Noticias médicas

Publicado el 25 de marzo de 2006

Mientras recibía el transplante.

Murió Rodrigo, el nene del corazón artificial

Había recibido un dispositivo Berlin Heart como puente hasta el transplante.

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A las 11.15 de ayer, y luego de quince horas en el quirófano, Rodrigo Bueno dijo basta y se fue. Tenía sólo seis años, y pese a los indecibles esfuerzos del equipo médico, su cuerpito rechazó un nuevo corazón, que había viajado desde el norte argentino sólo para él.

Así terminó un proceso iniciado hacía dos años, con una grave enfermedad cardíaca —una miocardiopatía dilatada— que lo obligó a viajar con su familia desde la hoy tristemente famosa ciudad santacruceña de Las Heras.

Internado en el Hospital Juan P. Garrahan, Rodrigo había sido operado el 16 de marzo, por los doctores Horacio Vogelfang y Gerardo Naiman, jefe y subjefe, respectivamente, del equipo de transplante cardíaco del Garrahan.

Entonces se le había colocado un corazón artificial de fabricación alemana, capaz de funcionar sin necesidad de extraer el corazón del paciente. Gracias a éste, pudo soportar la espera de otras dos semanas hasta la aparición de un corazón de verdad, compatible con Rodrigo, aparecido el último viernes. Y que diera inicio al operativo quirúrgico, iniciado el viernes a las 18 por el mismo equipo médico.

El diagnóstico inicial de la muerte es "por fallo primario del injerto", es decir, por el rechazo inmediato del órgano donado. Un riesgo que puede producirse en forma inmediata o a lo largo de la vida del paciente. "A veces, el mismo corazón no logra mantener la presión arterial en forma autárquica.

Es un riesgo (más allá de la edad y el peso del paciente) que existe en el 10% de los transplantes. Pero que cuando sucede en el paciente propio es trágico, desastroso —dijo ayer a Clarín un agotado y entristecido doctor Naiman—. Cuando uno enfrenta un desafío de tan alta complejidad, está poniendo todo de sí para lograr el éxito: lamentablemente, no todo depende de la voluntad del equipo médico".

Naiman explicó que la terapéutica utilizada era adecuada: "es la forma en que uno puede ofrecerles una posibilidad de vida a este tipo de pacientes". Y narró que Rodrigo falleció cuando hacía quince horas que un equipo de veinte personas luchaba para "ofrecerle todas las posibilidades de que disponíamos, probando una y otra vez, sin resignarnos a perder la vida del paciente".