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/ Published on December 4, 2007

Proceedings of the National Academy of Science

No se divorcie... por el bien del planeta

Mientras viven bajo el mismo techo, los integrantes de una pareja ocupan menos espacio y consumen menos energía y agua que cuando se mudan a propiedades separadas.

Por Nora Bär

La reunión que por estos días congrega a más de 15.000 diplomáticos, científicos, premios Nobel y activistas del ambientalismo en la isla de Bali, Indonesia, podría hacer más mal que bien, afirman los críticos de estas monumentales convenciones que parecen sucederse cada vez más frecuentemente. Según estimaciones de las Naciones Unidas publicadas por The New York Times , durante los 12 días de conferencias en este idílico destino turístico, donde las playas de arenas blancas se alternan con fantásticos arrecifes de coral, se emitirán 47.000 toneladas de dióxido de carbono y otros contaminantes, mayormente debidos a los vuelos aéreos que transportan a los participantes y a "la electricidad que consumirán los acondicionadores de aire de hoteles cinco estrellas rodeados de palmeras". La cifra representa una cantidad de emisiones equivalentes a las que inyecta en la atmósfera la ciudad francesa de Marsella en un solo día.

Es más, algunos creen que el balance de emisiones al final de estas dos semanas podría ser aún peor y que duplicaría estos cálculos. En ese caso, la cantidad de gases de efecto invernadero emitidos podría equiparar las que libera un país africano como Chad... en un año.

En las conversaciones de Bali se escuchan palabras como deforestación, transferencia de tecnología, bonos de carbono y estrategias de desarrollo limpio. Pero los representantes de los 190 países que intervienen seguramente pasarán por alto un factor que parece incidir más de lo imaginable en el descalabro climático que nos preocupa: el divorcio.

Según un trabajo que acaba de publicarse en la revista científica norteamericana Proceedings of the National Academy of Science , la creciente ola de separaciones que se registra en todo el mundo está teniendo un impacto enorme en el medio ambiente.

Los autores del estudio que se realizó en 12 países, Jianguo Liu y Eunice Yu, de la Universidad Estatal de Michigan, constataron algo que es muy fácil de percibir: mientras viven bajo el mismo techo, los integrantes de una pareja ocupan menos espacio y consumen menos energía y agua que cuando se mudan a propiedades separadas.

"Individualmente, los divorciados consumen más", afirman Liu y Yu. Ellos calcularon, por ejemplo, que en 2005 en los Estados Unidos podrían haberse ahorrado 2850 billones de litros de agua, 38 millones de habitaciones y 734.000 millones de kilowatts por hora de electricidad si nadie se hubiera divorciado. Ese mismo año, las familias divorciadas consumieron 46% más de electricidad y 56% más de agua por persona que si hubieran permanecido unidas.

Es más, todo indica que el problema va en aumento. Según las estimaciones que presentan los científicos, entre 1970 y 2000 los divorcios aumentaron tanto en los Estados Unidos (donde se triplicaron y actualmente el 15% de los hogares corresponde a matrimonios separados) como en China.

"El divorcio incrementa el consumo de recursos cada vez más limitados", advierten Liu y Yu, y hacen notar que por esa causa también se multiplica la producción de residuos sólidos, líquidos y gaseosos.

De modo que si no nos retienen ni el amor, ni las creencias religiosas, ni la cuenta bancaria, ni la incomodidad de tener que mudarse y dividir la biblioteca, al menos preservemos la familia... ¡por el bien del planeta!

Por Nora Bär
ciencia@lanacion.com.ar 
 

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