Meghan Daum
La Fundación Nacional del Sueño de Estados Unidos dio a conocer la semana pasada los resultados de una encuesta que muestra que la mayoría de las mujeres norteamericanas no duerme lo suficiente y sufre por ende consecuencias negativas. Una consulta telefónica realizada al azar, que abarcó a 1.003 mujeres de entre 18 y 64 años, descubrió que el 84% sufría de insomnio más de una vez por semana. Por otro lado, el 40% dijo roncar y sufrir de apnea o del síndrome de piernas inquietas.
Lo que no sorprende en realidad es que quienes sufrían los peores trastornos eran las madres (y no sólo las que trabajaban sino también las que se quedaban todo el día en sus casas). Se vio también que las mujeres solteras sin hijos que trabajaban eran las que menos cantidad de horas dormían (menos de seis horas diarias durante los días laborables en contraste con un promedio de cerca de 8 horas y media).
Para hacer frente a la sensación de somnolencia, el 65% de las mujeres entrevistadas dijeron tomar bebidas con cafeína durante el día, en tanto que un 36% dijo sufrir de alteraciones en su carácter causadas por el cansancio que las hacían sentirse desahuciadas al pensar en el futuro.
El informe de esta fundación incluye detalles sobre la relación entre el sueño y factores tales como cuidar a un familiar enfermo, la menopausia y mirar televisión o usar Internet antes de irse a dormir. Este sondeo descubrió además que el 33% de las mujeres optan por no tener relaciones sexuales cuando sienten mucho sueño o se sienten presionadas por la falta de tiempo. De todos modos, este punto ocupa en realidad el quinto lugar en la lista de cosas que las mujeres dejan de lado cuando se sienten demasiado cansadas o presionadas de tiempo, como comer bien, visitar a los amigos y la familia, hacer ejercicio e, irónicamente, dormir.
La actividad que las mujeres parecen querer relegar menos es el trabajo, a pesar de que 2 de cada 10 admitieron haber llegado tarde a la oficina más de una vez en el último mes, por haberse quedado dormidas o estar demasiado cansadas a la mañana.
Existen todo tipo de razones por las que no dormimos bien o lo suficiente, el estrés, las enfermedades o la crianza de los hijos, entre otras. Pero el denominador común parece ser la mayoría de las veces nuestra incapacidad para estar tranquilos, sosegados y básicamente solos (como lo estamos cuando dormimos, aun cuando haya alguien al lado). La vida moderna no nos exige ninguna de estas habilidades.
La gente revisa sus mails desde sus celulares, hace llamadas telefónicas mientras maneja y saca un seguro on line mientras mira TV o habla por teléfono. Hasta la meditación fue transformada últimamente en un pensamiento mágico activo y hasta agresivo. En lugar de orientar nuestros pensamientos hacia nuestro interior, el último bestseller titulado "El secreto" nos aconseja buscar lo que deseamos a través de la visualización. Cerramos entonces nuestros ojos no para aislarnos del mundo sino para recibir más estímulos.
No sorprende entonces que no podamos dormir. Dormir equivale a no hacer nada y esto es una prioridad tan dejada de lado que no tenemos práctica en ella. Queremos dormir, claro, lo necesitamos. Lo deseamos fervientemente. Pero como no podemos trabajar, comprar cosas o comunicarnos mientras lo hacemos, tiene poca relevancia en nuestras vidas.
Y como la mera esencia del sueño va a contramano del consumo constante que se convirtió en el principio gobernante de nuestras vidas, lo vemos como una señal de debilidad, hasta de menor estatus social. Aquellos que tienen tiempo para dormir lo suficiente son vistos como gente poco ambiciosa desde el punto de vista profesional, que no se ocupa de su familia o no es lo suficientemente adinerada como para participar de nuestra cultura de 24 horas. Son los perdedores, en otra palabra. En cambio, los que andamos con ojeras por la calle somos las historias de éxito, cuando a decir verdad no tendríamos ni que manejar por las autopistas en ese estado.
El tema del sueño no sólo se nos escapa sino que es tabú. Todas las otras actividades que se nos escapan, como comer bien, hacer ejercicio, ver a los amigos o tener relaciones sexuales se volvieron algo desechable.
Supongo que esto hace que el sueño sea la nueva forma de sexo. O el nuevo ejercicio de moda o algo similar.
Traducción: Silvia S. Simonetti
Otro estudio
El último estudio sobre el sueño decía que las mujeres pasaban más tiempo en la cama que los hombres y dormían más. El estudio lo hizo la Universidad de Chicago (Estados Unidos), con 700 personas de entre 38 y 50 años.
El estudio, publicado por Clarín en julio de 2006, indicaba que las mujeres estadounidenses pasaban en la cama 7,84 horas pero dormían 6,71 horas. Y que los varones estaban 7,34 horas en la cama y dormían menos: 6,09 horas.