Varios investigadores discutieron esta semana métodos revolucionarios durante la reunión anual de la Sociedad Estadounidense de Química, celebrado en Boston.
Yizhong Yu, director científico de Animas Corporation, en Frazer, Pennsylvania, discutió los esfuerzos de su compañía para desarrollar un dispositivo revestido de titanio que comunicaría continuamente las cifras de glucemia a un monitor que el paciente llevaría en su muñeca.
Los sensores se introducirían en un vaso sanguíneo para calcular la absorción de sangre del rayo infrarrojo. El dispositivo, del tamaño aproximado de un marcapasos, convertiría esas cifras en concentraciones de glucosa, y permanecería al menos cinco años en el cuerpo.
Un gran obstáculo para el desarrollo de dispositivos que usen luz para determinar la glucemia ha sido el descubrimiento de una fórmula que convierta la longitud de onda lumínica en concentraciones de glucosa.
Yu informó que los análisis de sangre de más de 500 pacientes, muchos más que los realizados por otras compañías que están desarrollando dispositivos similares, han mostrado que la fórmula de Animas es bastante precisa.
Las pruebas en seres humanos comenzarán probablemente en un año o antes, dijo Yu.
Pero el científico añadió que "no quiero pintar un cuadro de color de rosa (...) tenemos mucho trabajo que hacer antes que el sensor salga al mercado".
El investigador dijo a Reuters Health que no podría calcular el precio del dispositivo, pero que sería un costo que las compañías aseguradoras pagarían con comodidad.
El dispositivo de Animas, según Yu y colegas, es el último de varios dispositivos similares implantables en desarrollo.
Investigadores también están estudiando un método completamente no invasivo: determinar la longitud de onda del rayo infrarrojo después de que atraviese la piel. Mark A. Arnold, de la Universidad de Iowa, en Iowa City informó de resultados usando este método.
Después de nueve años, dijo Arnold, él y sus colegas están preparados para comenzar pruebas clínicas de un sistema en el cual un rayo de luz pasa a través de aproximadamente un pellizco de dos milímetros de piel en el dorso de la mano.
Los experimentos están subvencionados por NASA, el Instituto Nacional de Diabetes y Enfermedades Digestivas y Renales, e Inverness Medical Technology.
Gerard L. Cote, de la Universidad Texas A&M, y su colega Michael V. Pishko, de la Universidad Estatal de Pennsylvania, están desarrollando un sensor que se implantaría bajo la piel del paciente.
El implante consistiría de diminutas cuentas o de una lámina delgada de un material que se iluminaría bajo luz fluorescente en varios grados dependiendo de la concentración de glucosa en las células de la piel.
En este método, una persona, teóricamente, obtendría el implante en el consultorio médico. A continuación, el paciente podría enviar luz fluorescente a través de un dispositivo del tamaño aproximado de un puntero de láser sobre la piel bajo la cual se encuentra el implante. El dispositivo podría leer el grado de fluorescencia y ofrecería una lectura de la glucemia.
Las pruebas en ratas han mostrado que los implantes no produjeron ninguna inflamación o irritación en los animales en ninguna forma, y que las cuentas se tornaron fluorescentes bajo la piel por medio de la luz fluorescente. Una lámina del material sería probablemente lo más práctico para el uso en seres humanos, indicó Cote, ya que sería más fácil de retirar y proveería una superficie de lectura más extensa.
El científico pronosticó que el implante duraría, probablemente, un año en el cuerpo.
Cote predijo que las pruebas en seres humanos del material podrían comenzar en cinco años. "En una gran parte esto depende de las subvenciones", añadió.
Vladimir Alexeev, de la Universidad de Pittsburgh y sus colegas están desarrollando un material que, esperan, podría usarse insertado en el ojo o en las lentes de contacto y que determinaría las concentraciones de glucosa en el líquido lacrimal que cubre el ojo. El material, llamado hidrogel, cambia de color a medida que las concentraciones de glucosa aumentan y disminuyen.
Alexeev y sus colegas están ahora trabajando en su tercera generación del material, que muestra un cambio de rojo a azul a medida que la glucosa aumenta.
El equipo de Alexeev ha recibido una subvención del Instituto Nacional de la Salud para comenzar estudios en animales con el material.