Como toda historia, esta tiene sus antecedentes. Y el más claro data de 2022: se trata de la resolución WHA75.8 de la OMS, aprobada durante la 75ª Asamblea Mundial de la Salud, en mayo de 2022. En esa resolución, la Asamblea reconocía que los ensayos clínicos bien diseñados son “indispensables para evaluar la seguridad y eficacia” de las intervenciones sanitarias y pedía que se fortaleciera el ecosistema global de investigación. Los objetivos eran mejorar la calidad y coordinación de los ensayos clínicos, impulsar la capacidad de los países, especialmente los de ingresos medios y bajos; reforzar la supervisión ética y regulatoria, promover la participación de pacientes y comunidades, y facilitar el acceso equitativo a la investigación clínica. Sobre esos cimientos se creó el Portal de Ensayos Clínicos de las Américas, creado para brindar “información clave sobre ensayos clínicos, como documentos y orientaciones de la OPS y la OMS, recursos de entrenamiento y noticias de interés”.
¿Por qué todo esto era importante? Así responde la OPS: “Los ensayos clínicos son necesarios para encontrar intervenciones de salud seguras y eficaces –por ejemplo, tratamientos, vacunas y otras intervenciones preventivas, pruebas diagnósticas, intervenciones de salud pública o al nivel de los sistemas de salud– que mejoran el bienestar y la salud de la población (los destacados son nuestros)”. Y destaca que la pandemia de COVID-19, “puso de relieve tanto la importancia de contar con investigaciones oportunas y coordinadas, como las brechas en la capacidad de la región para generar evidencia de alta calidad a gran escala”.
Con esos dos puntales previos, hace unos pocos días (el 9 de abril), la OPS lanzó, durante un seminario web, el “Acelerador de Ensayos Clínicos”, un proyecto que “introduce estrategias y herramientas innovadoras destinadas a mejorar la eficiencia y la coordinación de la investigación clínica. La iniciativa empodera a los países para asumir un papel protagónico en estudios que respondan directamente a las necesidades de sus poblaciones”, destaca la organización en una nota de prensa. “La COVID-19 nos mostró que la investigación importa y que tiene el potencial de impactar directamente en nuestra salud y nuestro bienestar. Los países de las Américas han tomado nota y han respondido al desafío de producir más y mejor investigación de una manera que no había visto en más de 15 años en la OPS”, señaló Carla Saenz, asesora de bioética de la OPS.
El Acelerador pretende ser “un paso importante hacia el fortalecimiento de una investigación clínica en la región que sea pertinente, ética y de alto impacto, contribuyendo en última instancia a mejorar los resultados de salud para todos”. Y nace teniendo en cuenta que, si bien es cierto que en muchos de nuestros países se produce investigación, y de la buena, hace falta armonizar los acuerdos de ensayos clínicos, “lo que puede ayudar a reducir retrasos y facilitar la colaboración” –destaca OPS, y especifica: “El establecimiento de redes y la colaboración podrían facilitar la realización de ensayos clínicos grandes de alto impacto, así como incrementar la capacidad de investigación local”.
El objetivo es impulsar la colaboración científica con herramientas que abarcan desde el diseño conceptual hasta la innovación basada en inteligencia artificial, y transformar la investigación desde un enfoque reactivo, hacia la búsqueda de herramientas más proactivas y preventiva.