Arte & Cultura

/ Publicado el 12 de junio de 2005

Historias de vida

Otra vida es posible: Viruta y Sudor: títeres de paz

Si Ud. estaba convencido que soñar y poner la imaginación al servicio de la cultura eran cosas del pasado, esta nota le demostrará lo equivocado que estaba.

Autor/a: Por María Eugenia Ludueña

Fuente: LA NACION | 12.06.2005 | Página 00 | Revista

Recorren el mundo con su arte, y cuando vuelven se instalan en El Bolsón, donde dan clases y también actúan.
En la Patagonia argentina, se gestó este dúo de clowns y animadores de la cultura popular, que recorre continentes varios haciendo reír, soñar y pensar con obras de títeres de temática social

Dos palabras cuelgan prestas de la lengua de Viruta, Sudor y sus criaturas: hola y chau. Igual que los antiguos titiriteros, ella y él van de pueblo en pueblo con narices de payaso, una familia de marionetas que es un compilado de etnias diversas y un puñado de obras de teatro. En los últimos tiempos, su aldea es el mundo. Y los títeres, sus balas de paz dispuestas a estallar de fantasía. Chau, Patagonia. Hola, México. Chau, Italia. Hola, Burkina Faso. Después de girar por varios países –y de embarcarse en una Caravana de la Paz con artistas populares desde Italia hasta la India–, Viruta y Sudor regresaron un par de meses a abrazar las raíces. Los esperaba la casa de El Bolsón, que no pisaban desde hacía 500 días. Allá empezó el periplo de este dúo que hilvanó sus obras y cosió cada títere con el mismo hilo conductor: el enfoque social del amor por el planeta y sus habitantes. Con ustedes, la trama de dos personajes con el deseo como hoja de ruta para un sueño colectivo.

Patagonia: el origen

El encuentro de Viruta y Sudor se produjo en un sitio mágico, la Patagonia, hace una docena de años. Ella: Violeta Bergero, de ojos estelares, nacida en Las Rosas (Santa Fe). A fines de los 80, vivía en Rosario, estudiaba medicina de día y hacía teatro popular de noche. Hasta que en 1989 aterrizó en Río Negro. Quiso ser maestra. Y mientras aprendía el oficio conoció a Sudor. El: Jorge Leibiker, un porteño que por los 70 hizo de parque Centenario su segundo hogar. Un día de 1976 se decidió: con 19 años dejó la barriada de Villa Crespo y se mudó a Cipolletti. Quería vivir en verde y recibirse de maestro. Abrió un taller de expresión para niños de 3 a 5 años. Descubrió que el títere era llave de conocimiento y comunicación. Una vez se le ocurrió usar una marioneta para hablar de temas difíciles en una reunión de padres.

–¿Por qué no hacés un espectáculo de títeres en el cine de acá? –le propuso un papá.

–Hum, ¿te parece?

–Dale, no es tan difícil, te ayudo.

La función, recuerda él, fue un fracaso de público. Pero ese día de 1977 se le reveló un oficio. Con otra obra, La juguetería de don Pascual, supo que los títeres podían llevar música de Vivaldi y derramarse como un hechizo sobre los chicos.

Se convirtió en titiritero, clown, carpintero, docente de niños con capacidades diferentes. Transitó los senderos del teatro como herramienta educativa y dio clases a maestros. En ese plan se cruzó con la señorita Violeta. "Compañera, alumna, admiradora, sostenedora", describe ahora ella mientras saca de una valija títeres y trajes para hacer las fotos de esta nota.

Como los niños al sujetar un globo, ella y él siempre sostuvieron con fervor y cuidado los deseos. Crecieron en el arte popular, en compañía de espíritus trashumantes. Con pedazos de familias rotas hilvanaron su familia múltiple. Tienen dos hijos: Shanti (24) y Víctor Hugo (28); una parentela generosa en tíos, sobrinos, y una nieta, Almendra (3), a la que recibieron como parteros.

Chiapas: la puerta

Están convencidos: si uno quiere hacer algo, el universo conspira a favor. Tenían un sueño, ir a Chiapas. Surgió la posibilidad de hacer una encuesta y sumar unos pesos a los ingresos entre la docencia y la carpintería familiar –de donde vienen sus nombres artísticos–. Antes de volar a México, habían recorrido algo de la Argentina con sus funciones. En 1996, escribieron Historias del bosque, una comedia ecológica que era parte de la campaña de denuncia de las ONG contra la deforestación del bosque de lenga. Partieron a Chiapas en 1997, con plata para tres meses, Historias del bosque y una idea fija.

–Queríamos ver qué era una revolución, qué se podía aportar desde nuestro oficio en una guerra desigual y qué sucedía con la poética. Fuimos a hacer títeres para los niños de la guerra –dice Jorge.

Apuntaron la brújula hacia Chiapas. Las casualidades se les arrojaron a los pies. Antes de salir, se toparon con alguien que conocía a alguien. Desde San Cristóbal de las Casas se abrieron las puertas de las comunidades zapatistas. Al aire libre, donde se pudiera, se anunciaba la función por altoparlante. Mientras Viruta y Sudor colgaban la tela amarilla como telón, veían bajar por las montañas puntitos de colores vivos, su público. Todo a pulmón. Dicen que no flaquearon gracias a "la resistencia bolsonera". Dormían en hamacas, en campamentos o en escuelas. Para ir a otra comunidad, caminaban a la luz de la luna en puntas de pie, por las sombras de la selva, mientras el ejército dormía. Y ya no hacían títeres sólo para chicos sino también para adultos.

–Para muchos era el primer títere que veían en su vida. En una lengua desconocida, comprendimos su valor como comunicador entre culturas. Eso nos abrió la puerta del mundo –comenta Violeta.

Tras visitar 30 comunidades en tres meses, regresaron. Andariegos, giraron por la Patagonia en diferentes grupos, con Chiapas como una luciérnaga aferrada al corazón. Para el año 2000, visitaron otras 30 comunidades zapatistas. Volvieron con una obra más, Los anochados, de pocas palabras y puesta escenográfica, inspirada en el encuentro con personas que hablaban otras lenguas. Y con la certeza de haber conocido a un espíritu entrañable: María Nina Posadinu, italiana, artista, docente, y más tarde el hada madrina de Viruta y Sudor. Dedicados a full a los títeres, visitaron 100 escuelas del sur argentino en 90 días. Cuando la Argentina ardía en llamas, en abril de 2002, María Nina los invitó a Italia con sus obras de temática social.

Italia: la diversidad

"Italia fue la profesionalización, con mucho trabajo, dos funciones por día, en cualquier lugar, frente a públicos diversos, solos o en festivales con artistas internacionales", cuentan.

Montaron su base en Pistoia, ciudad medieval de la Toscana. Titiritearon con música y luces por escuelas y centros culturales de Italia y Francia. Regresaron a la Patagonia con la idea de volver a Europa autogestionándose, con más tiempo. En junio de 2003, partieron por segunda vez. Contra la guerra, la tristeza y la injusticia, recorrieron Italia, cruzaron a España, saltaron a Burkina Faso. Allí, fundaron una compañía de ensamble de marionetas internacionales, junto a otros artistas. Se escaparon a Nicaragua a trabajar con chicos de la calle y Payasos Sin Fronteras. El año pasado integraron la Caravana de la Paz, de Perugia a Nueva Delhi.

–Me divierte meter el dedo en la llaga, mostrar que lo que aceptamos como respuesta a veces no es verdad. Al viajar uno va contra los prejuicios. Rezamos en idiomas distintos, pero criamos a los hijos bajo el mismo sol –agrega Jorge.

¿Por qué lo hacen? Porque creen que el deseo es una carta abierta, que los corazones galopan diferente pero comparten la raíz. El invierno patagónico los encontrará volando a hacer reír, soñar y pensar por el sur de Italia, después a Sri Lanka, con otras ONG que trabajan con víctimas del tsunami. Y luego, a seguir andando: "Porque queremos crear más red y más nudos de encuentro. Por el deseo de un mundo mejor y más equitativo".

Para saber más:
www.virutaysudor.4t.com

       

Juglares siglo XXI

Arman sus títeres, escriben la obra, hacen la música y la puesta. Y cuando viajan, recogen la experiencia en libros que ellos escriben, editan, encuadernan, financian y venden. En son de risa cuenta su experiencia desde El Bolsón hasta Chiapas y En son de paz retrata la aventura europea. Empezaron trabajando a la gorra y hoy se profesionalizaron. Emprendedores culturales, tienen funciones planeadas por el mundo hasta dentro de varios meses.

En caravana por la aldea global

Consideran que el mundo es el mayor acto de magia. Una de sus aventuras más audaces: embarcarse en la Caravana de la Paz 2004, un colectivo de 15 artistas callejeros que salió de Italia con rumbo a la India. A bordo de un bus, atravesaron Europa del Este, Turquía, Irán, Paquistán. En cada país, hicieron funciones y acumularon anécdotas. Tardaron dos meses en llegar y se quedaron 40 días en la región del Himalaya, recorriendo chacras y escuelitas indias.

En los viajes, Viruta y Sudor tienen trucos para romper la frontera del lenguaje: ella teje al crochet: "Las mujeres siempre se acercan cuando una pela las agujas". El tiene una guitarra: "La gente se engancha con la música, pregunta, propone temas". Allí donde pisaron confiesan que siempre existió una palabra mágica, capaz de agrandar los ojos interlocutores: Patagonia, leyenda y punto de partida de esta aventura mundial.