Recientemente se ha comprobado que la inflamación y las anormalidades inmunológicas inciden en la patogénesis de la DMAE, causa principal de ceguera en adultos mayores. Una fuerte asociación entre un gen que codifica el factor del complemento H (FDH) y la DMAE ha aportado respaldo a esta hipótesis. Los patrones de progresión de la DMAE vistos dentro del contexto del desarrollo de un estado pro-inflamatorio que se incrementa con la edad, sugieren la posibilidad de que esta patología podría desarrollarse de dos maneras. La primera incluye la acumulación de residuos extracelulares debajo de la retina en distintos grados, lo que podría estar ligado a reacciones inmuno-inflamatorias y al desarrollo de la DMAE. En segundo lugar, mediante lesiones neovasculares y/o atrofia geográfica, lo que solo ocurre en un sub-grupo. En el caso de la DMAE neovascular, este proceso involucra una respuesta inflamatoria manifiesta que se origina en la vasculatura coroidal.
Se han estudiado los niveles circulantes de proteína C reactiva de alta sensibilidad y tan solo una medición puede indicar de manera confiable el grado de inflamación sistémica en adultos asintomáticos. Asimismo, los niveles de PCRas en sangre han sido reconocidos como un indicador de futuro riesgo cardiovascular. El presente estudio se realizó para investigar si los niveles circulantes de PCRas, slCAM-1 y fibrinógeno son elevados antes de que se manifieste clínicamente la DMAE.
Pacientes y métodos
Se midieron los niveles de PCRas, la molécula-1 de adhesión intercelular soluble (slCAM-1) y fibrinógeno en muestras de plasma en línea base de 27.687 participantes del Estudio de la Salud de la Mujer. Los participantes tenían una edad media de 54,6 años e inicialmente no presentaron DMAE. Se descubrieron prospectivamente 150 casos de DMAE con una pérdida de visión de 20/30 o más, en diez años de seguimiento. Se utilizaron modelos de riesgo proporcional para estudiar la relación entre estos biomarcadores y la DMAE.
La proteína C reactiva se eleva como respuesta a infecciones, lesiones y otras agresiones. Sus niveles son bastante estables en personas saludables y reflejan el grado de inflamación sistémica. La medición de la PCR con técnicas de alta sensibilidad es utilizada en la evaluación del riesgo cardiovascular. Los estudios previos realizados sobre la relación entre la PCRas y la DMAE fueron contradictorios. El presente estudio es el primero que utiliza una amplia cohorte prospectiva de personas inicialmente saludables y se comprobó que los niveles de PCRas pueden predecir la DMAE, principal causa de deterioro de la visión en adultos mayores. Las mujeres con niveles altos de PCRas tienen tres veces más probabilidades de desarrollar DMAE. Su incidencia también aumenta al doble entre las mujeres con altos niveles de slCAM-1 y fibrinógeno.
La proteína C reactiva de alta sensibilidad es el biomarcador de inflamación que mejor predice la patología cardiovascular. Además de ser un biomarcador sensible a la inflamación, la PCR puede tener una importancia patofisiológica, por ejemplo, mediante su capacidad para inducir la activación de complementos y así contribuir al daño de los tejidos. Tanto la PRC como las proteínas de complemento han sido identificadas en las adyacencias de las drusas oculares y la membrana de Bruch.
Se cree que ciclos reiterados de ataque de proteína del complemento sobre las células del epitelio pigmentario de la retina podrían provocar la DMAE. Esta idea se ve reforzada por descubrimientos recientes de una fuerte asociación entre la variante genética común del factor del complemento H y el riesgo de DMAE. Están apareciendo pruebas sobre la relación entre la PCR y la variante del FCH. Aunque en este estudio no pudimos evaluar esta posibilidad, sería interesante seguir examinando esta hipótesis.
Niveles elevados de slCAM-1 y fibrinógeno también han sido asociados a la enfermedad cardiovascular. Estos se encuentran en abundancia en la vasculatura y también en el epitelio pigmentario de la retina. El aumento de los niveles circulantes de slCAM-1 es indicativo de un estado de disfunción endotelial y aumento de la interacción con los leucocitos. Observamos una relación lineal entre los niveles de línea de base de slCAM-1 y el riesgo de DMAE.
En cambio la relación de los niveles de fibrinógeno con la DMAE no es lineal. Una investigación más detallada indicó que el riego de DMAE aumenta en mujeres que no utilizaron terapia de reemplazo hormonal. Este dato puede ser de importancia biológica a la luz de la información que demuestra la reducción de los niveles de fibrinógeno en mujeres que utilizan hormonas, como así también la que sugiere que la terapia de reemplazo hormonal podría reducir el riesgo de DMAE. Antes de sacar conclusiones definitivas es necesario seguir estudiando el tema.
Se ha identificado fibrinógeno en las drusas y en la membrana de Bruch. El fibrinógeno es un factor hemostático y una proteína pro-inflamatoria que bien podría afectar el riesgo de DMAE, mediante reducción del flujo sanguíneo coroidal, efectos directos sobre la pared vascular y otros efectos de la inflamación crónica, aunque solo podría ser un marcador del riesgo.
Junto con el descubrimiento de que una variante común de FCH aumenta fuertemente el riesgo de DMAE, esta información refuerza la importancia de la función de los procesos inflamatorios e inmunológicos íntimamente conectados con la patogénesis de esta enfermedad que amenaza la visión y es incurable. Aunque la DMAE no está asociada con ningún signo manifiesto de inflamación ocular, niveles elevados de PCRas, slCAM-1 y fibrinógeno predicen el riesgo futuro de DMAE. En especial, la PCRas ya está siendo utilizada para determinar el riesgo cardiovascular y lo que además sirve para motivar a los pacientes a modificar conductas riesgosas. Debería considerarse la profundización de los estudios sobre la interrelación de la predisposición genética con estos factores y la posible utilidad clínica de la medición de biomarcadores inflamatorios tales como la pcras.
Conclusiones:
Niveles circulantes elevados de PCRas, slCAM-1 y fibrinógeno preceden al desarrollo de la DMAE en las mujeres, lo que proporciona mayor respaldo a la hipótesis de que la inflamación podría cumplir un rol en la DMAE.