“Podrían evitarse en los próximos 10 años 1.119.060 eventos de enfermedad cardiovascular (ECV) si se normalizara la presión arterial en adultos”, indica, contundente, un paper del Centro de Investigación en Nutrición y Salud, del INSP, que trabajó con datos recogidos entre 2021 y 2024 por la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición Continua, que, desde 2020, se realiza todos los años. El trabajo fue liderado por Ismael Campos-Nonato -especialista en salud pública, nutrición y epidemiología-, y compartido el 25 de julio por la Secretaría de Salud en una nota de prensa, en la que destaca: “Este estudio analizó datos de 34.954 participantes con el objetivo de describir la prevalencia de hipertensión diagnosticada, tratada y controlada a nivel nacional y estatal, así como de estimar el número de personas que podrían desarrollar enfermedades cardiovasculares asociadas.” Y agrega: “El estudio de los especialistas del INSP concluye que la hipertensión arterial continúa siendo uno de los principales problemas de salud pública en México, debido tanto a su elevada prevalencia como al número de personas que desconocen vivir con esta enfermedad (los destacados son nuestros).”
Un poco más de precisiones
|
Para llegar a la contundente afirmación que citamos al principio se estimaron, en primer lugar, prevalencias de hipertensión a nivel nacional y estatal, y explica el porqué: “Debido a que la hipertensión suele ser asintomática, la única forma de detectarla es midiendo periódicamente la presión arterial (PA); sin embargo, debido a que casi la mitad de la población adulta no monitorea su PA, las personas con esta enfermedad son diagnosticadas después de varios años de tener la enfermedad o de desarrollar un daño orgánico grave”, resalta el texto del estudio.
Señala, además, sobre qué cimientos trabajaron los investigadores: “la información de la Ensanut 2021-2024 se basa en un muestreo probabilístico, polietápico y estratificado que permite hacer estimaciones a nivel nacional. Al consolidar las cuatro ediciones de los años 2021 a 2024 se pueden generar estimaciones sobre el estado de salud y nutrición de las poblaciones de los 32 estados de México”. También concluyeron, según informa la nota de la Secretaría de Salud, que “la prevalencia total de hipertensión arterial fue mayor en hombres, con 31,6 %, mientras en mujeres se registró 27 %. Además, esta condición fue 5,4 veces más frecuente en personas de 60 años o más, en comparación con adultos jóvenes.” Luego aplicaron la escala Globorisk, un modelo internacional que, tras ser adaptado y calibrado con datos locales, permite calcular el riesgo de sufrir un infarto o un accidente cerebrovascular en los próximos 10 años.
Y sobre esa base concluyeron que, durante el período 2021-2024, un 29,4 % de los adultos en México tenía hipertensión arterial. No es poco, pero no sorprende demasiado. De hecho, destaca el paper, esa prevalencia es más baja que la global (33 %) y que la de la región de las Américas (35 %). Lo alarmante es que el 40,5 % desconocía que tenía esta enfermedad: “la prevalencia estandarizada por edad de hipertensión no diagnosticada ubica a México (42,4 %) entre los países con más bajo desempeño de detección en América (Estados Unidos 19.4 %, Canadá 22.2 % y Costa Rica 23 %)”, advierte el texto. El lado bueno (pero, por supuesto, mejorable) es que el 60,1 % de los diagnosticados y tratados tenía valores de PA controlada.
Claro que, como en todas las cuestiones de salud, la distribución no es homogénea: “aún existen disparidades en la atención y el control de enfermedades entre los residentes en localidades rurales y urbanas, posiblemente por la lejanía para acceder a los servicios públicos de salud, menor infraestructura de salud y escasez de personal médico. Además, debido a que en zonas rurales la prevalencia de pobreza es más alta, las familias enfrentan más barreras para acceder a la atención médica. Estos factores podrían explicar por qué en nuestro estudio los adultos residentes en áreas rurales tenían una menor prevalencia de hipertensión diagnosticada (55,3%) y de tratamiento farmacológico (75,5 %) que los residentes de áreas urbanas (61,1 y 83, 1%, respectivamente)”, destacan también.
Con estos datos como base cobra sentido la “contundente afirmación del inicio”, y el texto insiste: “El presente estudio estimó que, de acuerdo con la escala de predicción de riesgo Globorisk, si se normalizara la PA podrían evitarse en los próximos 10 años 943.364 eventos de ECV en la población de 40 a 74 años y, de acuerdo con la escala de riesgo de la OMS, podrían evitarse 1.119.060 eventos de ECV en las personas adultas”. Pero no se quedan en el diagnóstico y –también como siempre en la cuestiones de salud pública–, la salida no es individual, sino colectiva: “el proceso de atención requiere estrategias poblacionales, prontas y concertadas para evitar años de vida con discapacidad en el segmento más productivo de la población, muerte prematura, casos de ECV y mayores costos económicos (…), señalan los investigadores. Y agregan: “Las causas y soluciones de los problemas de diagnóstico y control de la PA no debe centrarse únicamente en los factores relacionados con el paciente, sino considerar al personal sanitario (poca capacidad para educar a los pacientes sobre su enfermedad y la complejidad en la prescripción de indicaciones) y al sistema de salud (falta de protocolos actualizados y estandarizados, infraestructura insuficiente, carga de trabajo excesiva impuesta al personal que obliga a consultas breves y deficientes)”.
Publicado el 13 de agosto de 2026
Un problema que persiste
México: más del 40% de las personas que viven con hipertensión lo desconoce
Según un estudio del Instituto Nacional de Salud Pública, la prevalencia en adultos, a nivel nacional, fue de 29,1 %.
Fuente: IntraMed
“Podrían evitarse en los próximos 10 años 1.119.060 eventos de enfermedad cardiovascular (ECV) si se normalizara la presión arterial en adultos”, indica, contundente, un paper del Centro de Investigación en Nutrición y Salud, del INSP, que trabajó con datos recogidos entre 2021 y 2024 por la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición Continua, que, desde 2020, se realiza todos los años. El trabajo fue liderado por Ismael Campos-Nonato -especialista en salud pública, nutrición y epidemiología-, y compartido el 25 de julio por la Secretaría de Salud en una nota de prensa, en la que destaca: “Este estudio analizó datos de 34.954 participantes con el objetivo de describir la prevalencia de hipertensión diagnosticada, tratada y controlada a nivel nacional y estatal, así como de estimar el número de personas que podrían desarrollar enfermedades cardiovasculares asociadas.” Y agrega: “El estudio de los especialistas del INSP concluye que la hipertensión arterial continúa siendo uno de los principales problemas de salud pública en México, debido tanto a su elevada prevalencia como al número de personas que desconocen vivir con esta enfermedad (los destacados son nuestros).”
Un poco más de precisiones
Para llegar a la contundente afirmación que citamos al principio se estimaron, en primer lugar, prevalencias de hipertensión a nivel nacional y estatal, y explica el porqué: “Debido a que la hipertensión suele ser asintomática, la única forma de detectarla es midiendo periódicamente la presión arterial (PA); sin embargo, debido a que casi la mitad de la población adulta no monitorea su PA, las personas con esta enfermedad son diagnosticadas después de varios años de tener la enfermedad o de desarrollar un daño orgánico grave”, resalta el texto del estudio.
Señala, además, sobre qué cimientos trabajaron los investigadores: “la información de la Ensanut 2021-2024 se basa en un muestreo probabilístico, polietápico y estratificado que permite hacer estimaciones a nivel nacional. Al consolidar las cuatro ediciones de los años 2021 a 2024 se pueden generar estimaciones sobre el estado de salud y nutrición de las poblaciones de los 32 estados de México”. También concluyeron, según informa la nota de la Secretaría de Salud, que “la prevalencia total de hipertensión arterial fue mayor en hombres, con 31,6 %, mientras en mujeres se registró 27 %. Además, esta condición fue 5,4 veces más frecuente en personas de 60 años o más, en comparación con adultos jóvenes.” Luego aplicaron la escala Globorisk, un modelo internacional que, tras ser adaptado y calibrado con datos locales, permite calcular el riesgo de sufrir un infarto o un accidente cerebrovascular en los próximos 10 años.
Y sobre esa base concluyeron que, durante el período 2021-2024, un 29,4 % de los adultos en México tenía hipertensión arterial. No es poco, pero no sorprende demasiado. De hecho, destaca el paper, esa prevalencia es más baja que la global (33 %) y que la de la región de las Américas (35 %). Lo alarmante es que el 40,5 % desconocía que tenía esta enfermedad: “la prevalencia estandarizada por edad de hipertensión no diagnosticada ubica a México (42,4 %) entre los países con más bajo desempeño de detección en América (Estados Unidos 19.4 %, Canadá 22.2 % y Costa Rica 23 %)”, advierte el texto. El lado bueno (pero, por supuesto, mejorable) es que el 60,1 % de los diagnosticados y tratados tenía valores de PA controlada.
Claro que, como en todas las cuestiones de salud, la distribución no es homogénea: “aún existen disparidades en la atención y el control de enfermedades entre los residentes en localidades rurales y urbanas, posiblemente por la lejanía para acceder a los servicios públicos de salud, menor infraestructura de salud y escasez de personal médico. Además, debido a que en zonas rurales la prevalencia de pobreza es más alta, las familias enfrentan más barreras para acceder a la atención médica. Estos factores podrían explicar por qué en nuestro estudio los adultos residentes en áreas rurales tenían una menor prevalencia de hipertensión diagnosticada (55,3%) y de tratamiento farmacológico (75,5 %) que los residentes de áreas urbanas (61,1 y 83, 1%, respectivamente)”, destacan también.
Las conclusiones
Con estos datos como base cobra sentido la “contundente afirmación del inicio”, y el texto insiste: “El presente estudio estimó que, de acuerdo con la escala de predicción de riesgo Globorisk, si se normalizara la PA podrían evitarse en los próximos 10 años 943.364 eventos de ECV en la población de 40 a 74 años y, de acuerdo con la escala de riesgo de la OMS, podrían evitarse 1.119.060 eventos de ECV en las personas adultas”. Pero no se quedan en el diagnóstico y –también como siempre en la cuestiones de salud pública–, la salida no es individual, sino colectiva: “el proceso de atención requiere estrategias poblacionales, prontas y concertadas para evitar años de vida con discapacidad en el segmento más productivo de la población, muerte prematura, casos de ECV y mayores costos económicos (…), señalan los investigadores. Y agregan: “Las causas y soluciones de los problemas de diagnóstico y control de la PA no debe centrarse únicamente en los factores relacionados con el paciente, sino considerar al personal sanitario (poca capacidad para educar a los pacientes sobre su enfermedad y la complejidad en la prescripción de indicaciones) y al sistema de salud (falta de protocolos actualizados y estandarizados, infraestructura insuficiente, carga de trabajo excesiva impuesta al personal que obliga a consultas breves y deficientes)”.