Medical News

/ Published on October 11, 2005

Una era que dejó sus huellas

Por la crisis, se tomaron más ansiolíticos

Efectos colaterales de la crisis social en la Argentina.

Más psicofármacos y bebidas alcohólicas, menos atención a los problemas cardíacos. Son consecuencias de la depresión de 2001. Sociólogos y médicos alertan sobre la posibilidad de que esas secuelas vuelvan a darse en otro período. En sólo tres años, se registraron 20 mil muertes cardíacas más que lo habitual. “La gente llegó muy tarde a atenderse”, dice la Fundación Favaloro.

Corralito financiero, inseguridad, desempleo e incertidumbre. La crisis de 2001 caló fuerte en los argentinos, que vieron cómo su mapa cotidiano sufrió cambios notorios y hasta paradójicos. Médicos y sociólogos alertan sobre un escenario que puede repetirse.
Los mismos que vieron sus bolsillos alicaídos se lanzaron a la devoción por los psicofármacos. Aquellos que sabían de sus problemas cardíacos tardaron en buscar atención, mientras enfermeros y maestros se constituyeron en el sector que más cayó en estados depresivos. Estos son algunos de los datos que ilustran el panorama gris que vivió Argentina en ese período, que todavía actúa como una situación de laboratorio.

Bajar el estrés

“La afectación durante la crisis fue tan directa que hizo que para muchos fuese más importante la cerveza que los fideos”, indica el sociólogo y escritor Eduardo Anguita, que en el libro La clase media: seducida y abandonada, investigó sobre la pauperización de buena parte de la sociedad argentina.
A pesar de que los bolsillos flaquearon para todos los sectores, el índice de consumo de ansiolíticos y de bebidas alcohólicas como la cerveza fue en incremento. “Preferían estar en un estado eufórico, aunque no les alcanzara el dinero para comer”, sostiene Anguita.
En el mismo sentido, la socióloga platense Lucrecia Arceguet afirma ante una consulta de Hoy que “los psicofármacos son muletas que uno usa para salir adelante”. Y agregó que durante la crisis “muchos fueron los médicos que recetaban ese tipo de medicamentos”.

Otro dato lo dan los profesiones que más sufrieron la crisis. Según lo recabado por Anguita, los enfermeros y maestras fueron quienes más consumieron antidepresivos.
Además, en el transcurso de la crisis de 2001, el relevo de empleados en la atención pública subió considerablemente. Tanto saturó el corralito que los trabajadores de los bancos somatizaron la tensión de aquellos perjudicados “y necesitaban ser rotados”, cuenta Anguita.
Más demoras

Otra pintura de la época, producto del estrés y la depresión, fue el hecho de que muchos relegaran la salud a un segundo plano. Según investigadores de la Fundación Favaloro, quienes padecían afecciones cardíacas “demoraron mucho” en asistir a los hospitales y las graves consecuencias no tardaron en llegar.
Entre 1999 y 2002 las personas con riesgos de infarto demoraron un 200% más que antes de la crisis a la hora de acudir a hospitales y centros asistenciales, según los datos recogidos por los investigadores argentinos.
Ese factor, sumado al incremento de complicaciones médicas durante ese período, desencadenó que en sólo tres años se registraran 20 mil muertes cardíacas más que lo habitual.
“La gente llegó muy tardíamente a atenderse”, indica a Hoy el doctor Enrique Gurfinkel, jefe de la Unidad Coronaria de la Fundación Favaloro y que llevó adelante el estudio que relaciona mortalidad y crisis, que ya fue tomado por revistas internacionales.
“Tenemos documentación de que los tiempos de demora superaron ampliamente a los de otros años “, asegura el profesional que ya lleva 15 años a cargo de la unidad coronaria de la institución creada por René Favaloro. Agrega que “la gente llegaba en un estado mucho más complejo al hospital”.
No se trata de un dato menor, si se tiene en cuenta que el tiempo es determinante en la “destrucción del músculo cardíaco”. La investigación se hizo en hospitales públicos y privados, y se presentó en el XXXII Congreso Argentino de Cardiología.

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