De las distintas formas de arritmia, la fibrilación auricular es la más frecuente –afecta al 5% de las personas mayores de 60 años–, pero también es la más mortal e invalidante. Hoy, unos pocos centros médicos del país están usando con éxito una moderna técnica que permite curar este peligroso desarreglo del ritmo cardíaco.
La emisión de radiofrecuencia (ondas de radio que cauterizan tejidos) ha demostrado ser capaz de curar al 79% de los pacientes tratados, según un estudio local que será presentado en el próximo Congreso Argentino de Cardiología. Ya en marzo, un estudio publicado por la revista The New England Journal of Medicine había mostrado que el 74% de quienes no respondían a los tratamientos convencionales curaban su arritmia con radiofrecuencia.
“La ciencia ha avanzado considerablemente en el tratamiento de esta arritmia y la experiencia internacional demuestra que los pacientes en los que es necesario evitarla y que son refractarios al control con medicamentos deben tratarse con esta tecnología", dijo el doctor Alberto Giniger, jefe del Departamento de Electrofisiología y Arritmias del Instituto Cardiovascular de Buenos Aires (ICBA).
En estos pacientes, la radiofrecuencia es utilizada para destruir el foco eléctrico que origina del ritmo anómalo del corazón. "La primera causa de internación en hospitales es la arritmia y es, además, el origen del 15% de los accidentes vasculares cerebrales", agregó el doctor Giniger, uno de los autores del estudio sobre radiofrencuencia y fibrilación auricular que será presentado en el Congreso Argentino de Cardiología.
Las arritmias suelen hacerse evidentes al médico que escucha el corazón con el estetoscopio o que mide el pulso del paciente. Para determinar el tipo arritmia se recurre al monitoreo electrocardiográfico (Holter).
Fuera de ritmo
Palpitaciones, malestar, desasosiego y falta de aire son los síntomas más frecuentes de la fibrilación auricular, un trastorno del ritmo cardíaco que nace de un foco eléctrico que se encuentra habitualmente en el lugar donde las venas pulmonares se unen con la aurícula izquierda.
"Es un latido completamente irregular que favorece la formación de trombos dentro de la aurícula, que, de salir al torrente sanguíneo y alojarse en una arteria cerebral, pueden taponarla y causar la más temible de sus complicaciones: el accidente cerebrovascular (ACV)", explicó el doctor Daniel Ortega, jefe de Electrofisiología Invasiva del ICBA.
Aunque la radiofrecuencia se emplea desde hace más de veinticinco años para el tratamiento de diversas afecciones, su uso en fibrilación auricular comenzó hace tan sólo seis años, y hoy ya ha dejado de ser una técnica experimental para ser considerado un tratamiento de elección para los pacientes que no responden a las terapias de primera elección.
"En el ICBA comenzamos a utilizarlo hace casi cuatro años", comentó Ortega, y agregó: "Hoy, en el país, son muy pocos centros los que lo emplean para la fibrilación auricular, ya que es un procedimiento extremadamente artesanal (la intervención dura aproximadamente 3 horas) y que, aun realizado en forma correcta, no está exento de riesgos".
Aún así, precisó el doctor Giniger, "las complicaciones no superan el 10% de los casos, siendo éstas menores y reversibles".
La emisión por radiofrecuencia es un procedimiento mínimamente invasivo, en el que se introducen dos catéteres a través de la vena femoral (ver ilustración), que llevan el instrumental. "Uno lleva un dispositivo que permite obtener un mapa eléctrico del corazón y el otro es el que efectivamente realizará la ablación por calor", especificó Ortega.
Una vez dentro del corazón, más precisamente en el interior de la aurícula derecha, se realiza un mínima incisión en la pared que la separa de la aurícula izquierda, que es donde suele alojarse el foco eléctrico responsable del descalabro rítmico del músculo cardíaco, para introducir el instrumental. Allí, en la desembocadura de las venas pulmonares, se aplica la radiofrecuencia.
Al curarse la arritmia -lo que según la experiencia clínica del ICBA ocurre en el 79% de los casos-, desaparecen sus síntomas, cae el riesgo de eventos vasculares isquémicas de origen coronario y se puede suspender la medicación anticoagulante que empleaba el paciente para disminuir ese riesgo.
"Lo importante es que, para obtener esos resultados, debe seleccionarse cuidadosamente al paciente -señaló Ortega-. Quienes mejor responden son los pacientes que no tienen otras cardiopatías asociadas (hipertensión, problemas valvulares o coronarios); es decir, aquellos con fibrilación auricular paroxística, en los que la arritmia aparece y desaparece, y no es permanente."
Su colega, el doctor Giniger, coincidió: "esta técnología es más efectiva cuanto menos enfermo está el corazón".
Por Sebastián A. Ríos
De la Redacción de LA NACION