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| Las personas que viven con virus de inmunodeficiencia humana tuvieron dificultades para construir una narración detallada, precisa y coherente. Nuestro modelo de aprendizaje automático, objetivo y escalable, logró captar esas diferencias. Con esta herramienta buscamos facilitar el cribado para mejorar el acceso a la salud cerebral. |
Contar lo que nos pasa es central en nuestra comunicación cotidiana. Al conversar con compañeros, amigos, parejas o familia ponemos en juego numerosas capacidades cognitivas. Aquí son clave las funciones ejecutivas, para organizar y jerarquizar la información; las funciones lingüísticas básicas, para expresarla; y, más aún, la memoria episódica, sistema que nos permite recordar correctamente los eventos que queremos compartir. Naturalmente, por la importancia de la memoria episódica en nuestras vidas, las tareas de re-narración de historias son pieza clave de cualquier evaluación neurocognitiva. Ahora bien, ¿las estamos aprovechando al máximo?
Desde el CNC, creíamos que no. Las evaluaciones clásicas de memoria episódica solo consideran cuánta información recordamos. Ese abordaje es útil, pero omite qué recordamos y cómo lo expresamos. Esa información podría ser clínicamente valiosa. En particular, podría ser útil para evaluar el deterioro cognitivo en personas que viven con virus de inmunodeficiencia humana (VIH), condición que afecta al sistema nervioso central y altera la memoria episódica y las funciones ejecutivas. En este contexto, nos preguntamos si es posible ir más allá de cuánto se recuerda, si es posible captar cómo se construye la historia y así detectar alteraciones cognitivas sutiles.
Para nuestro estudio reunimos 92 participantes: 50 personas con VIH y 42 personas sin VIH, que re-narraron una historia típicamente utilizada en este tipo de evaluaciones. Gracias a herramientas de procesamiento de lenguaje natural, un conjunto de técnicas informáticas que automatizan el análisis de textos, extrajimos características de la historia original y las comparamos con cada re-narración en términos de su verbosidad (qué cantidad y tipo de palabras utilizaban), su precisión semántica (qué tan fielmente usaban conceptos presentes en la historia original), y su similitud organizacional (qué tan parecido ordenaban la información).
Luego, comparamos a ambos grupos con modelos de estadística inferencial y de aprendizaje automático para determinar qué características del discurso podrían diferenciarlos.
Encontramos que, en promedio, las personas con VIH usaron menos sustantivos, fueron menos precisos a nivel semántico y organizaron peor el discurso. Nuestro modelo de aprendizaje automático tuvo un área bajo la curva ROC de 0.70, lo que indica una buena capacidad para distinguir entre personas con y sin la condición. Estos hallazgos sugieren que las personas con VIH tienen dificultades al procesar conceptos, especialmente entidades, que se traduce en una menor cantidad de información y un menor nivel de detalle en la re-narración de la historia. Además, tienen marcadas dificultades para organizar la información de la historia, con frecuentes repeticiones y reorganizaciones, lo que se refleja en un discurso menos coherente.
En conclusión, nuestro estudio muestra que el VIH no solo entraña dificultades en la cantidad de información recordada, sino también en el tipo de información recordada y en su modo de expresarla. Además, estas alteraciones multidimensionales y variadas pueden captarse con herramientas automatizadas. Para el profesional de salud, esto tiene un potencial enorme. Las herramientas automatizadas arrojan resultados rápidos, objetivos y reproducibles. Además, estos análisis pueden realizarse de forma remota, por lo que podríamos alcanzar a personas de localidades usualmente inaccesibles. Estas características, incorporadas en aplicaciones de análisis automatizado del habla ya existentes, como nuestro Toolkit to Examine Lifelike Language, nos permitirían hacer cribados más informativos que, a su vez, sirvan para diseñar evaluaciones neurocognitivas más personalizadas. Para pacientes y cuidadores, esto podría llevar a evaluaciones más sensibles, que detecten cambios sutiles y que mejoren el seguimiento del tratamiento.
Este estudio, liderado por Lucas Sterpin y dirigido por Lucía Amoruso y Adolfo M. García, es el resultado de una colaboración entre el CNC, la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, y el Hospital Dr. Diego Thompson. Desde el CNC, participamos Lucas F. Sterpin, Camilo Avendaño Avello, Jeremías Inchauspe, Gonzalo Pérez, Franco J. Ferrante, Agustina Birba, Lucía Amoruso y Adolfo M. García. Con este trabajo buscamos aportar nuevas herramientas que faciliten el trabajo clínico y mejoren el acceso a la salud cerebral.
| Autores: |
Lucas F. Sterpin
Centro de Neurociencias Cognitivas, Departamento de Ciencias de la Vida y el Comportamiento, Universidad de San Andrés (CNC, UdeSA), Victoria, Buenos Aires, Argentina.
Adolfo M. García
Centro de Neurociencias Cognitivas, Departamento de Ciencias de la Vida y el Comportamiento, Universidad de San Andrés (CNC, UdeSA), Victoria, Buenos Aires, Argentina.
Global Brain Health Institute, University of California San Francisco, San Francisco, EE.UU.
Departamento de Lingüística y Literatura, Facultad de Humanidades, Universidad de Santiago de Chile, Santiago, Chile.
