Antecedentes:
Se ha sugerido que la negación voluntaria a comer y beber es una alternativa al suicidio asistido por médicos para los pacientes terminales que desean acelerar su muerte. Existen pocos reportes de pacientes que hayan tomado esta decisión.
Métodos:
Se envió un cuestionario por mail a todos los enfermeros empleados en programas para hospicios en Oregon y se analizaron dichos resultados.
Resultados:
De 429 enfermeros elegibles, 307 (72%) respondieron el cuestionario y 102 de los respondedores (33%) reportaron que en los previos 4 años habían cuidado de un paciente que deliberadamente aceleró su muerte a través de la negación a comer y beber. Los enfermeros reportaron que los pacientes decidieron dejar de comer y beber porque estaban listos para morir, creían que seguir viviendo no tenía sentido y consideraban su calidad de vida pobre.
La encuesta mostró que el 85% de los pacientes murió dentro de los 15 días posteriores a la suspensión del alimento y la bebida. En una escala de 0 (una muerte muy mala) a 9 (una muerte muy buena), el puntaje promedio para la calidad de estas muertes, según la clasificación de las enfermeras, fue de 8.
Sobre la base de los reportes de enfermería, los pacientes que dejaron de comer y beber eran mayores que los 55 pacientes que fallecieron por suicidio asistido por médicos (74 vs. 64 años de edad, P<0.001), menos propensos a querer controlar las circunstancias de su muerte (P<0.001) y menos propensos a ser evaluados por un profesional de salud mental (9% vs. 45%, P<0.001).
Conclusiones:
Sobre la base de los reportes de los enfermeros, los pacientes atendidos en hospicios que voluntariamente deciden dejar de comer y beber son ancianos, no le encuentran significado a la vida y generalmente tienen una "buena" muerte dentro de las dos semanas posteriores a haber dejado de alimentarse.