En la hemodiálisis, la sangre se extrae de nuestro organismo a través de una punción que se realiza en una vena superficial, la cual proporciona un flujo abundante de sangre (gracias al acceso vascular, que comunica esta vena con una arteria). A continuación, la sangre fluye por el interior de unos tubos capilares dentro del dializador, y de nuevo vuelve al paciente, por otra punción en la misma vena, aunque más arriba. La pared de esos tubos es la membrana de diálisis, a través de la cual los productos tóxicos pasan al líquido de diálisis que rodea a los capilares, que luego se eliminará por un desagüe. De esta forma la sangre se va liberando progresivamente de estas toxinas, como si sus riñones funcionasen normalmente. La hemodiálisis es una técnica que realiza el personal de enfermería, por lo que el paciente debe acudir 3 veces a la semana a su hospital o centro de diálisis para su correspondiente sesión.
En el caso de la segunda técnica, la diálisis peritoneal, la membrana de diálisis es el peritoneo, una fina membrana que recubre toda la superficie interior de la cavidad abdominal y las vísceras que en ella se encuentran. En este caso, la sangre llega a esta membrana a través de los capilares propios de la circulación sanguínea. Mediante un catéter especial que se le inserta en la pared abdominal y que permanecerá durante todo el tiempo que se mantenga la técnica, el paciente rellena su cavidad abdominal (que normalmente se encuentra vacía) con 2 litros de líquido de diálisis que se mantiene dentro durante unas 3 o 4 horas. Durante este período, las toxinas urémicas pasan desde la sangre a este líquido, gracias a lo cual la sangre se va liberando de ellas. Cuando ha finalizado este intervalo de tiempo, la concentración de esas toxinas en el líquido de diálisis es similar a la que existe en la sangre y ya no hay más difusión de toxinas. Es el momento de extraer este líquido e introducir otros dos litros de líquido nuevo. Normalmente se realizan 3 ó 4 intercambios al día, el último al acostarse.
Según el Dr. Fernández Ruiz, para decidir qué tipo de paciente nefrológico debe recibir este tratamiento influyen "las evidencias de investigación clínica que existen sobre cuál de ellas es más eficaz y permanente en el tiempo, las circunstancias clínicas de cada paciente en particular, y las preferencias del paciente, una vez conocidas las ventajas e inconvenientes de cada una de las técnicas".
"Por todo ello –continúa-, y en relación con nuestra capacidad decisoria, podemos utilizar esta técnica en cualquier paciente, sobre todo en niños y ancianos, a menos que exista alguna contraindicación, tema éste que deberíamos comentar enseguida".
La diálisis peritoneal tiene sus indicaciones claras frente a la hemodiálisis:
Un paciente con enfermedad cardiovascular como la arteriopatía coronaria, con tendencia a la angina de pecho y/o el infarto agudo de miocardio, o con insuficiencia cardiaca no es un enfermo adecuado para la hemodiálisis.
Se considera esta técnica como la adecuada para aquellos pacientes portadores de virus de transmisión sanguínea, como el de las hepatitis B y C y el de la inmunodeficiencia humana (VIH).
Si el paciente no presenta venas adecuadas para crear un adecuado acceso vascular para la práctica de la hemodiálisis, sería un buen candidato para diálisis peritoneal.
La mayor ventaja que ofrece la diálisis peritoneal es la independencia del paciente respecto del servicio de Nefrología que le atiende, a diferencia de la hemodiálisis en la que este paciente debe acudir en días alternos a dicho centro mientras dure su tratamiento. "Ello le otorga además una mayor autonomía para realizar cualquier tipo de actividad continuada, desde atender a las labores de la casa, o desarrollar una ocupación diaria, como trabajar, dar clase o llevar adelante unos estudios del tipo que sean. Asimismo el paciente en diálisis peritoneal tiene una mayor facilidad para viajar, puesto que al tratarse de una técnica de autocuidado se la realiza él mismo, y además puede fácilmente trasladar el material que necesita", explica el Dr. Fernández Ruiz.
Con la diálisis peritoneal, que es una técnica continua, es decir, no deja de dializarse en ningún momento, la dieta suele ser más liberal que en los pacientes en hemodiálisis, sobre todo en lo que a líquido se refiere. De hecho, esta técnica se parece más al funcionamiento normal de los riñones, que trabajan continuamente.
Finalmente, la ventaja de esta técnica se hace más patente en los niños que necesitan ser dializados mientras esperan un trasplante. La diálisis peritoneal tiene la gran ventaja de realizarse en casa, en el ambiente familiar, y además la posibilidad de realizarla todas las noches mientras el niño duerme, le ofrece la posibilidad de mantenerse todos los días libre de tratamiento y puede dedicar su tiempo para asistir a la escuela, jugar con sus amigos, etc.
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