En una monografía que circuló por la American Psychiatric Association (APA), los médicos recomendaron que una categoría denominada "desórdenes de relación" se agregue en la próxima edición del Diagnostic and Statistical Manual (DSM IV), guía profesional oficial para definir enfermedades emocionales y mentales.
A diferencia de los diagnósticos propuestos hasta ahora, este nuevo tipo de desorden se identificaría en grupos de individuos y en las relaciones entre ellos. Es un profundo cambio conceptual del modelo médico de la Psiquiatría, en el cual las enfermedades se diagnostican en un solo individuo.
En esta nueva clase propuesta, una persona podría ser diagnosticada como sano excepto en lo referente a determinadas relaciones. Por el momento, la nueva categoría solo se aplicaría a relaciones familiares. Si esta nueva categoría es aceptada, las parejas que pelean constantemente y los padres e hijos que experimentan conflictos podrían ser diagnosticados como enfermos mentales y tratados, posiblemente con drogas. Las relaciones problemáticas entre hermanos también podrían incluirse en esta clase.
Los médicos que proponen este cambio consideran que la inclusión de esta categoría alentará los estudios sistemáticos, las pruebas de drogas y la cobertura médica.
Sin embargo, el movimiento todavía provoca gran controversia y oposición dentro y fuera de la Psiquiatría porque tanto los médicos como la gente en general sigue discutiendo si esas relaciones problemáticas se asimilan a problemas sociales o a dolencias médicas.
Los psiquiatras siempre han estado interesados en estos vínculos problemáticos porque consideran que con frecuencia producen abuso infantil y depresión. Pero hasta el momento los médicos no habían considerado diagnosticar las propias relaciones como patológicas.
Los psiquiatras que intentan crear la categoría "desórdenes de relación" son liderados por Michael First, de la Universidad de Columbia, editor de una edición previa del manual DSM y David Reiss, de la Universidad George Washington. Sostienen que estas relaciones problemáticas son la razón por la cual muchas personas consultan al psiquiatra y que una mejora en estas relaciones puede sacar a las personas de la depresión, mejorar los sistemas cardíaco e inmune y hasta curar las heridas más rápidamente.
First y Weiss enfrentan grandes obstáculos. Muchos psiquiatras se oponen a este cambio presagiando un conflicto que puede durar meses o años ya que los médicos se encuentran recién en la planificación previa a la edición del manual. Algunos temen que la nueva categoría alimente la fantasía de que los psiquiatras inventan nuevos desórdenes como una forma de simplificar los problemas sociales.
Cuando la discusión comenzó -durante un reciente encuentro de la APA en Philadelphia- First dijo que las relaciones familiares problemáticas eran el único objetivo de sus tratamientos. Pero otros doctores alertaron acerca de la posibilidad de que esa categoría se expanda. ¿Acaso las relaciones problemáticas entre jefes y empleados, o entre los individuos y el estado no pueden entrar a esa categoría? Un psiquiatra, en otra sesión, sostuvo que el terrorismo era un ejemplo de una patología social, no individual.
"Uno podría decir que un atascamiento de vehículos es un desorden de relación entre la persona y el tráfico", dijo Bdirhan Ustun, de la WHO. Spitzer, un editor anterior del manual, dijo que la nueva categoría podría dar "nuevo material" a los infaltables críticos de la Psiquiatría.
El modelo médico es la dirección que Spitzer y otros profesionales tomaron hace más de un cuarto de siglo para trasladar su campo del modelo freudiano de introspección y análisis hacia una clasificación similar a la utilizada por otras especialidades médicas, relacionando la enfermedad mental con desórdenes cerebrales. A pesar de que algunos aspectos del tratamiento incluyen el uso de técnicas terapéuticas analíticas, el mayor avance de la investigación en psiquiatría moderna ha sido el uso de medicamentos como el Prozac, que modifican la química cerebral.
Los "desórdenes de relación" podrían arruinar el modelo médico, pero First y Reiss argumentan que es menos importante ese riesgo que ayudar efectivamente a la gente.
"Los médicos de la generación de Spitzer están muy preocupados por lo que crean profesionales de otras ramas de la medicina", dijo Reiss. "Pero eso no es ya un tema de la Psiquiatría. Todos entienden que nosotros tratamos desórdenes reales y sabemos cómo diagnosticarlos. Una señal de nuestra madurez es que vamos a reconocer los desórdenes en su aparición clínica, y no vamos a preocuparnos por una visión conservadora del modelo que solo teme que nos convirtamos en el hazmerreír de los demás".
Tratar el abuso marital e infantil hace tiempo que obliga a los médicos a observar las relaciones interfamiliares, sostienen Reiss y First. Personas con conflictos y relaciones violentas que se separan pueden luego participar de relaciones perfectamente normales con otras personas. Igualmente, padres que mantienen relaciones normales con un hijo pueden establecer vínculos abusivos con otro.
"Si se mira a una de estas personas en forma aislada, no se percibe nada: esto sólo aparece en la interacción", dice First. "Eso es lo que llamamos desorden de la relación, la manera en que la interacción entre individuos genera explosiones".
Las terapias familiares siempre trabajaron en esas relaciones para ayudar a los individuos con diagnósticos psiquiátricos.
"La mayoría de nosotros cree que el efecto va en dos sentidos", dijo Steven Beach, psicólogo de la Universidad de Georgia y experto en terapia de pareja. "Si un integrante de la pareja está deprimido, esto crea conflictos en la relación, y viceversa".
Beach citó un estudio que mostraba que mejorar las relaciones de pareja era tan efectivo como tratar individuos: ambas técnicas ayudaban a sacar a los pacientes de la depresión.
Acerca de los dichos de Spitzer, Beach sostuvo que la mayoría de los expertos en terapia familiar que él conoce "aplaudirían si pudiéramos disminuir las indicaciones de medicación del DSM IV. Los psicólogos a menudo creen que los desórdenes están sobre-medicados."
Beach dijo que creía que debajo de las relaciones problemáticas subyacen desórdenes genéticos y que, si la nueva categoría era aceptada, los médicos encontrarían "cada definición tan científica como todo en el DSM".
Otros profesionales todavía no están convencidos. Steven Imán, el ex director del National Institute of Mental Health y rector de la Universidad de Harvard, dijo que los desórdenes de relación no deberían incluirse en el manual. "Un mejor modo de pensar el abuso marital e infantil y si estos deben ser medicados, lo cual todavía está en discusión, es reconocer que la expresión de síntomas psiquiátricos puede depender del contexto", escribió en un e-mail desde Australia.
Intentar hallar el trasfondo neurológico y genético de los problemas de relación para lograr que la categoría se corresponda con el modelo médico de la Psiquiatría es erróneo, agregó Paul McHugh, ex Jefe de Psiquiatría de la Universidad Johns Hopkins. "No se puede reducir todo a la idea de que hay un desorden cerebral en cada situación problemática", dijo. "Gente perfectamente normal comete errores en aritmética. Y no buscamos problemas en sus cerebros, sino en su aritmética".