Medical News

/ Published on May 22, 2006

Investigación

Nuevo avance argentino contra la tuberculosis

En la Universidad nacional de Rosario

Bioquímicos de la UNR avanzan en la lucha contra esta enfermedad que produce 2 millones de muertes al año en todo el mundo. A través de la microbiología detectaron la forma de poder desarrollar a futuro fármacos para combatir la bacteria causante del mal

Un grupo de investigadores del Instituto de Biología Molecular y Celular (IBR), dependiente de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) acaba de lograr avances en el área de microbiología que permitirían a futuro desarrollar fármacos para combatir la bacteria causante de la tuberculosis, una enfermedad que produce al año unas dos millones de muertes en todo el mundo.

Tal como dio a conocer la casa de altos estudios santafesina, los científicos encontraron una droga que podría en algún momento ser utilizada como base para el desarrollo de nuevos antibióticos que pongan un coto a la acción del Mycobacterium Tuberculosis, el agente causante de este mal.

Se cree que un tercio de la población mundial está infectada por este tipo de bacteria, pero su sistema inmune lo mantiene restringido o en dormancia, por lo cual no sería una célula activa. Además, cada año se producen ocho millones de nuevos portadores.

En este sentido, según indicó en un informe la UNR, la bacteria puede permanecer latente en el organismo durante un largo periodo, hasta que una disminución de las defensas le de la oportunidad de multiplicarse y producir los síntomas de la enfermedad. Sería el caso por ejemplo de pacientes con HIV, o de aquellos que reciben tratamientos supresores para transplantes.

Sobre la base de este funcionamiento, el equipo de especialistas liderado por Hugo Gramajo detectó un nuevo blanco de acción de antibióticos, "algo que es esencial para un microorganismo que tiene que ver con la síntesis de lípidos de la envoltura externa del mycobacterium", contó el científico en diálogo con la publicación El Periódico Digital de la UNR.

Tal como explicó este investigador, "una vez identificado ese blanco de acción, cristalizamos la proteína y buscamos mediante softwares, compuestos que se puedan pegar a los sitios activos de esa proteína. Así encontramos algunos candidatos que se pegan a ella e inhiben el crecimiento de mycobacterium. Sin embargo, eso no quiere decir que hayamos descubierto un antibiótico para uso humano", aclaró.

Los avances de estos investigadores revisten importancia dado que en el tratamiento contra la tuberculosis no se produce desarrollo de nuevas drogas desde hace 40 años y hay mucha generación de resistencias a los mismos.

De ahí que el descubrimiento de nuevos fármacos es de vital importancia a fin de inhibir el crecimiento de estas bacterias patógenas. Sin embargo, pese al significativo número de personas que padecen esta enfermedad, para las grandes empresas farmacéuticas, la subvención para la búsqueda de nuevos antibióticos no parece ser un negocio atractivo, pese a que la mayor cantidad de enfermos por tuberculosis se localiza en los países más pobres del mundo.

Según Gramajo, este descubrimiento "es un aporte al conocimiento en general y abre una pequeña puerta al desarrollo de inhibidores específicos".

Para el investigador hay varios factores que hay que tener en cuenta a fin de que una droga o inhibidor pueda ser convertido en antibiótico. El hallazgo del grupo del IBR constituye una base para entender que esa proteína es un buen blanco de acción para el diseño de posibles antibióticos.

"Lo que es interesante -sugirió el docente de la Facultad de Ciencias Bioquímicas- es que el tipo de enzima a la cual atacamos es distinta a la que tienen humanos y a la que tienen otras bacterias. La estructura es diferente, por lo cual uno puede especular que si encuentra inhibidores frente a ella, serían bastante específicos y no tendría tanta toxicidad para humanos".

Para los investigadores, el problema de muchos antibióticos radica en que son inespecíficos, es decir pueden atacar tanto a las bacterias como a las células mamíferas. "Entonces uno tiene que jugar ahí con lo que es toxicidad y acción de los antibióticos como tal. Si uno puede reducir a eso, tiene mejores chances de utilizar concentraciones más altas para matar el microorganismo", relató Gramajo.

Los resultados de esta investigación, fueron publicados en la prestigiosa revista Proceedings of the Nacional Academy of Sciences de los Estados Unidos. El grupo rosarino trabajó en colaboración con un grupo de la Universidad de Irving, California. Mientras que el primero realizó la parte genética y bioquímica de la investigación, el segundo trabajó sobre la cristalización de la proteína.

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