Excelente y provocador artículo del Dr. Crosio. Y sí, la salud es hoy un mercado (bien lucrativo para algunos) y cada protagonista compite por imponerse. Y sí, la población está medicalizada. Y sí, estamos rodeados de tecnología. Podemos enojarnos o patalear. Es así. Solo podemos aceptarlo y guiar a nuestros pacientes lo mejor posible, sin criticar sus creencias.
Considero importante hacer una distinción entre patologías agudas y crónicas. Las llamadas “pseudociencias” o “alternativas” no tienen cabida en los procesos agudos. A nadie en sus cabales que cursa un IAM o un ACV se le va a ocurrir recurrir al homeópata o al ChatGPT. Va a llamar a una ambulancia. Los avances de la medicina en este sentido son indudables.
El problema surge con los malestares inespecíficos y con las patologías crónicas, en especial las no transmisibles, a las que la medicina se esfuerza por abordar con los mismos razonamientos de causa-efecto y, por supuesto, con medicamentos. Proponemos cambios en el estilo de vida, pero no decimos cómo sostenerlos en el tiempo, simplemente porque no lo sabemos. Y el cambio de hábitos está atravesado por las emociones, nos guste o no, como bien lo demuestran las neurociencias. Además, denostamos y culpamos al que no adhiere a nuestra propuesta terapéutica o preventiva: Es un ignorante. Y los pacientes perciben ese desprecio. La lógica mecanicista que usa la medicina actual ya no funciona. Nos centramos en el cuerpo, en lo tangible, ignorando que el ser humano es un ser emocional. Todas nuestras decisiones tienen base emocional, aunque busquemos adjudicarle racionalidad. Nuestra medicina deja de lado el cerebro reptiliano y límbico que todos llevamos, creyendo que solo usamos el neocórtex y que modificando tal o cual molécula, ayudaremos al paciente. Pero no. Estamos errando. Al dejar un enorme espacio vacío en nuestro abordaje, lo llenan improvisados oportunistas. Es nuestra responsabilidad.
En un sistema fragmentado como en el que vivimos, un paciente con DBT, HTA y EPOC puede ser polimedicado con más de 10 fármacos para los cuales “hay evidencias”. Muy pocos se molestan o invierten tiempo en revisar tratamientos y en deprescribir cuando es necesario y ajustar la terapéutica al paciente que tienen delante. Hay guías clínicas que nos orientan, pero bajo ningún concepto son mandatarias en Occidente (aunque sí en Rusia, por ejemplo). Además, no todas las Guías Clínicas están elaboradas con transparencia. Sabemos que los conflictos de interés en sociedades científicas y en entidades reguladoras están a la orden del día, por lo que el fundamentalismo evidencista enfrenta un serio problema. Una p menor de 0,001 solo habla de significación estadística. Nada dice de la magnitud del efecto (más allá del efecto placebo que es claramente emocional).
Ya cerca de cumplir mi séptima década de vida, y habiendo aprendido a auscultar con pañoleta, hay hábitos que jamás abandoné, como la semiología, el trato respetuoso, cercano y cordial. Hace unos veinte años dejé de usar el guardapolvo blanco porque me distanciaba de los pacientes. Fui despedida de una prepaga por no atender 18 pacientes en una hora. Con suerte veía tres. Puedo decir que elegí ejercer bajo mis términos esta profesión que adoro.
Leí en un comentario del artículo del Dr. Crosio que “los pacientes hacen lo que quieren”. Y sí, colega. Es lo que corresponde. El paternalismo solo nos aleja de ellos, es propio de una medicina soberbia que afortunadamente está desapareciendo, o eso espero. Las personas tienen el derecho de vivir su vida como mejor les plazca y de consultar a quien se les ocurra. Los médicos perdemos autoridad justamente si no respetamos esa premisa. Cada paciente es dueño de su vida y es su derecho vivirla como se le dé la real gana. Solo podemos hacer recomendaciones y ayudar cuando es posible. Acompañar, siempre.
*Dra. Marisa Beatriz Maiocchi. Médica especialista en Clínica Médica. Periodista avalada por .