ATENAS, Grecia.- Atracones, ejercicio en exceso, vómitos autoinducidos, uso de laxantes: uno de cada cuatro chicos y adolescentes argentinos con diabetes padece un trastorno de la alimentación que escapa a la vista de sus padres y, muchas veces, de sus médicos. Es más: algunos usan menos insulina de la que necesitan para tratar de bajar de peso, lo que lleva al fracaso del tratamiento y al riesgo de complicaciones.
"Los trastornos de la alimentación, en especial los llamados «no específicos», como los atracones, son mucho más frecuentes en los chicos y adolescentes diabéticos tipo I que en la población pediátrica no diabética", dijo la doctora Carmen Mazza, jefa de Nutrición del Hospital Garrahan y presidenta de la Sociedad Argentina de Diabetes, tras presentar ayer los resultados del estudio en 270 menores diabéticos.
El trastorno más frecuente observado en ellos, que deben inyectarse diariamente insulina para mantener sus niveles de glucosa en sangre dentro de valores normales, fueron los atracones: "Se caracteriza por comer en forma compulsiva -explicó la doctora María Laura Eandi, coordinadora del Comité de Pediatría de la Sociedad Argentina de Diabetes-. Son chicos que en ciertas circunstancias no pueden dejar de comer y comen a escondidas".
Sin embargo, de todos los trastornos observados en esta población el que más asusta es la reducción del uso de insulina. "Aproximadamente, el 15% de los chicos y adolescentes con trastorno de la alimentación se inyectaba dosis menores de insulina de las necesarias en un intento por bajar de peso", comentó la doctora Mazza.
Lo que debe quedar en claro es que, en las personas con diabetes tipo I, la insulina no conlleva un aumento de peso patológico, sino que en todo caso permite que el paciente recupere el peso perdido por la enfermedad, hasta alcanzar su peso normal. En los menores de 18 años, el tipo I representa el 95% de los casos de diabetes. Por otro lado, el estudio mostró también que son las chicas con diabetes, en especial las más excedidas de peso, las más propensas a padecer estos trastornos de la conducta alimentaria.
"Diversos estudios han sugerido que los trastornos de la alimentación son más frecuentes en los chicos con diabetes ya que están sometidos a una presión permanente relacionada con la comida y con los tratamientos que, en algunos casos, conllevan un leve aumento de peso [siempre dentro de parámetros normales] -comentó Mazza-. Son factores que los hacen más vulnerables a los trastornos de la alimentación."
Para confirmar esta hipótesis en la población pediátrica argentina, Mazza y sus colegas realizaron un estudio que abarcó 13 centros especializados en diabetes del país. Los participantes debieron responder un cuestionario con 40 preguntas especialmente formuladas para detectar trastornos alimentarios ocultos. Así, los investigadores hallaron que el 26% presentaba conductas sospechosas; una segunda evaluación confirmó que el 95% efectivamente se asociaba con dichos trastornos.
Mas allá de los atracones que encabezaron el ranking, los otros trastornos observados fueron: práctica excesiva de ejercicio (27%), uso de insulina menor del necesario (15%), vómitos autoinducidos (10%) y uso de laxantes (2%). Vale aclarar que el estudio excluyó a aquellos chicos con diabetes que tenían trastornos alimentarios previamente diagnosticados, como la anorexia.
"Los pediatras que trabajamos en diabetes debemos estar muy alertas con los pacientes tipo I, ya que pueden manifestar estos desórdenes de una manera subclínica [no evidente]. Si no se emplean herramientas específicas es muy probable que no sean detectados, lo que puede llevar a un aumento del riesgo de complicaciones, como la retinopatía diabética", que puede devenir en ceguera, concluyó Mazza.
Por Sebastián A. Ríos
Enviado especial
En 2006 llega una nueva insulina
Reduce cuadros de hipoglucemia y evita el aumento de peso
ATENAS, Grecia (De un enviado especial).- En los primeros meses de 2006 llegará a la Argentina una nueva insulina que promete superar los efectos secundarios más temidos de las insulinas conocidas. Se trata de detemir, un análogo que reduce a la mitad los episodios de hipoglucemia y el aumento de peso asociado con el uso de esa hormona en pacientes con diabetes tipo II.
"Muchos temen tener que usar insulina porque les tienen miedo a esos episodios y a subir de peso. Esto hace que sus médicos tarden más de lo debido en indicar su uso", señaló el doctor Alberto de Leiva, profesor de la Universidad Autónoma de Barcelona, España, durante un simposio organizado por el laboratorio Novo Nordisk, en esta 41a Reunión Anual de la Asociación Europea para el Estudio de la Diabetes.
"Una de las principales ventajas de esta nueva insulina es que su absorción en el organismo es menos variable, comparada con las insulinas con que contamos hoy y que tienen hasta un 70% de variabilidad. Al permitir que las células reciban una cantidad de azúcar más pareja, sobre todo a la noche, el paciente tiene menos episodios de hipoglucemia", dijo a LA NACION el doctor Mauricio Jadzinsky, consultor de la Unidad de Nutrición del Hospital Durand.
"La hipoglucemia es mucho más que niveles de azúcar en sangre muy bajos; los episodios causan pánico y angustia a los pacientes, a tal punto que hacen que quieran dejar de inyectarse la insulina", agregó Jadzinsky, que participó de los ensayos clínicos. Al ser más predecibles sus efectos metabólicos, completó, "detemir permite que con cada inyección la respuesta sea la misma".
"Uno de los principales factores que limitan el éxito de las terapias de insulina es la relación inversa entre la mejora del control de la glucemia y la tolerancia del tratamiento, en tanto que a medida que se intensifica el uso de insulina [los pacientes con diabetes tipo II] suelen incrementar su peso", dijo la doctora Petra Shumm-Draegerm, del Hospital de Enseñanza Académica de Munich-Bogenhausen, Alemania.
"A diferencia de otras insulinas basales, detemir provoca una mínima ganancia de peso, si es que la hay", agregó. Otros estudios presentados muestran que a mayor índice de masa corporal del paciente, menor ganancia de peso: quienes usaron insulina NPH engordaron 2,8 kilos en 24 semanas, mientras que los que utilizaron detemir, sólo aumentaron 1,2 kilos.
"El aumento de peso en un paciente con diabetes tipo II se traduce en una menor efectividad de la insulina, lo que obliga a usar mayores dosis", comentó Jadzinsky. Al limitar ese aumento, detemir ayuda a quebrar el círculo vicioso en el que suelen quedar atrapados muchos pacientes.