Noticias médicas

Publicado el 7 de marzo de 2006

Viceversa

Mujeres: Una huella difícil de borrar

Acerca de las mujeres y el tamaño del cerebro.


Un comentario de fines de 1880 atribuido a un amigo de Darwin sintetiza en un ejemplo irritante los "malentendidos" que explicaron -y lamentablemente todavía lo hacen en más de un sentido- la marginación de la mitad de la humanidad en la producción intelectual.

Como conclusión de una serie de estudios sobre el tamaño del cerebro de la mujer, el caballero opinó que "llevará muchos siglos que la herencia produzca los ciento cuarenta gramos que le faltan al cerebro femenino".

Por algo, la Royal Society -creada en 1662- no aceptó mujeres hasta 1945, y la representación masculina en los Premios Nobel sobrepasa unas treinta veces la femenina. (En toda la historia de los premios, sólo una mujer, Marie Curie, recibió el de física, entre 177 hombres.)

A la distancia, la frase suena como la caricatura del machista, pero lo cierto es que -aunque se hicieron más sutiles- las barreras de desvalorización y hasta de maltrato siguen impidiendo el ingreso de las mujeres en muchas profesiones, y en los ámbitos científicos son un bastión particularmente difícil de derribar.

Estudios coordinados por María Elina Estébanez, del Instituto Redes -alguna vez mencionados en esta columna-, confirman lo que muchos intuyen: que aunque las mujeres tengan mejor nivel educativo que los hombres, sus posibilidades de capacitación son menores, son relegadas a tareas de menor relevancia y permanecen en los grados inferiores de la carrera aunque presenten las mismas credenciales y habilidades que sus colegas varones.

Entre otras cosas, esto ocurre porque las mujeres suelen tener múltiples compromisos domésticos, doble jornada laboral y menor acceso a las redes de relaciones de sus colegas. Y porque, si bien en la actualidad la presencia femenina iguala a la de los hombres en el sistema científico-tecnológico local, los mecanismos informales de segregación persisten.

Aunque no sirve de consuelo, un artículo publicado hace algunos años por Marguerite Holloway en la revista Scientific American advertía que las científicas norteamericanas enfrentaban obstáculos parecidos: en los Estados Unidos, las mujeres constituían hasta no hace mucho el 1% de los científicos ambientales, el 2% de los ingenieros mecánicos, el 3% de los electrónicos, el 4% de los directores de facultades de medicina, el 5% de los físicos y 6% de los cerca de 300 profesores de los 10 departamentos de matemática más importantes del país.

Holloway también subrayaba que las mujeres generalmente ganan menos que los hombres en las mismas posiciones (alrededor de un 25%), tienen el doble de riesgo de estar desempleadas y raramente son promovidas a las posiciones más destacadas del sistema.

Otro dato interesante y que pone en evidencia sesgos culturales difíciles de erradicar es que las reuniones científicas organizadas por hombres frecuentemente tienen mayoría masculina, no importa cuál sea el porcentaje de mujeres que trabaje en ese campo.

Semejante cúmulo de factores -aunque surja de actitudes inconscientes- delinea un contexto bastante perverso que exige de las mujeres que sean perfectas mientras les indica, de miles de maneras, que son menos inteligentes.

En fin... ¿Un deseo? Sencillamente que ya no haya necesidad de conmemorar el Día Internacional de la Mujer. Eso querrá decir que, por fin, hombres y mujeres podrán trabajar y dialogar de igual a igual.

Ojalá que eso suceda antes de que crezcan nuestros nietos....

Por Nora Bär
ciencia@lanacion.com.ar