Benedict Carey
A todos se nos presentan todos los días muchas ocasiones en las que llegamos a maldecir por nuestra mala memoria, se trate de que no recordamos la nueva contraseña del cajero, una receta o el nombre de un viejo novio.
Sin embargo, olvidar es también una bendición. Este domingo un grupo de investigadores norteamericanos indicó en un estudio que la capacidad para bloquear determinados recuerdos reduce las exigencias para el cerebro cuando éste intenta recordar algo importante.
El estudio en cuestión, que apareció publicado en Nature Neuroscience, es el primero en registrar las imágenes visuales de los cerebros de las personas cuando están eliminando recuerdos peturbadores o molestos. Los investigadores observaron que cuando los participantes de este estudio eliminaban de manera eficiente las palabras irrelevantes durante un test de memorización, mayor era la baja de actividad en áreas del cerebro involucradas con el recuerdo.
Cuando eliminaban las irrelevantes, la tarea de recordar se volvía más fácil, en términos de cantidad de energía necesaria para hacerlo.
Los especialistas aseguran que bloquear un recuerdo molesto es algo parecido a ignorar a un viejo (y perturbador tal vez) conocido.
Los estudios recientes sugieren, de hecho, que el cerebro tiene sus "favoritos" en materia de recuerdos. Ignora a algunos para recordar mejor a otros.
"Desde hace tiempo, somos de la teoría de que el olvido es adaptable, que la gente inhibe de manera activa algunos recuerdos para facilitar su concentración tal como ocurre cuando intentamos recordar el nuevo número de teléfono de un amigo o el lugar en donde dejamos el auto en un estacionamiento", indicó Michael Anderson, profesor de Ciencias Cognitivas en la Universidad de Oregon, Estados Unidos.
Los investigadores que realizaron este nuevo estudio —neurólogos de la Universidad de Stanford, Estados Unidos— recurrieron a un test de la memoria destinado a medir qué tan bien puede la gente recordar palabras estudiadas de un total de varias similares que hayan visto.
Para ello, hicieron que 20 jóvenes, estudiantes de Stanford en su mayoría, vieran una lista de 240 pares de palabras. Entre ellas había 40 palabras en mayúscula que aparecían cada una de ellas junto a otras seis en minúscula. Por ejemplo: ATICO-tierra, ATICO-basura y así sucesivamente.
Luego de estudiar los pares, se pedía a los participantes que memorizaran tres pares de las palabras en mayúscula.
Los científicos medían la memoria de cada persona varias veces y notaban que sus niveles de precisión oscilaban entre un 30 y un 80 por ciento.
"La gente no recuerda contraseñas nuevas por la presencia molesta de otras viejas. Cuanto más pueda bloquear el cerebro a estos dígitos que perturban, más fácil le resultará recordar los nuevos", explicó el doctor Anthony Wagner, coautor de este estudio junto con Brice Kuhl, Nicole Dudukovic e Itamar Kahn.
TRADUCCION: Silvia S. Simonetti