Puntos de vista

/ Publicado el 18 de diciembre de 2001

No hacer ni dejar hacer

Los Siete Pecados Capitales de la Prensa

Alguien dijo que todo poder tiende a corromper, y esto se puede aplicar tanto a la política como al periodismo...

Autor/a: Dra. Marta Papponetti*

En la Revista Apertura de noviembre de 1994, el periodista Paul Johnson, miembro de la Real Comisión de Prensa de Inglaterra y de la Autoridad de Televisión por Cable Británica, escribió un artículo en el cual expone su criterio sobre los Siete Pecados Capitales de la Prensa. No por lejano, ese artículo ha perdido actualidad, por lo que me ha parecido interesante rememorar algunos de sus conceptos.

Según expresa Johnson, esos Siete Pecados de la Prensa son:

1) La distorsión
2) El culto a las falsas imágenes
3) La invasión de la privacidad
4) El ¨asesinato¨ de las personalidades
5) La explotación del sexo para ganar dinero
6) El envenenamiento de la mente de los chicos a través de lo que ven, escuchan o leen
7) El abuso del enorme poder de la prensa

Si bien Johnson habla de la prensa en general, no nos será difícil poder aplicar estos ¨pecados¨ a la información sobre ciencias y salud que aparece en los medios masivos de comunicación. Con una salvedad, muchos periodistas que distorsionan la noticias, ensalzan falsas imágenes, invaden la privacidad y abusan del poder de la prensa, lo hacen con la complicidad de algunos profesionales de la salud que no tienen ningún empacho en lanzar ¨conclusiones¨ científicas que nos son tales, dejarse llevar por las candilejas y aceptar cualquier tipo de entrevista periodística o faltar públicamente al secreto profesional. En cuanto a la complicidad del equipo de salud con al abuso del enorme poder de la prensa, diría que ya no son algunos profesionales, sino que en esta falta interviene gran parte de la comunidad médica. Hasta el día de hoy no he visto que las Sociedades Médicas o el Ministerio de Salud salgan al cruce de las noticias falseadas, incompletas o mal interpretadas sobre Salud (la mayoría de las veces por desconocimiento o falta de especialización del periodista), precozmente lanzadas por los médicos o mal evaluadas en su importancia. Sería deshonesto no reconocer que esto se hace, pero la proporción es ínfima respecto de la cantidad de noticias que se conocen, o se hace a destiempo, o no se cuenta con el dinero para conseguir un espacio en el medio de difusión apropiado. 

El periodismo, y sobre todo el televisivo, sabe muy bien que ¨el espectador se cansa fácilmente y hay que mantenerlo preso con imágenes vívidas, preferentemente violentas¨ al decir de Johnson. En materia de salud, los personajes o temas predilectos serán los que en el campo científico o médico todavía estén en el plano de la controversia. Una verdad ya establecida en medicina no es ninguna noticia atractiva. Más atractivo será el hecho de que todavía no se conozca cuál es el agente causante de una enfermedad, o cuál es la enfermedad ¨rara¨ que aqueja a un político, un actor famoso o una personalidad conocida. Hay una frase que siempre escucho entre los estudiantes de periodismo: ¨Más interesante para comunicar es que un hombre mordió a un perro y no que un perro mordió a un hombre.¨

Como se darán cuenta, estas no son las ¨noticias¨ que a los médicos nos interesa difundir. Pero como el quehacer científico es más lento, las conclusiones no llegan en el momento en el que la opinión pública las necesita, y si nadie sucumbiera a la tentación de lanzar ¨novedades científicas¨ antes de las conclusiones finales, la prensa no tendría temas ¨interesantes¨ para comunicar. Esta aseveración entraña el peligro de que los científicos se retraigan y no se acerquen a los medios de comunicación, lo cual sería bastante negativo, dado que los avances de la ciencia, los adelantos tecnológicos y las políticas sanitarias necesitan de ellos. La solución no es el divorcio entre la ciencia y la prensa, sino que tanto los periodistas como los médicos conozcan sus potencialidades y sus límites, y ambos brinden lo mejor de sí mismos. Los periodistas, especializándose en salud, y los médicos aprendiendo a reconocer que sus dichos a destiempo son tan perjudiciales como la reserva de sus aciertos, o que el ser un buen médico no los hace buenos comunicadores.

Alguien dijo que todo poder tiende a corromper, y esto se puede aplicar tanto a la política como al periodismo, pero no es muy difícil evaluar cuánto daño se puede hacer cuando el poder del periodismo alcanza a falsear la opinión pública en uno de los temas que más atañe a la vida del hombre: Su Salud. Más que el dinero, la política, el trabajo, las finanzas…

¿Quién es el encargado de proteger a la población acerca de lo que cree sobre su salud, lo que acepta de la información que le llega, y lo que opina sobre Su Salud?: ¿Los editores de los medios masivos de comunicación, interesados en sus ganancias (que por suerte no son todos)?¿Los periodistas? ¿Los médicos? ¿Las sociedades médicas? ¿El Ministerio de Salud? ¿La escuela, enseñando a los individuos a pensar por sí mismos para que puedan elegir bien las noticias valederas? ¿La Facultad de Medicina, enseñando a los futuros médicos a hacer un buen uso de los medios masivos de comunicación,? ¿Las escuelas de periodismo, especializando a los periodistas en Periodismo Médico?

¿Nadie?

En la Revista Apertura, Paul Jonhson finaliza su artículo con estas palabras: ¨Este último pecado, el abuso del poder, incluye a todos los anteriores, porque ejercer el poder durante mucho tiempo produce un relajamiento de la sensibilidad moral y empiezan a abordarse decisiones graves en forma descuidada y temeraria.¨

* La Dra. Marta Papponetti es Especialista en Medicina Interna. Fundadora y Presidente Honoraria de la Sociedad Argentina de Periodismo Médico de la Asociación Médica Argentina.