Noticias médicas

Publicado el 23 de octubre de 2007

Polémicos estudios

¿Qué es y para qué sirve el optimismo?

Determinan cuáles son los circuitos neuronales involucrados mientras otro polémico estudio desvincula al cáncer del estado de ánimo.

El descubrimiento se publica en Nature

Hallan el lugar del cerebro donde nace el optimismo

La tendencia tan humana de mirar hacia el futuro con optimismo descansa en lo profundo del cerebro, afirman investigadores de la Universidad de Nueva York, Estados Unidos, que identificaron una red de circuitos cerebrales que se activa cuando nos imaginamos viviendo una vida larga, sana y plena de logros.

Un estudio polémico desvincula al cáncer del estado de ánimo

Refiere a tumores de cabeza o de cuello, que suelen ser los de menor sobrevida. Por eso, especialistas argentinos opinan que no puede trasladarse a todos los cánceres.

Por: Sibila Camps

Un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Pennsylvania (Estados Unidos) afirma que el estado emocional de pacientes con cáncer de cabeza o de cuello no influye en la evolución de su enfermedad. Las conclusiones, a ser publicadas en diciembre en la revista de la American Society of Cancer, ya levantaron polémica respecto de la incidencia de los factores psicológicos.

El equipo, conducido por el psicólogo James Coyne, siguió a 1.093 pacientes enrolados en un estudio clínico sobre nuevos tratamientos de cáncer de cuello y cabeza. Al inicio y durante el seguimiento de cinco años, los participantes completaron cuestionarios acerca de su actitud y de sus relaciones sociales; cinco preguntas apuntaban a su bienestar emocional. Al término del estudio, 646 pacientes habían muerto. Al analizar los datos, los investigadores concluyeron que el estado emocional no había influido en la evolución del cáncer ni en la sobrevida del paciente.

La función que cumple la actitud del paciente en el tratamiento oncológico se debate desde hace años. "Nuestra investigación muestra que lo que ayuda no es una actitud positiva, sino más bien el enfrentar y saber manejar los altibajos de vivir con cáncer", señaló el doctor David Spiegel, profesor asociado de psiquiatría y ciencias de la conducta en la Escuela de Medicina de la Universidad Stanford en California.

Otro trabajo publicado en febrero, también en la revista Cancer, ofreció resultados similares en pacientes con cáncer de pulmón, cuya sobrevida rara vez llega al año. Y un análisis de 26 estudios sobre perfil emocional y sobrevida en cáncer, incluido en noviembre en British Medical Journal, llegó a la misma conclusión: una predisposición positiva puede ser favorable, pero no impacta en el resultado.

Dos prestigiosos oncólogos consultados por Clarín coincidieron en acotar la relevancia del nuevo estudio. El cáncer de cuello y cabeza "es un cáncer de la pobreza -destacó el doctor Mario Bruno, jefe de Oncología del Hospital Alvarez-. Son tumores epidermoides, en la cara, faringe, laringe o boca, íntimamente relacionados con el tabaquismo, o con prótesis o dentaduras en ma las condiciones, por muy mala higiene bucal. Deterioran mucho al paciente, le dificultan comer y hablar, le impiden el contacto social, lo deprimen".

"En general estos tumores son avanzados; probablemente la mayoría de los pacientes muere antes de los cinco años. La mayoría fuma mucho o bebe mucho, suele ser gente mayor, quizá no tiene trabajo porque bebe, y entonces está deprimida -describió la doctora Berta Roth, directora del Instituto Roffo-. Las personas incluidas en ese estudio forman parte de un estrato social especial, no son las que más apuestan a la vida; medir su estado anímico no me parece confiable".

"Hay más de 200 variedades de cáncer. Son enfermedades con origen, evolución, pronóstico y tratamiento distintos. No se puede extrapolar ese resultado a todos los tumores -advirtió el doctor Bruno-. En los cánceres de mama, de colon y otras variedades comunes tiene influencia el estado de ánimo: cuando el paciente está en buenas condiciones anímicas, su sistema inmunológico está bien; y a la inversa, cuando está deprimido, sus defensas bajan". Bruno mencionó además estudios en Estados Unidos sobre los linfocitos NK (natural killers, asesinos por naturaleza), que defienden contra el cáncer y los virus: "En chicos de secundario antes de un examen y en adultos en trámite de divorcio, por ejemplo, el número de NK era cero. Si en situaciones de angustia en personas sanas ocurre eso, ¿qué cabe esperar en pacientes con cáncer?".

 

"Comprender el optimismo es crítico, ya que se lo relaciona con la salud física y mental. Por otro lado, una visión pesimista está correlacionada con la gravedad de los síntomas de la depresión", declaró la profesora Elizabeth Phelps, directora del laboratorio de la Universidad de Nueva York donde se realizaron los experimentos cuyos resultados publica hoy Nature .

El equipo de Phelps sometió a un grupo de voluntarios a estudios de resonancia magnética funcional para examinar sus cerebros mientras se les pedía que se imaginaran a sí mismos en futuros eventos como "ganar un premio" o "terminar con una relación amorosa".

"Cuando los participantes imaginaban circunstancias positivas, se detectaba una mejora de la activación en el cíngulo anterior y en la amígdala, que son las mismas áreas cerebrales que parecen funcionar mal en la depresión", dijo el doctor Tali Sharot, principal autor del trabajo, que actualmente realiza un posdoctorado en el University College London, en Gran Bretaña.

"Los participantes más optimistas mostraban una mayor actividad en esta región al imaginar eventos futuros positivos", agregó el doctor Sharot.

"Nuestros resultados sugieren que mientras el pasado está cerrado, el futuro está abierto a interpretación, lo que permite a las personas tomar distancia de posibles eventos negativos y acercarse hacia aquellos que son positivos", declaró Phelps por su parte.

Implicancias terapéuticas

"Si bien muchos aspectos de las emociones suceden de forma espontánea, en los útlimos años se ha descubierto que las reacciones emocionales interactúan con otros procesos cognitivos más organizados y planificados (nuestros pensamientos, nuestras intenciones, nuestros planes, etcétera), de modo tal que estos últimos pueden modificar el curso de la respuesta emocional -comenta el doctor Fernando Torrente, jefe de Psicoterapia Cognitiva del Instituto de Neurología Cognitiva (Ineco)-. Por supuesto la interacción es de doble vía, y nuestra emociones a su vez guían y condicionan nuestras decisiones y acciones."

Estudios previos habían hallado que el cíngulo anterior se encontraba involucrado en la regulación de las respuestas emocionales. Este nuevo trabajo sugiere que en los individuos sanos esta región cerebral ayudaría a integrar y regular la información emocional y autobiográfica, permitiendo generar una visión positiva del futuro.

"Desde el punto de vista terapéutico, este trabajo tiene implicancias muy interesantes, pues refuerza la idea de que el modo en que pensamos e interpretamos nuestra realidad se conecta directamente con nuestras vivencias emocionales, y modificando la forma en que pensamos podemos mejorar nuestra experiencia emocional -dice Torrente-. Esto definitivamente apoya la concepción subyacente en los diferentes tratamientos psicoterapéuticos, y en especial los tratamientos basados en la teoría cognitiva. En efecto, según este enfoque, la clave para mejorar diferentes alteraciones emocionales es modificar los pensamientos negativos disfuncionales que las sostienen. O sea que la psicoterapia puede modificar la forma en que funciona nuestro cerebro." 

La Nación