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Publicado el 11 de noviembre de 2003

Enfermedad coronaria

Relación costo-beneficio con el empleo de stents recubiertos

En enero de 2001, se publicaron los primeros resultados del empleo de los stents recubiertos con un agente farmacológico, en este caso fue la rapamicina.

Autor/a: Dres. Lemos PA, Serruys PW, Sousa JE.

Fuente: Circulation. 2003 Jun 24;107(24):3003-7.

Los resultados fueron excelentes y nuevos estudios posteriores confirmaron esta tendencia. Los stents recubiertos lograron reducir la reestensosis de un 25% a menos del 9%. Si el calibre del vaso era adecuado, la lesión no muy extensa y el paciente no sufría de diabetes, se podía hablar de un 0% de reestensosis.

El tema de la reestenosis parecía resuelto, el talón de Aquiles de la hemodinamia intervencionista había sido vencido. Sin embargo, las cosas no cambiaron mucho en los centros de hemodinamia y esto no se debió ni a malos resultados alejados ni a la aparición de efectos colaterales. La realidad era económica, el costo de un implante de stent recubierto considerando solamente el dispositivo, era de $2500 dólares estadounidenses, una cifra que no era fácilmente reembolsada por los sistemas de salud.

Sin embargo, los resultados del estudio RAVEL donde se observó que el costo del sirolimus stent era US$1300 más caro que el stent convencional, debido a la marcada reducción de la reestenosis, el costo se recuperaba al cabo de un año. Tal es así que debido a una disminución de episodios mayores del 28% al 6%, el sirolimus stent al término de un año resultaba solamente US$60 más caro que el stent convencional. En el estudio BENESTENT la cifra fue un poco mayor (US$170), pero aún así resultaba atractivo el empleo de los stents recubiertos.

Sin embargo hay que tener en cuenta que en el estudio RAVEL hubo un sesgo en la selección de pacientes ya que se limitó a lesiones coronarias únicas. Si se deben emplear varios stents debido a lesiones múltiples el beneficio económico desaparece. Para tener una idea del peso de estos dispositivos sobre el presupuesto, hay que realizar el siguiente cálculo. En los Estados Unidos se tratan aproximadamente un millón de pacientes con procedimientos intraluminales, de los cuales el 80% recibe stents. Si suponemos un 100% de empleo de stents recubiertos a una tasa de 1,5 stents por paciente y una diferencia potencial de US$2000 sobre el stent convencional, habría que agregar US$2.400 millones al presupuesto existente con el empleo de stents convencionales. Esta cifra podría reducirse sustancialmente si los stents recubiertos producen un franco viraje de pacientes de la cirugía de revascularización hacia los procedimientos intraluminales.

Históricamente es sabido que los valores de un dispositivo en medicina se reducen con el tiempo y más aún cuando surgen productos de la competencia. Conviene recordar que las angioplastias realizadas en 1980 costaban aproximadamente US$ 4300 y carecían de stents. Cuando surgieron en la década del 90 los stents tuvieron un costo similar a las primeras angioplastias con balón (aproximadamente US$4400) y actualmente se han reducido a la décima parte de ese valor inicial.

En resumen, los stents recubiertos, debido a la dramática reducción que producen en la tasa de reestenosis se han constituido en uno de los más importantes avances de la cardiología. Sin embargo, actualmente su elevado costo limita el empleo de estos dispositivos en muchos países. Pero al analizar la baja tasa de episodios mayores al año de evolución, el costo-beneficio mejora sustancialmente. La posible futura reducción de los costos por la competencia y otros factores del mercado determinarán que estos procedimientos expandan su uso en forma considerable en un futuro no lejano.

Artículo comentado por el Dr. Ricardo Ferreira, editor responsable de IntraMed en la especialidad de Cardiología.