
Los expertos dicen que es una "respuesta sana" ante el exceso de estímulos y la agenda cargada. Con el escaso tiempo libre que les queda no saben qué hacer, pero ése es el momento ideal para inventar.
Mami estoy aburrido!", es la frase que los chicos repiten cada vez más, rodeados de juguetes, películas, televisión, playstation, computadora y más estímulos audiovisuales. Igual están apáticos y desganados. Nada les interesa. Nada los satisface. Muchos padres se desesperan por dar con el entretenimiento que los haga sentir mejor. Pero eso logra el objetivo por unas horas y la frase vuelve a sonar una y otra vez. Y los papás contestan indignados: "¡Yo tenía mucho menos y me entretenía!". La queja de los chicos se escucha cada vez más en los consultorios de psicólogos, psicopedagogos y pediatras. Los especialistas consultados por Clarín coinciden en que el aburrimiento ya es un síntoma de este tiempo, donde prima el apuro y la idea de que hay que producir todo el tiempo. Pero, para respiro de los padres, los expertos también acuerdan que, lejos de ser algo malo, el aburrimiento es una emoción natural que no hay que reprimir.
Tienen entre 3 y 12 años y están sobreestimulados. En general, van a colegios de doble jornada, casi todos los días tienen actividades extraescolares (deportes, dibujo, idioma), no duermen siesta y, claro, también tienen que hacer la tarea. Casi siempre tienen a un adulto cerca que les dice qué hacer. ¿Horas de libertad para jugar? Pocas o ninguna.
"Son chicos, de clase media y media—alta, que se acostumbraron a estar ocupados, y en un intervalo de tiempo sin consigna de actividad, no saben qué hacer", sostiene el pediatra Enrique Silinger. "También están muy acostumbrados a fuertes estímulos audiovisuales y sensitivos, con rápida sucesión de imágenes, muchos colores y hasta tridimensionales", describe el neuropediatra Esteban Vaucheret Paz.
"Cuando se les termina un estímulo necesitan otro más intenso que el anterior", dice Alejandra Marroquín, psicopedagoga del Centro Dos. Y la titular de la asociación de psicopedagogos de la Capital, Marta Tessari, amplía: "Los chicos sobreestimulados sienten que el tiempo es veloz y cuando tienen un poco más de libertad les parece muy lento".
"El aburrimiento es el desierto antes de la creación", rescata la psicopedagoga María Regina Ofele, directora del Instituto de Investigación y Formación en Juego. Y destaca: "Es algo positivo: hay que tolerarlo y no tapar".
En los consultorios los padres cuentan que sus hijos están desganados, que nada los entusiasma. En la escuela hablan de falta de interés y de inquietudes. Para el psicoanalista de chicos y adolescentes, Juan Carlos Volnovich, es "una respuesta ante tanto exceso de estímulos que dispara la televisión y las publicidades: hay que jugar con tal cosa, comer tal yogur o ir a ver tal obra".
Los expertos también coinciden en que el rol de los padres es fundamental. "Deben encontrar alternativas que no sean para 'sacárselos de encima' como son los 'chupetes' electrónicos", subraya la psicóloga infantil Paula Schuster. (Ver Consejos para... ).
"Los adultos debemos buscar espacios para la imaginación y permitir que los chicos se pregunten qué les gusta y en qué nos necesitan", concluye la psicoanalista Gisela Untoiglich.
Tres mitos y verdades
Sobre el aburrimiento circulan tres falsos supuestos. Primero: el diccionario dice que aburrirse es "fastidiarse o cansarse" y no necesariamente se relaciona con la falta de actividad. Pero el miedo a que los chicos se aburran provoca, erróneamente, que los adultos fomenten su hiperocupación: tienen organizado el tiempo escolar y el tiempo libre, pero eso no impide que se aburran.
Segundo: el aburrimiento no necesariamente se resuel ve con diversión. Muchas veces los chicos se aburren en la escuela y eso perjudica su relación con el saber. ¿La escuela tiene que ser divertida? No, pero sí tiene que estar alerta frente al aburrimiento y despertar el deseo de aprender.
Por último: ¿el aburrimiento es malo? Por el contrario. Hay un tipo de aburrimiento que es constructivo: el que permite a los chicos reflexionar y elegir autónomamente qué hacer con su tiempo libre.
Consejos para los padres
Qué hacer cuando los chicos dicen que están aburridos es la pregunta crucial que se hacen muchos papás. Aquí, psicólogos, psicopedagogos y pediatras brindan consejos para ayudarlos a descubrir su propio juego.
· No enojarse ni angustiarse. Es necesario comprender que estar "llenos" de juguetes y pantallas no significa que siempre estén satisfechos. La sobreestimulación no les da lugar a los chicos a crear su propio juego. En vez de enojarse con ellos, tienen que tolerar su aburrimiento.
· No abrumarlos: Muchos papás creen que hay que "llenarle" el tiempo de actividades para que se cansen. Eso puede empeorarlo. Hay que disminuirles las actividades, sobre todo las electrónicas.
· Reducirles la cantidad de juguetes. Una habitación repleta de chiches hace que el chico se disperse más. Conviene guardar algunos y renovarlos cada tanto.
· Dedicarles tiempo. Buscar espacios para compartir juegos durante la cena o en un viaje, apelando a cosas sencillas como juegos verbales o a la creación de personajes. "No es cuestión de cantidad, sino de la calidad del juego", dice Alejandra Marroquín, psicopedagoga del Centro Dos.
· Incentivarlos. Buscar alternativas sin caer en prohibiciones. Ofrecerles actividades tanto o más estimulantes que las electrónicas, que le aporten sentido y se desplieguen en el tiempo: leer un cuento, pintar o compartir la preparación de la comida.
· Disfrutar el juego con ellos. Los padres tienen que aprender a disfrutar el tiempo de juego con los chicos. Si lo hacen obligados, no sirve.
· Conocer sus intereses y respetarlos. Incluso, compartiendo los juegos de la PC o mirando la tele. "Los papás deben mirar 'como chicos' y sin prejuicios, los programas que eligen sus hijos para entender sus códigos", apunta Enrique Silinger, de la Sociedad Argentina de Pediatría.
· Buscar equilibrios: Proponer consignas: por ejemplo, cenar sin TV; no prender la PC si viene un amigo a jugar.
"A veces, tanta tecnología cansa"
"Tienen computadora, Internet, playstation, DVD y no les alcanza, se aburren", dice asombrada Patricia, madre de los mellizos Nerina y Gustavo Uturbey de 12 años que viven en Belgrano.
Los chicos van al Buenos Aires Master School, una escuela bilingüe de doble escolaridad. Y toman clases particulares de tenis y artes marciales. Y cuando les queda tiempo libre juegan a la play o con la compu. Y si eso no los conforma, hasta tienen la opción de mirar alguna de las 800 películas que tienen en DVD. "Aún así, dicen que están aburridos", cuenta la mamá de los melli.
Patricia es de otra época: su mamá tenía que salir a buscarla a la plaza, y cuando se quedaba sola en la casa armaba con una sábana y dos sillas un castillo para sus muñecas. Ahora reconoce que para sus hijos la diversión va de la mano de la tecnología. "Los juegos de mesa ya no existen. Hace unos años me pidieron que les compre 'El Estanciero' y apenas lo usaron dos veces".
En su cuarto, Gustavo domina con desgano el mouse de la PC. Junto a él, la playstation parece abandonada y a la espera de un nuevo jueguito para que los dedos de los chicos vuelvan al joystick en busca de desafíos. "A veces, tanta tecnología cansa. Y cuando ninguno de mis amigos está conectado al chat, agarro la guitarra y toco blues", cuenta sobre el hobby que aprendió de su hermano José.
A los mellizos no les falta ninguno de los chiches tecnológicos que también tienen sus compañeros. Pero aseguran que tanta saturación los está cansando. Al borde del hastío, la mamá los anotó para practicar tenis o artes marciales. "Ahora que casi no tienen tiempo para hacer más cosas, todavía sienten que sus vidas son monótonas", dice Patricia más asombrada que antes. Tal vez cuando salga a la venta un nuevo jueguito para la play estén menos aburridos. ¿Será así?
Peluche eterno
Diana Baccaro
dbaccaro@clarin.com
Los juguetes de antes se rompían de tanto usarlos, y los chicos hacíamos duelo por la pepona perdida o el autito que se quedaba en el largo camino hacia la adultez. Uno se encariñaba con la rana de alpiste, el jueguito de té, el caballo de madera. Los juguetes duraban, nos acompañaban hasta la pubertad. Hoy, como pañuelos descartables, se los usa y se los tira. La globalización consumista, sin embargo, aún no logró que los chicos se vayan a la cama abrazados a un videojuego. Para dormir, el viejo peluche no tiene rival, por más que esté roto o desteñido. El abrazo, contra todo, sigue siendo más fuerte. Y no aburre.
¿Dos horas de tevé?
En el Congreso se analiza un proyecto de ley para que los chicos miren TV sólo dos horas diarias. La iniciativa del diputado Eduardo De Bernardi propone implementar programas educativos y campañas en los medios.
Cumpleaños masivos, en la mira
"Las fiestas en las casitas de cumpleaños son una gran fuente de sobreestimulación. Es un zapping de tres horas en el cual los chicos no pueden organizar libremente su juego", sostiene María Regina Ofele, directora del Instituto de Investigación y Formación en Juego.
"Además, está de moda invitar a todo el grado, y eso tampoco es bueno: el chico no tiene afinidad con todos sus compañeros y en la fiesta tampoco puede estar con todos. ¿Cuando festejan su cumpleaños, los adultos invitan a todos los compañeros del trabajo?", dispara Ofele, autora de varios libros sobre el juego en la infancia; el último, "Miradas lúdicas".
Otro ámbito que Ofele critica son algunos jardines de infantes. "Allí, los chicos juegan cada vez menos, porque no tienen disponibilidad de espacio físico o porque tienen jornadas repletas de actividades pautadas y dirigidas. Para completarla, pocos docentes tienen una buena formación lúdica", explica.
Y agrega "El chico sale del jardín sin haber jugado y con la carpeta súper armada (computación, inglés, etc.) y no siempre se aprende así".
Señales que deben preocupar
Cuando el aburrimiento es temporario y el chico puede salir de ese estado creando un dibujo o un juego, los especialistas dicen que es saludable. Los padres no deben preocuparse. Pero si es constante, hay que estar alerta: es un síntoma más de algo que le puede estar pasando al chico.
Los expertos se refieren a los trastornos por déficit de atención e hiperactividad y a los problemas emocionales como la falta de contención familiar. "Interrumpen una actividad por otra, no se concentran y no sienten placer", describe el neuropediatra Esteban Vaucheret Paz, del Hospital Italiano.