Una visita al imponente edificio del Museo del Prado sumerge al visitante en una de las colecciones más amplias y diversas, que incluye obras que datan del siglo XII, como las pinturas murales que decoraban la Capilla de la Santa Cruz, en la segoviana localidad de Maderuelo, y que fueron trasladadas a lienzo en 1947. En uno de sus salones principales se exhibe la obra de El Bosco El jardín de las delicias o "La pintura del Madroño", un
tríptico del siglo XV que evoca la creación del hombre y su castigo, luego del pecado original. El Autorretrato de Durero, las obras de El Greco, La Inmaculada Concepción del Escorial, de Murillo y El descendimiento de la cruz de Van der Weyden son sólo algunas de las obras que se destacan sobre los muros del Prado.
El encuentro con Las Meninas de Diego Velásquez y con sus otros retratos de príncipes del siglo XVII genera una emoción que a ningún espectador dejará indiferente.