Medical News

/ Published on April 30, 2007

Jorge Armony, neurobiologo

Mujeres: detectan mejor la infidelidad

“Las mujeres están mejor preparadas que los hombres para detectar la infidelidad”

El argentino Jorge Armony es titular de la cátedra sobre Investigación en Neurociencia Afectiva de la Universidad McGill de Canadá. De visita en el país para participar de un simposio sobre la relación entre el corazón y el cerebro, habló con PERFIL acerca de las principales diferencias entre el cerebro de hombres y mujeres. Entre otras cosas, señaló que ellos son más rudimentarios por una cuestión evolutiva y que eso no es “gratuito” para ellas.

Martin De Ambrosio

PORTEÑO. Armony tiene 41 años y hace 16 que vive fuera del país. Pero no olvida que se formó acá y por eso siempre vuelve.
 
“Los cerebros son distintos según el género. Las mujeres tienen mejor memoria emocional y mayor respuesta fisiológica, y por eso detectan en los demás expresiones faciales sutiles”, dijo el neurobiólogo argentino Jorge Armony, titular de la cátedra sobre Investigación en Neurociencia Afectiva de la Universidad McGill, en Canadá.

Esa cualidad femenina hace, por ejemplo, que novias y esposas muchas veces detecten una infidelidad con sólo mirar a su pareja, algo que suele desconcertar al hombre que viene de otra cama. “Las mujeres están mejor preparadas para descubrir la infidelidad en sus parejas”, concede el experto.

Más allá de que Armony reconoce particularidades individuales, su campo de estudio lo obliga a hacer generalizaciones. Desde hace años se dedica a la investigación en neurociencias y ha visto, en numerosos experimentos, que los cerebros de hombres y mujeres no reaccionan del mismo modo ante las mismas imágenes y estímulos. La explicación es evolutiva: el hombre sale a cazar y es más rudimentario; la mujer, en casa, se hace más ágil a la hora de detectar rostros. “El problema es que esto también hace que la mujer sea entre dos y tres veces más susceptible a la depresión y a trastornos de ansiedad.”

Al científico la comprobación de que hombres y mujeres funcionan distinto le vale la broma de su hermano sociólogo: “Las neurociencias vienen a confirmar lo que todo el mundo ya sabía”, lo chicanea.

Imágenes. Armony tiene 41 años y vive en Canadá. La semana pasada participó en Buenos Aires del Simposio Corazón-Cerebro que organizaron la Fundación Favaloro y la Cleveland Clinic de los Estados Unidos. Su charla se tituló “Neurobiología de las emociones”. Pero ¿es posible estudiar las emociones cuando ni los científicos tienen claro qué es una emoción?

“Creemos que sí”, respondió el investigador. “Colocamos a las personas en un resonador magnético y les pedimos que hagan algo, que recuerden, o les mostramos imágenes; luego, comparamos con la actividad normal”, explicó. Y agregó: “La emoción es una reacción primitiva, que ejecuta la amígdala, y que el ser humano comparte hasta con las ratas”. Claro que hay emociones más refinadas que son productos culturales. “El orgullo y la envidia aún no se detectaron en animales.”

Conocer las bases neurológicas –saber qué lugar del cerebro se “activa”– no sólo sirve para ampliar un área del conocimiento; también tiene consecuencias “prácticas”. Según Armony, “patologías como el autismo, en la que la persona es incapaz de leer emociones, se deben a factores neuronales que falta determinar. O incluso en los asesinos seriales, o gente a la que no le importa el sentimiento de los otros”. Lo interesante es que cuando se ve sufrir a alguien se alerta la misma parte del cerebro que cuando uno mismo sufre.

“Siento culpa por haberme ido”

Jorge Armony se fue hace 16 años de la Argentina; antes de desembocar en Canadá estudió en Inglaterra y los Estados Unidos.

“Ya soy ciudadano canadiense, pero no quiero dejar de colaborar con la Argentina; de hecho, tengo contactos con investigadores del Conicet y de México, además de la gente de la Fundación Favaloro”, señaló Armony a este diario.

Y explicó por qué quiere seguir en contacto con la ciencia que se hace por este rincón del mundo: “Tengo complejo de culpa por haberme ido, sobre todo porque estudié siempre gratis y me recibí en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA, de la que estoy orgulloso”.

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