en el pre y el posgrado, las Residencias Médicas, la educación continua y la recertificación, la organización de Unidades de Terapia Intensiva y de los Departamentos de Cirugía, las condiciones que requieren las instituciones que desarrollan la cirugía, la seguridad en el quirófano y la aplicación del cálculo costo - beneficio en la actividad quirúrgica.

Las modificaciones del imaginario social y su impacto en los campos moral y legal, obligaron a reconocer al cirujano como sujeto y objeto de cuestiones jurídicas, económicas y éticas. Desde 1988, surgieron títulos relacionados con la responsabilidad ética y jurídica del cirujano y de las instituciones, la actitud frente al paciente critico y las implicancias médico – legales de la  práctica quirúrgica. 
La preocupación por la creciente subespecialización obligó a contemplar, en 1994, el futuro del cirujano general y de los servicios de cirugía. En 1999, las novedades acontecidas en las esferas científica, técnica, organizativa y social exigieron replantear las incumbencias de la propia Asociación Argentina de Cirugía. En 2003, los avatares sufridos por la praxis y la retribución asignada al cirujano indujeron a revisar el lugar del cirujano frente a la crisis financiera de la salud. En 2005 se honró el recuerdo de los arquitectos del ser quirúrgico argentino al tratar la historia de la cirugía argentina.

La revisión demuestra las preocupaciones cotidianas de la grey quirúrgica de cada época. Coincide con afanes sincrónicos manifestados en las publicaciones universales. Así, la selección del tema “Relación entre calidad de vida del cirujano y su actuación profesional”, jamás propuesta hasta el momento de su elección, gana  peso e implica una inquietud de comienzo reciente.

Volviendo a la anamnesis, cabe observar las características personales, la historia y el desarrollo del sujeto que consulta. Este conocimiento permite identificarlo, ubicarlo en su contexto e interpretarlo como un todo. 

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 * Presentado en el 77º Congreso Argentino de Cirugía, Buenos Aires, año 2006.

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