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/ Publicado el 10 de marzo de 2026

Percepciones

Neurodivergencia: mayor reconocimiento y deudas en la escuela

Qué entiende la población sobre la diversidad neurológica y cómo evalúa la respuesta del sistema educativo.

Fuente: Centro de Investigaciones Sociales UADE

La neurodivergencia ya está en casa, pero aún es un territorio desconocido. Si bien 6 de cada 10 personas conviven de cerca con niños o adolescentes neurodivergentes, solo 3 de cada 10 dicen entender realmente de qué se trata. La experiencia cotidiana no alcanza para derribar el desconocimiento.

No crece la neurodivergencia, sino la capacidad para reconocerla. Para la mayoría, el aumento de alumnos neurodivergentes en las aulas, más que un “fenómeno nuevo”, corresponde a una sociedad que detecta mejor lo que antes pasaba desapercibido.

La inclusión avanza más rápido en el discurso que en las aulas. Ocho de cada diez personas creen que las escuelas están poco o nada preparadas para incluir. La diversidad es reconocida, pero el sistema educativo funciona todavía con reglas pensadas para la homogeneidad.

La escuela se ha convertido en el primer espacio institucional donde la exclusión de las personas neurodivergentes toma forma. Cuando no reconoce, acompaña ni remueve barreras desde el inicio, transforma la diversidad en desventaja y sella trayectorias educativas, sociales y laborales marcadas por la desigualdad.

La evaluación del rol docente es ambigua: hay reconocimiento del esfuerzo, pero también una sensación extendida de falta de herramientas, formación y apoyo institucional para responder al desafío de la neurodiversidad.

El contacto, la sensibilidad y el diagnóstico crecieron. Las prácticas inclusivas, no al mismo ritmo. El gran desafío pendiente es cerrar la brecha entre saber que la diversidad existe y construir escuelas que pasen del reconocimiento a la acción.

La neurodivergencia parte de una idea simple y terminante: no todos los cerebros funcionan de la misma manera, y esa diversidad es parte natural de la condición humana. El término “neurodivergencia” engloba a personas cuyos modos de aprender, procesar información, comunicarse o relacionarse con el entorno se apartan de lo considerado “típico”, como ocurre en el autismo, el TDAH, la dislexia o la dispraxia, entre otros.

Lejos de definir déficits o fallas, la neurodivergencia propone mirar estas diferencias como variaciones neurológicas que atraviesan niños y adolescentes en su vida cotidiana, especialmente en la escuela, donde el desafío es construir entornos capaces de incluir distintas maneras de pensar, sentir y aprender.

El Centro de Investigaciones Sociales (CIS) de UADE llevó adelante un estudio de opinión pública a nivel nacional con el propósito de relevar percepciones, opiniones y niveles de conocimiento de la población en torno a las distintas formas de neurodivergencia presentes en niños y adolescentes, tales como el trastorno por déficit de atención e hiperactividad, el espectro autista, la dislexia, la dispraxia o el trastorno del procesamiento sensorial, entre otros.

Para ello, se consideró la influencia de diversos factores, como el género, la edad, los niveles socioeconómico y educativo, la localidad de residencia, la situación laboral, la conformación familiar y su posible planificación. En todas las preguntas se abordaron análisis detallados sobre los resultados de grupos sociodemográficos segmentados por distintas variables. El trabajo de campo se realizó durante la primera quincena de julio de 2025 a partir de encuestas online, sobre un total de 1028 casos.

A partir de los resultados, el estudio revela que la neurodivergencia ya no es un fenómeno lejano para la mayoría de la sociedad: 6 de cada 10 personas afirman conocer a algún niño o adolescente con alguna forma de neurodivergencia, ya sea dentro de su familia o en su círculo cercano. No obstante, ese contacto directo no siempre se traduce en información: solo 3 de cada 10 encuestados declaran tener mucho o bastante conocimiento sobre la neurodivergencia en el ámbito educativo, mientras que el 70 % reconoce saber poco o nada, especialmente entre hombres, mayores de 50 años, personas con menor nivel educativo y sectores socioeconómicos bajos.

En relación con la evolución del fenómeno, más de la mitad de los consultados percibe que en los últimos cinco años aumentó la cantidad de alumnos con neurodivergencias en las escuelas. Esta percepción está mayormente asociada a una mayor capacidad de detección y diagnóstico, explicación señalada por 6 de cada 10 personas que observan ese incremento. En menor medida, un 18 % lo atribuye a factores sociales o ambientales, mientras que una proporción más reducida considera que los casos se estabilizaron o disminuyeron.

El relevamiento también pone el foco en el sistema educativo y su capacidad de respuesta. Ocho de cada 10 consideran que las escuelas están poco o nada preparadas para incluir alumnos con neurodivergencias, y solo un 12 % evalúa positivamente su nivel de preparación.

La mirada sobre el rol docente resulta más matizada: 3 de cada 10 personas valoran de manera positiva el trabajo de los educadores, aunque un porcentaje significativo lo califica como regular o negativo, y casi una cuarta parte admite no contar con una opinión formada.

Sobre la temática, actualmente en las redes sociales vibra una realidad cotidiana: la neurodivergencia está presente en las aulas, pero el sistema educativo aún responde con herramientas limitadas. En general, las opiniones expresan que la escuela no logra ser el primer espacio de reconocimiento y acompañamiento. Que las diferencias dejan de ser una riqueza y comienzan a transformarse en desigualdades persistentes. Y también aparece con claridad en las corrientes de opinión que esa deuda inicial se arrastra, profundiza y condiciona el proceso educativo en la totalidad de su trayecto.

“Los datos muestran una realidad que nos atraviesa: la neurodivergencia está presente en la vida cotidiana, pero aún encuentra respuestas limitadas dentro del sistema educativo. Esta distancia no se agota en la experiencia escolar” – señala Juana Jurado, directora de la carrera de Psicología de UADE. “Cuando la escuela no logra constituirse como un primer espacio de reconocimiento y acompañamiento, las barreras tienden a sostenerse en el tiempo e impactan en las trayectorias educativas y laborales”, continúa. Y agrega: “Avanzar hacia una inclusión efectiva implica identificar y remover esas barreras a tiempo, antes de que las diferencias se conviertan en desigualdad".

En conjunto, los datos evidencian un avance en la visibilización del tema, pero también subrayan la persistencia de desafíos estructurales para lograr una inclusión y efecto reparador efectivo en las aula.

 

 


Fuente:

CIS (2025). Informes de Opinión Pública CIS UADE. La neurodivergencia en la mirada social: conocimiento, creencias y percepciones sobre el ámbito educativo. Centro de Investigaciones Sociales (CIS). Fundación UADE. Voices Research and Consultancy. Noviembre 2025.