A pesar de los importantes avances logrados en las tres últimas décadas para reducir los mecanismos inmunológicos del rechazo y prolongar la viabilidad del homoinjerto, aún no se ha podido controlar en forma satisfactoria la ECPT.
Una de las principales dificultades que debe afrontar el manejo de esta complicación es el carácter anatomopatológico de las lesiones. No solamente se producen oclusiones en las principales ramas de las arterias coronarias sino que además quedan comprometidos los segmentos intramiocárdicos, las arteriolas, la red capilar e incluso las venas 1,2. Todas estas lesiones ocurren preferentemente dentro del primer año del trasplante.
Uno de los aspectos más importantes en el manejo de la ECPT es lograr un diagnóstico muy precoz, aspecto que no se logra con técnicas de ultrasonografía o angiografía las cuales detectan la enfermedad cuando ésta ya está establecida. Labarrere y col.1, han detectado en los últimos años varios marcadores de riesgo precoces dentro del primer año de vida del trasplante, todos ellos asociados con una actividad trombogénica aumentada de la microvasculatura.