Un equipo del Instituto de Investigación del Hospital Universitario Vall d'Hebron, liderado por el Dr. Joan Montaner, ha publicado un estudio en "Stroke" que responde a la necesidad de disponer de una herramienta que ayude a determinar qué tipo de ictus experimenta un paciente y, en base a esa información, permita afinar al máximo el tratamiento, maximizando la eficacia y minimizando los riesgos y los efectos secundarios de medicaciones que podrían no ser necesarias.
El equipo del Dr. Montaner, ha apostado por una línea de investigación que permita a corto plazo pruebas analíticas, rápidas y sencillas, que discriminen entre un determinado tipo de ictus y otro, y que, incluso en el futuro, puedan utilizarse en la atención extrahospitalaria o en la primera atención de urgencias, con la misma facilidad y rapidez con la que se miden los niveles de azúcar.
Todos los especialistas coinciden en que la posibilidad de hacer un diagnóstico inicial muy precoz del ictus y de descartar otros problemas que lo pueden parecer (tumores, crisis epilépticas, etc.) es fundamental para iniciar un tratamiento lo más precoz posible y conseguir así la recuperación del paciente minimizando el daño neuronal. Se trata de un gran reto y en esta línea trabaja el equipo del Dr. Montaner. De todos los pacientes que acuden a urgencias con una sintomatología sospechosa de ictus, el 80% se confirma y el 20% no. Para gestionar correctamente los recursos sanitarios y poder derivar a un gran hospital a los pacientes que lo necesitan, así como instaurar un tratamiento en el lugar donde el paciente experimenta el ictus, se necesita un marcador que lo diagnostique casi inmediatamente. Trabajando en esta línea, este grupo ha encontrado marcadores interesantes que permiten saber que el coágulo que está ocluyendo una arteria del cerebro y que está causando un ictus, se origina en el corazón.
Nuevos marcadores
Saber de qué tipo de ictus se trata condicionará el tratamiento que se administra a continuación para evitar un segundo episodio, algo que ocurre con mucha frecuencia. El equipo barcelonés ha encontrado unos marcadores, concretamente el D-Dímero y el BNP que, medidos en la sangre mediante una sencilla analítica en urgencias, pueden clasificar el ictus como cardioembólico.
Los autores explican que los ictus isquémicos pueden ser cardioembólicos (un problema cardíaco genera un coágulo que a modo de émbolo queda parado en una arteria cerebral), a causa de una ateromatosis extra o intracraneal y también los llamados ictus lacunares (por afectación de las pequeñas arterias cerebrales). A menudo, diferenciar entre los dos principales tipos (cardioembólico o ateromatoso) es difícil y en muchos casos no se llegan a aclarar las causas, a pesar de realizar las pruebas diagnósticas habituales. Entonces es cuando al paciente se le diagnostica un ictus de origen indeterminado, primero porque se puede encontrar ateromatosis en cualquier paciente y no forzosamente estar relacionada con el ictus y, por otro lado, porque el origen cardíaco de un ictus a menudo está causado por una arritmia que, si el paciente no la padece en el momento exacto del ingreso a urgencias, puede tardar días en ser diagnosticada.
El tratamiento de estos dos subtipos etiológicos de ictus (antiagregación frente a anticoagulación) es muy diferente y, a la vez, no exento de riesgos. Por lo tanto es muy importante afinar en el diagnóstico. "En el 85-95% de los ictus de origen cardioembólico seremos capaces de evitar otro utilizando Sintrom como prevención secundaria. A la vez, el Sintrom es conocido por todos como una medicación delicada que necesita un control muy preciso y que implica un riesgo de hemorragia debido a la descoagulación del paciente. Es tan importante administrar el fármaco a quien lo necesita, como no hacerlo a quien no lo necesita. De manera que hacer el diagnóstico etiológico correcto es fundamental", señalan los autores.
Demuestran que en los pacientes con un ictus isquémico de origen cardioembólico, los dos marcadores citados -D-Dímero y BNP- están elevados de manera muy significativa, desde el mismo momento de la llegada del enfermo a urgencias.
