El descubrimiento y la aplicación pacífica de la energía nuclear es uno de los logros científicos y tecnológicos más importantes del siglo XX.
Las Academias Nacionales que subscriben esta declaración advierten que, en el momento actual y de acuerdo a los estatutos que las rigen y sus funciones específicas, es oportuna una clara toma de posición en esta materia, a fin de aportar elementos de juicio a los Señores Legisladores en su examen de estas cuestiones, y en general para ayudar a esclarecer la opinión pública, la cual está siendo confundida por campañas de agitación y propagación de temores, tan tendenciosas como infundadas desde el punto de vista de la seriedad científica.
Desde mediados del siglo que acaba de concluir la Argentina invierte importantes recursos para desarrollar la tecnología nuclear y aprovechar así nuestras reservas de uranio. La decisión del Gobierno de la República Argentina de crear la Comisión Nacional de Energía Atómica en 1950, ha convertido la Argentina en un país nuclear. Desde entonces científicos y técnicos argentinos se han capacitado en esta materia y, observados desde una perspectiva mundial, han alcanzado resultados de gran importancia. Existe en el país la capacidad técnica e industrial para diseñar y construir reactores nucleares, así como la de producir combustibles nucleares y demás insumos requeridos.
Muchas aplicaciones a la Medicina, a la Industria y al Agro, han sido desarrolladas en laboratorios argentinos. Somos exportadores de equipos, insumos y tecnología nuclear. Todo esto nos ha colocado en una posición de vanguardia en Latinoamérica. Para estas Academias Nacionales no constituye sorpresa que INVAP haya ganado una licitación internacional para construir un reactor nuclear de investigación en Australia, sino la confirmación de una trayectoria de excelencia tecnológica de nuestro país en esta área.
Estas Academias Nacionales desean señalar que estas actividades se desarrollan en nuestro país con riesgos mínimos para la población, con nivel de probabilidad de accidentes muy inferior a muchas otras actividades industriales no nucleares y con la correcta supervisión. Estiman oportuno destacar también la seriedad profesional y el alto nivel del organismo de control en lo nuclear, la Autoridad Regulatoria Nuclear de nuestro país, la cual es reconocida y respetada también en el ámbito internacional.
Los organismos responsables de las regulaciones nucleares han adoptado criterios muy severos para evaluar los posibles efectos perniciosos para la salud de la radiación nuclear, con un grado de cautela y de rigor muy superior al que se emplean en la consideración de otras actividades industriales. Sería deseable que se encararan criterios tan estrictos como los que rigen la actividad nuclear también en el caso de las poluciones nocivas generadas por las fábricas y los medios de transporte. No obstante, se ha inducido en la población no informada un exagerado temor acerca de los efectos de la radioactividad en dosis muy pequeñas.
Cabe recordar, a este respecto, que durante muchas décadas cientos de hospitales y clínicas del país han empleado las facilidades de la Medicina Nuclear y la Radioterapia para beneficio de la salud de la población. Material radiactivo, con actividades muy superiores a = la de los elementos combustibles con los que operará INVAP, se ha movido con seguridad por todo el país tras el objetivo Salud.