Hacer algo más. Esa imperiosa necesidad interior de actuar, moverse, salir, de no quedarse quieto es sin dudas el motivo que lleva cada año a miles de profesionales a sumarse a Médicos Sin Fronteras (MSF), una organización médica internacional de acción humanitaria. Entre los voluntarios hay argentinos.
"Tener pacientes VIH sensibiliza mucho, y tenía necesidades personales de hacer algo más, algo con más impacto que estar en una consulta o una guardia", dice a Clarín Cecilia Ferreyra, puntana, 33 años, médica especialista en infectología. Así, se contactó con MSF y en menos de un año se encontró que estaba en Busia, Kenya. Después, en tres meses viajó por Somalía, Congo, Uganda...
"En este trabajo todo es muy intenso. La pobreza, la injusticia son cosas de todos los días", escribe Cecilia desde Barcelona. Recuerda una escena en Jowhar, donde repartían mosquiteros a las embarazadas, para evitar la malaria. "Me llamó la atención cómo las mujeres que están bajo la cultura musulmana, que sufren la mutilación genital femenina, que se cubren hasta los brazos para andar por la calle, podían a la vez ser tan fuertes, sentía la energía que emanaban. Me pregunté qué pasaría si decidieran hacer la revolución, y sonreí, sola, porque entendí cuán intolerantes podemos ser los occidentales con culturas que a nuestros ojos son aberrantes".
Francisco Morón es un pediatra de 36 años que ahora está haciendo una maestría sobre salud internacional en Berlín, a modo de descanso entre tanta desolación. Su primera misión fue en Kenya y luego en Tanzania. "Me topé con una realidad que no me imaginaba que existía. No hay conciencia de lo que significan 30 millones de infectados de sida. Liberia fue diferente. Día a día se palpa las consecuencias que puede dejar una guerra, con un sistema de salud totalmente desmantelado".
A Marcela Tommasi la vida le cambió a los 30, cuando en agosto del 2002 viajó a Kenya y no paró más. Siempre en proyectos de sida. "Lo más difícil es la muerte. Para mí era imposible aceptar que los niños morían por enfermedades prevenibles, por falta de comida, por las condiciones en que vivían. Lloraba todas las noches. Una vez en un centro, una madre de una niña que murió me consoló a mí. Eso aprendés en Africa, donde la vida y la muerte van de la mano. Se sufre, se llora, pero se sigue adelante. Unos nacen, otros mueren, y se baila y se ríe", cuenta la infectóloga desde Grecia.
Muy útiles en lo cotidiano. Desolados si ponen la mirada a un nivel más global. Así dicen sentirse estos médicos, seres inquietos de vidas bien nómades. No son pocos: cada año MSF manda 3.000 profesionales a dar ayuda humanitaria a 75 países. Parte de esa labor puede verse en la Fotogalería del Teatro San Martín (Corrientes 1530). Posithiv + es un retrato de la lucha por la vida de los enfermos de sida en el Africa Subsahariana.