Noticias médicas

/ Publicado el 16 de julio de 2006

Drama social

Odisea de una madre mexicana en Estados Unidos

Violó la ley para salvar la vida de su hijo

Lubbock Texas

Tiene un rosario cerca de su cabeza y una máscara de oxígeno que le cubre la boca y la nariz. Su pecho se agita con respiraciones rápidas. Al pie de la cama que alberga el frágil y casi inmóvil cuerpo de Luis Carranza, de ocho años, están adheridas las letras DNR, las iniciales en inglés que anuncian "No resucitar".

Durante meses Luis fue consolado por médicos y voluntarios del hospital en el que se encuentra en Lubbock, Texas. Su madre, Guadalupe Carranza, lo llevó ilegalmente a EE.UU. con la esperanza de encontrar ayuda médica que lo salvara del cáncer que padece. Se la dieron, pero después fue deportada a México.

Todo empezó hace un año y medio cuando Carranza supo que Luis tenía leucemia linfoblástica aguda, un cáncer de la sangre y la médula ósea. Le dijeron que en el hospital universitario de Lubbock podían atenderlo y hasta allí viajaron en micro.

Durante meses, madre e hijo viajaron entre la frontera y Lubbock para seguir el tratamiento de quimioterapia y radiación. En varias oportunidades, la madre soltera de 39 años, también viajó con sus otros dos hijos, Lourdes (6) y Tony (10). La familia se alojaba en el Hogar Ronald McDonald cerca del hospital. Y a veces, los hermanos de Luis se quedaban en El Paso con sus abuelos.

Viajaba siempre con temor a ser deportada por su condición de indocumentada. Pero sus faltas a varias citas médicas obligaron a la agencia estatal Servicios de Protección Infantil a denunciarla por negligencia médica.

En octubre, el juez Kevin Hart le sacó la custodia de Luis, Lourdes y Tony, y entregó a los chicos en adopción temporal, aunque le permitió compartir la custodia. Pero poco después, la mujer no se presentó a una audiencia judicial, fue descubierta por las autoridades de El Paso y la obligaron a volver a México.

En tanto, en el hospital, Luis se ganó el corazón de médicos y empleados. Pero el tratamiento le causó una recaída que le provocó nuevos ataques en enero. La quimioterapia y la radiación hicieron estragos en su sistema nervioso central que derivaron en un daño cerebral "terminal e irreversible", informó Melanie Oblender, una médica de Luis.

En febrero, el juez Hart ordenó colocar la leyenda DNR en la cama de Luis. Al final, mediante numerosas gestiones, la madre obtuvo en mayo una visa humanitaria por 60 días. Dicen los abogados del caso que ahora el chico tiene "un estado de paz en su cara que antes no tenía".