Como sociedad, no debemos crear vida para luego destruirla". La frase del presidente de los Estados Unidos, George Bush, puede funcionar como una síntesis del rechazo que causó en los gobernantes del Primer Mundo el anuncio de la clonación de un embrión humano. Entre otros actores de peso en la escena internacional, la Organización Mundial de la Salud, el papa Juan Pablo II, los países europeos y Japón coincidieron en el rechazo.
La máxima autoridad en el área de salud, la Organización Mundial de la Salud, advirtió que condena la clonación humana con fines de reproducción. La OMS recordó que los 191 estados miembros, reunidos en asamblea general, aprobaron en 1997 una resolución que afirma que el uso de la clonación para la reproducción de individuos humanos es éticamente inaceptable, contraria a la dignidad y a la integridad humana. "Desde entonces la posición de la OMS no cambió", dijo una vocera.