Dentro de estas estrategias, el Dr. J.F. San Miquel, del Servicio de Hematología del Hospital Universitario de Salamanca ha destacado, en primer lugar, la aplicación de altas dosis de quimioterapia con el propósito de minimizar la resistencia del tumor a los fármacos. En segundo lugar, la puesta en marcha de estrategias inmunológicas, como el empleo de vacunas y la infusión de linfocitos del donante en el contexto del trasplante no mieloablativo. Y por último, el desarrollo de nuevos fármacos que actúen no solo frente a la célula tumoral, sino también en las interacciones entre la misma y el micromedioambiente. El experto ha señalado que estas interacciones son básicas para el crecimiento y la supervivencia de la célula neoplásica, así como para el desarrollo de resistencia a fármacos y destrucción ósea.
En la actualidad, se dispone de una amplia información sobre trasplante y nuevos fármacos que permite albergar grandes esperanzas sobre el futuro de los enfermos con mieloma múltiple, centrándose estas novedades en sustancias como la talidomida, los análogos de la talidomida, inhibidores de proteasomas, el ácido arsénico, y otros potencialmente útiles como los inhibidores de la farnesil transferasa, los metabolitos del estradiol, los receptores TRAIL, los inhibidores de los factores de crecimiento endotelial vascular y, muy especialmente, imatimib mesilato.
En adelante, la investigación se va a centrar, fundamentalmente, en el desarrollo de nuevas moléculas y en la optimización de combinaciones a partir del arsenal terapéutico disponible. Los ensayos deberán llevarse a cabo sobre grupos de enfermos homogéneos en cuanto a su pronóstico, pues así se podrá definir qué poblaciones de enfermos van a verse más beneficiadas de cada tratamiento y, al mismo tiempo, se evitarán toxicidades injustificadas.
De igual forma, el empleo de técnicas de microarrays (farmacogenómica) va a suponer un avance significativo en este campo, y se convertirá en una herramienta imprescindible. No obstante, a la espera de que esta nueva tecnología se desarrolle y consolide, es fundamental seguir recurriendo a la categorización pronóstica de los enfermos con mieloma. De entre los múltiples factores pronósticos que se han descrito en la literatura científica, tres son los determinantes: aquellos que derivan de las características del enfermo (edad y estado general); los que derivan de las características de la célula tumoral; y los indicadores de masa tumoral y metabolismo.
En la actualidad, la determinación de todos estos parámetros no puede pasarse por alto, no sólo para poder informar al paciente sobre su pronóstico, sino también para establecer el beneficio específico de los nuevos tratamientos. Una vez más, el enriquecimiento recíproco entre clínica y biología se hace patente, y si los conocimientos básicos están siendo clave a la hora del desarrollo de nuevos fármacos, no es menos cierto que el conocimiento de la respuesta a los mismos abre las puertas a nuevas vías de investigación sobre la patogenia de la enfermedad.
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