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    / Publicado el 2 de septiembre de 2009

    Congreso

    "Los pacientes como maestros"

    "Los pacientes como maestros". La voz de los pacientes como gestores de su propia salud.

    4 de septiembre de 2009

    4 de septiembre de 2009

    Carlos Pellegrini 551 -

    CABA Buenos Aires, CABA Buenos Aires, Argentina

    Nuevos paradigmas para antiguos desafíos
    "Los pacientes como maestros"

    Curso intracongreso argentino de Gerontología y Geriatría 2009

    Sábado 5 de Septiembre a las 9 hs
    Hotel Panamericano Buenos Aires

    Directores:
    Dr. Miguel A. Hadid – Prof. Cecilia I. Terzián

    Programa

    Presentación y objetivos – Dr. Miguel Hadid

    Cómo trabajamos, qué conseguimos y qué nos falta – Dr. Daniel Flichtentrei

    Poder y salud – Mgter. Sergio Fiscella

    Movimiento y salud – Prof. Cecilia Terzián

    Experiencias de una promotora de salud – Sra. Lidia Salerno

    El hospital como ámbito preventivo – Sra. Gloria López.

    Proyección de “Mi infarto y yo"  La voz de los pacientes”.

    Aikido: un ejemplo de experiencia vital – Sr. Celestino Ferro, Sr. Marcelo Coutiñho

    El proceso y los resultados del trabajo en red – Psicól.. Soc. Stella Quinteiro

    Conclusiones y propuestas – Dr. Daniel Flichtentrei
     

    Una sabiduría que casi nadie toma en cuenta

    La dimensión humana, social, familiar y subjetiva de la enfermedad. Lejos de la aritmética de las variables como metas excluyentes, el propósito de la acción médica debería centrarse en la elaboración de estrategias que hagan posible su cumplimiento.

    Los propios pacientes conocen el terreno con todos sus accidentes, sus posibilidades y sus obstáculos. Saben mejor que nadie la forma individual e irrepetible con que la enfermedad se impone en sus vidas. Conocen su ambiente y a sí mismos. Se construyen a diario transformando sus identidades perturbadas por la patología. Tejen con sus seres más próximos las redes que los sostienen o los sumergen.

    Hay una dimensión que otorga sentido a los hechos y que ninguna contabilidad podría contar. Hay un experto en cada persona que padece una enfermedad que, sin títulos ni matrículas, conoce lo que ignoramos pero ignora que lo conoce. Es nuestra la decisión de tomar o descartar ese conocimiento. Pero también nuestra será la responsabilidad por los resultados obtenidos. No alcanza con informar, es imperativo educar. Y ello presupone una transferencia del poder al otro y un reconocimiento sincero que valore lo que ese otro sabe y nosotros no. Lo que no puede ignorarse es el estrecho límite de lo que sabemos. La universidad otorga ventajas, pero uno decide de que modo emplearlas.


     

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