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Publicado el 19 de junio de 2007

Ciclo de Encuentros y Reflexión IntraMed

Paenza, Golombek y Cereijido se encuentran en IntraMed (video)

Tres personalidades de la ciencia y la cultura dialogan en IntraMed coordinados por la periodista Nora Bar. El video del encuentro.

Autor/a: IntraMed

 

 

 

 

* Apertura, Dr. Daniel Flichtentrei

¿Quién produce la cultura?

Tal vez sería prudente invertir los términos de esta pregunta: ¿Quién no produce cultura? Clifford Geertz afirmaba que “cultura son las conversaciones que nos sotienen”. A estas conversaciones hemos llegado cuando ya se estaban desarrollando y las acompañamos, las enriquecemos, discutimos y acordamos con ellas, eso es cultura. Visto desde el presente existe un abismo entre ciencias y humanidades que produce una idea de cultura fragmentada y discontinua. Pero no siempre ha sido así. La historia de las civilizaciones aporta muchos ejemplos de períodos en los que esta tajante distinción de nuestros días resultaba impensable.

En IntraMed hemos pensado que establecer puentes, diálogos entre disciplinas podría ser una forma de contribuir a un encuentro que juzgamos imperativo. Cuando las posibilidades de la técnica y la ciencia parece ilimitadas, se impone que nos procuremos las herramientas conceptuales para pensar en ello desde la perspectiva de la construcción del sentido de nuestros actos y de las consecuencias éticas que implican.

Debo confesarles que este encuentro nace de lo que ignoramos, de las preguntas que nos hemos formulado, de nuestras propias perplejidades. La Medicina, como casi todos los saberes establecidos, ha ingresado en una era de redefiniciones de sus propios fundamentos. Siempre es saludable salir del encierro disciplinar y abrirse a otros saberes, a perspectivas novedosas.

Sin embargo a poco que alguien se asome por fuera de su propia disciplina encontrará problemas. Visiones del mundo contradictorias, lenguajes irreductibles, objetos de estudio divergentes, metodologías diversas pero, fundamentalmente, una inercia que tiende a conservar identidades a cualquier precio y a escapar de todo cuanto las ponga en crisis.  La experiencia obliga a interrogarse acerca del modo en que la cultura se organiza.

Cartografías:

¿Hay más de una cultura?

Todo parece indicar que sí. Que ciencia y humanidades conforman dos culturas diferentes. Que las distintas disciplinas -en uno y otro ámbito- aportan miradas propias sobre la inabordable complejidad de lo real.

En ese caso:

¿Qué imagen del mundo proponen?

¿De qué modo los distintos modelos cartografían nuestra realidad?

¿Cómo resolver la “monstruosidad” que nace de reunir aquellos retazos tan fragmentarios?

¿Será posible el encuentro? ¿Será deseable alguna clase de síntesis?

Todos los mapas son incompletos. No deberíamos caer en la trampa de confundir el mapa con el territorio. Pero siempre hay uno en el cual “creemos”. Uno que elegimos para guiarnos en el camino. A ese mapa, solemos llamarlo -imprudentemente-  “realidad”. Itinerario sobre los que caminamos sin saber  que seguimos los senderos dibujados por nuestra propia mano.

Sin cuestionar nuestras propias certezas, sin el saludable hábito de interrogar lo que luce “evidente”, sólo nos quedan la repetición y el abandono a la mediocridad como destino. Ese trabajo sobre nosotros mismos es la medida de nuestra voluntad de superación y el único camino para no ceder a la bárbara seducción de los espejos.

¿Hay alguien allí?

Salirse del territorio propio es siempre un desafío. Implica el abandono momentáneo de las certezas y la comodidad de aquello que conocemos. Es someterse voluntariamente a la impugnación de nuestra versión privada del mundo. Pero también es el reconocimiento de la complejidad de lo que nos supera y de la naturaleza fragmentaria de lo que dominamos. Allí, más allá de nosotros mismos, hay otros lenguajes, otras miradas, otros mundos.
En el ámbito de la Medicina esta situación es particularmente problemática. ¿Será el saber médico autosuficiente? ¿Podrá dar cuenta de la salud y la enfermedad con sus únicos recursos? Los éxitos que hoy puede mostrar la Medicina - inimaginables hasta hace pocos años- pueden convertirse también en las razones de su fracaso. Cada vez que los logros abran el camino hacia la omnipotencia, lo cerrarán definitivamente hacia la comprensión multidimensional de aquello describen.

Un clásico de la literatura, “Las divertidas aventuras del barón de Munchausen”, narra un episodio que ilustra la insensatez de la omnipotencia.  El barón se lanza a cruzar un río a lomos de su caballo pero en medio del trayecto percibe que la profundidad y las olas amenazan con hundirlo. Entonces rápidamente se toma d la cola de su propio cabello y tira con todas sus fuerzas hacia arriba levantando por los aires a su cuerpo y a su caballo. . El barón es autosuficiente. Él es su propia terapéutica. Pero el barón es mentiroso, es una parábola de la fantasía en etapa de reproducción neoplásica.  Ignora que lo que muestra no es el dedo que lo señala. Nadie sabe lo que exhibe cuando oculta. El barón es la expresión literaria de los sueños de omnipotencia en los que los hombres solemos caer. Para oponerse a ello, para abrir caminos con humildad y pasión por el conocimiento, para eso -entre otras cosas- este encuentro tuvo lugar.