Fue aprobada en EE.UU., ya se utiliza en Inglaterra y Alemania y este año estaría disponible en Brasil. Se aplica por la boca con un aparatito manual. Hay casi 3 millones de diabéticos en la Argentina.
Una mejor calidad de vida. Esa es la esperanza que trae la insulina inhalable para los diabéticos. Puede aplicarse por la boca y las vías respiratorias hacia los pulmones gracias a un aparatito manual parecido al que usan los asmáticos . No más pinchazos en el abdomen, ni en piernas y brazos. Cruentos tratamientos con varias inyecciones de insulina diarias que resienten el cuerpo.
Este tipo de insulina para inhalar llegaría a la Argentina en septiembre, previa aprobación de la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT) y se distribuirá en bombas parecidas a las que usan quienes padecen asma. Con una diferencia: del com presor que cabe en una mano saldrá un vapor blanco que ingresará en los pulmones como vapor, similar al humo, y al humedecerse en los alvéolos depositará la insulina en la ruta de la sangre.
Ya fue aprobada en EE.UU. y se utiliza en Alemania e Inglaterra; y este año también llegará a Brasil. La diabetes, que afecta a unas 194 millones de personas en el mundo (y a un 7 por ciento de la población en la Argentina), fue incluida como uno de los males que afecta a las arterias y al corazón en el Seminario sobre Enfermedades Cardiovasculares que finaliza hoy en San Juan de Puerto Rico.
Temerosos de los pinchazos, los diabéticos demoran la aplicación de la insulina porque creen además que se trata de un tratamiento que se instala en la etapa final de sus vidas. La insulina fue descubierta como medicina para la diabetes en los años 20 del siglo pasado. En esta nueva presentación, la pastilla de insulina se introduce en la bomba de vacío del atomizador que mide unos 10 centímetros, el polvo se gasifica y se vuelve aspirable mediante una mascarilla, y finalmente se humedece en los pulmones, pasando al torrente sanguíneo desde los alvéolos.
Sobre su precio, se sabe que será más cara que la inyectable. En Estados Unidos se estimó que costaría, al menos, cuatro dólares para los diabéticos de ese país. Es decir, 3 ó 4 veces más que en su versión en inyecciones, según un cálculo de la banca de inversión SG Cowen.
La diabetes tipo 1, que afecta al 10 % de los diabéticos en el mundo, se desarrolla cuando el páncreas deja de fabricar insulina. No es necesario llegar a viejo para sufrir esta enfermedad, que ataca con la rapidez de un yaguareté en la selva y requiere un tratamiento con insulina.
El otro 90 % de los diabéticos sufre el tipo 2 de la enfermedad, también llamada adquirida o del adulto, donde el paciente no reconoce a la insulina, que incluso puede generarse en exceso.
Los factores de riesgo como la obesidad en niños y adolescentes, junto con los hábitos sedentarios que estimulan los videojuegos, la tevé, Internet y hasta los celulares, también amenazan con una epidemia entre los más chicos. Influyen, además, factores genéticos, el estilo de vida o la grasa acumulada en el abdomen.
Como en la diabetes tipo 2, el páncreas se ve exigido al máximo hasta dejar de funcionar y ya no producir insulina, "deberíamos actuar aquí, cuando la persona comienza a ser obesa, antes de tener una condición de hiperglucemia porque si no se trata, el paciente puede terminar ciego, con problemas renales, amputaciones, enfermedad coronaria, disfunción eréctil", explicó el endrocrinólogo brasileño Antonio Chacra durante el simposio.
Al considerarla una dolencia cardiovascular, aquí se planteó la necesidad de una estrategia conjunta. Luis Alcocer Díaz Barreiro, Jefe del Servicio de Cardiología del Hospital General de México, dijo que "si tratamos por un lado el colesterol, y por el otro la hipertensión o la diabetes, tendremos un buen impacto, pero insuficiente". Explicó que "es difícil de lograr porque los endocrinólogos eran sólo azucarólogos y los cardiólogos se interesaban sólo en la presión arterial. La mirada debe ser integral".
"La versión inyectable suele provocar rechazo"
Remarcó, además, que la diabetes está en aumento y ya es una epidemia mundial.
El paciente con diabetes tipo 2 suele rechazar las inyecciones de insulina porque cree que ya es el final de su vida", dijo a Clarín el endocrinólogo Antonio Chacra, Jefe de Endocrinología de la Universidad Federal de San Pablo, Brasil, presente en el simposio de Puerto Rico. "Si a ese paciente le recetamos insulina, huye y no vuelve", señaló.
Chacra recordó que hay 155 millones de personas que sufren diabetes tipo 2 (el 90 % del total de diabéticos), que se produce por obesidad, sedentarismo, estrés y otros factores externos, además de una predisposición genética en algunos casos.
En la diabetes tipo 2 se prescribe dieta, ejercicios y remedios orales para lograr que actúe la insulina. "Con los años, se genera una resistencia y el cuerpo deja de producirla; es una enfermedad progresiva. Por eso el paciente la necesita", explicó.
El especialista advirtió que "hay una epidemia mundial de esta dolencia, consecuencia de la obesidad, especialmente en EEUU, pero también en los países en desarrollo". Agregó que "hay que cambiar hábitos y hacer ejercicios, sobre todo cuando existen antecedentes familiares".
Los casos de diabetes tipo 2 que antes aparecían después de los 40 años, ahora brotan entre los jóvenes. Por eso recomendó análisis a chicos y adolescentes obesos, para saber sus niveles de glucemia, triglicéridos y colesterol, además de controlar su presión arterial.
"No hay cifras sobre obesidad y diabetes en chicos latinoamericanos, pero es un problema que se produce cada vez más temprano y, además, tenemos una epidemia de enfermedades cardiovasculares más precoces", dijo. Según la Organización Mundial de la Salud, hay 194 millones de diabéticos en el mundo; y para el año 2030 serán 366 millones.
Chacra comentó que, cuando se pruebe la eficiencia de la insulina inhalada en niños (hasta ahora se usará en mayores de 18 años), "sería fantástico substituir tres o cuatro inyecciones diarias por esta nueva versión". Estos pacientes tendrán una adherencia mayor a tomar la insulina, evitando la barrera de las inyecciones, que son como un estigma y afectan psíquica y físicamente".
Posibilidades
Eliana Galarza
egalarza@clarin.com
Las enfermedades crónicas tienen algo en común: la constancia en los tratamientos. Unos son menos invasivos que otros. Cualquiera que se enfrente a alguna de ellas, sabe que la calidad de vida es algo que nadie quiere resignar. Los avances médicos fueron acompañando ese deseo. Lo único que falta ahora, y que siempre faltó, es que todos los enfermos tengan las mismas posibilidades de acceder a ellos. En eso no hay avances.