En realidad, el fenómeno no es nuevo. De hecho, ya en 2007 la cuestión había tomado un cariz tal que el Ministerio de Sanidad creó el Observatorio de Agresiones a Profesionales del Sistema Nacional de Salud, luego de que en las comunidades autónomas ya se detectaba que los incidentes aumentaban, y no existía un sistema común de notificación. A medida que la violencia por parte de usuarios del sistema de salud fue siendo reconocida explícitamente como un problema y aumentó claramente la notificación, se pudo tener más claro el panorama y quedó en evidencia que el aumento del fenómeno ni siquiera es atribuible a la crisis generalizada que provocó la pandemia de Covid-19: los informes del Ministerio de Sanidad muestran que ya entre 2017 y 2018 las notificaciones habían pasado de 8.328 a 9.741, y que las tasas continuaron creciendo hasta 2019. Era grave: “Los profesionales son el principal activo del Sistema Nacional de Salud (SNS) y, sin embargo, son un colectivo que se ve afectado por agresiones tanto físicas como no físicas o verbales, que les ponen en riesgo y pueden afectar el desempeño de las funciones en su puesto de trabajo, así como la calidad del servicio asistencial y, por supuesto, su seguridad y su salud -destacaba el Informe de Agresones a Profesionales del Sistena Nacional de Salud 2017-2018, del Ministerio de Sanidad. Por ello, es preciso desarrollar e implantar medidas preventivas, y de manera simultánea proporcionar a estos profesionales protección frente a este tipo de agresiones o amenazas con las que tienen que tratar en su lugar de trabajo.
El informe del período siguiente (2019-2020) muestra que las cifras siguieron aumentando en 2019 (se notificaron 10.450 agresiones en el conjunto del SNS), y que, en cambio, y de la mano de la menor presencialidad, durante 2020 bajaron a 8.532. Sin embargo, a medida que hospitales y otros centros de salud comenzaron a funcionar “a puertas abiertas”, en 2021 “los aplausos a los héroes de la pandemia” se apagaron; los casos volvieron a dispararse y aumentaron sin pausa hasta las 18.563 agresiones registradas de 2025, un aumento de casi el 40% desde 2022. Y es importante resaltar que aunque la conciencia crece, no todo episodio es registrado, y menos aún, denunciado: en 2025 solo llegaron a la Policía Nacional 513 denuncias.
Tomamos aire y hacemos una advertencia: parece que “en todas partes se cuecen habas”. Ya en julio de 2023 la OMS alertaba: “Los trabajadores de la salud corren alto riesgo de sufrir violencia en todo el mundo. Entre el 8 % y el 38 % de ellos sufren violencia física en algún momento de su carrera. Muchos más son amenazados o expuestos a agresiones verbales (…) Las categorías de trabajadores de la salud con mayor riesgo incluyen a enfermeros y demás personal directamente involucrado en la atención al paciente, personal de urgencias y paramédicos.”
Volvamos a España |
El informe definitivo de 2025 no está publicado aún, pero –informa la nota de Prensa del Ministerio publicada el 12 de marzo- en el 84,5 % de los casos, se trató de agresiones de carácter no físico, como insultos, amenazas o comportamientos intimidatorios; lo que implica que más del 15 % fueron agresiones físicas. Los escenarios más frecuentes fueron los Centros de Atención Primaria (51 %) y los de Atención Hospitalaria (47 %). Las mujeres fueron en su mayoría las destinatarias (80 %), una distribución relativamente previsible, dado que conforman aproximadamente el 76 % de la plantilla de profesionales. Pero eso por sí solo no explica ese 80 %... Los destinatarios más frecuentes de las agresiones son los médicos (34 %) y el personal de enfermería (30 %), en especial –al menos según la cantidad de registros- personas de entre 25 y 35 años; el tercer lugar (14 %) lo ocupa el personal administrativo.
Los agresores son más frecuentemente masculinos, pero la diferencia no es abismal: el 57 % de varones y 43 % de mujeres, aunque –resalta la nota- este dato no siempre está disponible en el registro. Sí lo está que un 27 % de los agresores ya habían protagonizado incidentes previos, lo que implica que más del 25 % ha asumido conductas reiteradas de violencia hacia el personal sanitario.
Qué indican las cifras |
Por de pronto, un problema grave, que la OMS y la OIT ya describían así en 2002 en su “Marco para abordar la violencia en el lugar de trabajo en el sector salud”: “Si bien la violencia laboral afecta prácticamente a todos los sectores y categorías de trabajadores, el sector de la atención de salud corre un riesgo grave. La violencia en este sector puede ser casi la cuarta parte del total de la violencia que tiene lugar en el trabajo (el destacado es nuestro)”, advertía.
Esas directrices son una buena primera herramienta para poder abordar el problema. Y es el compromiso que expresó el Ministerio de Salud español en la nota de prensa a la que hicimos referencia: “El Ministerio de Sanidad reitera su compromiso con la tolerancia cero frente a cualquier forma de violencia contra los profesionales sanitarios, y subraya la importancia de continuar reforzando la coordinación entre administraciones públicas, servicios de salud y fuerzas de seguridad para prevenir estos incidentes y garantizar entornos asistenciales seguros”.
Pero también hay que hacer una lectura “positiva” de este aumento: “el incremento de las notificaciones en los últimos años puede estar vinculado, entre otros factores, a una mayor sensibilización y cultura de denuncia entre los profesionales, así como a la mejora de los sistemas de registro y comunicación de incidentes en los servicios de salud”, agrega la nota.