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/ Publicado el 13 de junio de 2002

Novedades

Prueban una vacuna local para el cáncer

Ya fueron tratados 26 pacientes con resultados alentadores.

Un equipo de investigadores del Hospital de Clínicas se apresta a iniciar en los próximos días una experiencia única en el país y poco frecuente en el mundo: por primera vez ingresarán en un ensayo clínico de fase II (una prueba avanzada con un número importante de pacientes) para determinar la efectividad de una vacuna terapéutica contra el cáncer. Se la denomina terapéutica porque servirá para el tratamiento y no para prevenir la enfermedad. Su nombre: vacuna conjugada GM3.

Los científicos que llevan adelante el proyecto -Leonardo Fainboim, jefe del Laboratorio de Inmunogenética del hospital, y Roberto Bitton, oncólogo clínico-, se mostraron confiados y optimistas.

Con las primeras pruebas ya concluidas exitosamente, los investigadores dijeron a LA NACION que están listos para dar un nuevo paso. Inyectarán nueve dosis del preparado a por lo menos cuarenta pacientes que padecen melanoma (tumor de piel) y que no están en la etapa terminal de su enfermedad para observar si es efectiva en el control de la progresión tumoral.

"La prueba preclínica (en ratones) fue muy buena -dice Fainboim, en el laboratorio en el que, a esta altura, pasa la mayor parte del día-; mostró efecto antitumoral en melanoma: los vacunados sobrevivían y los no vacunados se morían a los quince días. Esos resultados se publicaron y nos permitieron pasar a la experimentación en seres humanos. Ahora iniciamos la fase II. En el país nunca se había llegado a esta etapa para una vacuna oncológica."

Cómo comenzó todo

En silencio, como suele suceder con los asuntos científicos, esta historia comenzó alrededor de 1994, cuando los investigadores iniciaron una colaboración con el Centro de Inmunología Molecular de La Habana.

Entre los muchos obstáculos que debe sortear una vacuna contra el cáncer está la inexplicable ceguera que padecen las tropas del sistema inmune que patrullan hasta los más recónditos rincones del organismo frente a las células tumorales.

Para alertar al sistema de vigilancia se emplearon gangliósidos (estructuras presentes normalmente en las membranas de las células, pero que están sobreexpresadas en tumores de origen epitelial, como el de mama y el melanoma) sintetizados por científicos cubanos.

Los trabajos de laboratorio permitieron comprobar que la vacuna es capaz de romper la tolerancia natural a un antígeno propio (una sustancia capaz de estimular la respuesta inmune), como los gangliósidos, y despertar una respuesta inmune específica frente a ellos.

Con esos antecedentes, no podían menos que plantearse la pregunta del millón: ¿sería capaz esta respuesta de proteger al organismo frente al tumor? "Hubo mucha gente que no creía que esto podía lograrse", recuerda Fainboim.

¿Cómo hicieron? Combinando el gangliósido con un transportador (en inglés, carrier), otra proteína, esta vez derivada de la membrana externa de la bacteria que causa la meningitis, que le confiere al conjugado gran capacidad inmunogénica.

"La combinación entre el carrier y el gangliósido nos dio la ventaja comparativa que no tenía otra gente -prosigue Fainboim-. A tal punto que muchos de los que pensaban que esto nunca iba a resultar ahora se están volcando a la misma estrategia."

La primera etapa (o fase) se concluyó con notables resultados. El escrutinio de los 26 pacientes que participaron en el ensayo permitió probar que la vacuna no es tóxica, estudiar cuál es la dosis óptima y verificar que es capaz de despertar en seres humanos la misma respuesta que se había comprobado previamente en animales.

"Dado que trabajamos con pacientes terminales para los cuales ya no hay tratamiento estándar y que son por definición incurables, es decir que tienen una gran carga tumoral, en esta etapa no se esperaban remisiones -explica Bitton-. Sin embargo, en algunos pacientes se registró respuesta clínica. Una persona con melanoma que venía sufriendo una lesión nueva por mes antes de entrar en el protocolo se estabilizó después del sexto mes de aplicación de la vacuna experimental y registró una remisión que ya lleva casi dos años. Otras dos personas que habían sido operadas todavía siguen libres de tumores."

Delicado equilibrio

Para valorar la acción de esta vacuna hay que sumergirse en la compleja fisiología del sistema inmune.

"El balance inmunológico surge de un equilibrio entre las respuestas proinflamatorias y antiinflamatorias -explica Fainboim-. Si uno quiere destruir un tumor busca una respuesta proinflamatoria, pero si quiere preservar un bebe en la panza de la mamá quiere una respuesta antiinflamatoria para que no haya rechazo. Estos pacientes tienen una conducta inmunológica muy particular. En ellos predominan ciertas citoquinas que deprimen la respuesta inmune. Algo muy llamativo fue que, antes del tratamiento, predominaba una proteína (interleukina) que da supresión, y posteriormente aumentó otra que protege. Ese es un dato que nos entusiasma para el futuro."

En esta nueva etapa, los científicos esperan tratar un grupo de por lo menos 40 pacientes en el estadio tres de la enfermedad; es decir, operados, con ganglios positivos, pero que no tienen enfermedad a distancia. "Tienen un riesgo aumentado de recaída por la presencia de ganglios positivos -explica Bitton-. Entonces, la idea fundamental es tratarlos con esta vacuna para medir la respuesta inmune y tratar de detectar células de melanoma circulantes que pueden indicar una recaída. En teoría, es una población en la que la vacuna puede ser eficaz."

Además, junto con investigadores del hospital Durand y del Roffo, los científicos del Clínicas están estudiando otra inmunización contra el cáncer de mama. "Se llama vacuna antiidiotípica 1E10 -explican-. El blanco es el mismo, los gangliósidos, pero la estrategia es diferente, porque en el primer caso los gangliósidos se combinan con un transportador, y en ésta un anticuerpo que reconoce el gangliósido se inyecta en un animal, éste produce anticuerpos contra el primero (antiidiotípico) y eso se inyecta al paciente."

Dadas las características de la guerra sorda e insidiosa que libra el organismo contra el tumor, que muta constantemente, los investigadores no se permiten creer que la vacuna en desarrollo sea el remedio final contra la enfermedad. "Más bien pensamos que será útil, combinada con otras estrategias, para proteger a los pacientes que no tienen demasiada carga tumoral -afirma Bitton-. Eso es lo que muestran los experimentos preliminares: que protege hasta que se sobrepasa cierto equilibrio. Por encima de eso es imposible vencer al cáncer, entre el sistema inmune y el tumor gana el tumor. Pero -concluye- utilizar la vacuna para reforzar la inmunidad alterada o caída permitirá hacer más pareja la lucha."

Este proyecto de investigación es posible gracias a los aportes del Conicet y, en particular, al compromiso del laboratorio argentino Elea, que lleva invertidos más de seis millones de dólares en el desarrollo, una empresa de riesgo.

Logros como éste permiten alentar esperanzas de que, si bien el país se encuentra envuelto en el caos económico, todavía conserva -por ahora- el valioso tesoro que representa la materia gris de sus investigadores.

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